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¿Qué queda de la polemica del burkini?

DOSIERES | 13 de septiembre de 2016

Una mujer ataviada con un "burkini" participa en una protesta bajo el lema "Lleva lo que quieras" en el exterior de la embajada francesa en Londres, Reino Unido, el 25 de agosto de 2016, en contra de la prohibición de vestir "burkini" en algunas playas del país galo. (Fotografia: EFE/Hannah Mckay)

Ha sido mucho más que una polémica de verano. La aparición del Burkini, un traje de baño de cuerpo entero que usan algunas mujeres musulmanas, en las playas de la Riviera francesa ha exacerbado los ánimos de los políticos locales, que han optado por la prohibición, y ha puesto a la defensiva a las organizaciones civiles. ¿Es el burkini simplemente un traje de baño, como dicen unos?. O es un vestido que viola los derechos de la mujer?. Francia es el país europeo donde la polémica es mucho más visible. Otros Estados miembros y las instituciones europeas han preferido mantenerse al margen de esta polémica. Las fotos de la policía francesa obligando a las mujeres a quitarse el burkini ha provocado  discusiones muy intensas en las redes sociales.

Pasado el verano, las noticias sobre el burkini han dejado de estar en el foco de atención del público y casi han desaparecido del espacio informativo. Pero hay algunas preguntas importantes que aún no tienen respuesta. ¿Que supone la polémica del burkini para la diversidad cultural europea? ¿Cuáles son sus posibles consecuencias para la convivencia de los distintos grupos culturales dentro del espacio europeo?

La historia de una polémica

En Francia, la prohibición del burkini entró en vigor este verano y poco tiempo después la discusión superó el tema de la política de seguridad de un país.

El debate se originó en la Riviera francesa, sacudida hacía poco tiempo por la tragedia del atentado de Niza. En el contexto de la crisis de los refugiados y de los últimos atentados en Europa, el “escándalo del burkini” se transformó en una polémica que afecta a diferentes aspectos de la vida social y política europea.

A mediados de agosto treinta municipios franceses prohibieron el burkini, por motivo de orden público y seguridad. Según explicó el alcalde de Cannes, David Lisnard, la prohibición fue necesaria para proteger a las mujeres, ya que burkini puede atraer a gente curiosa y provocar con ello una alteración del orden público. Lisnar también añadió que el burkini “es una ropa de los islamistas radicales, no de los musulmanes en general”.

Otro argumento de las autoridades de Francia fue el principio de laicismo que históricamente caracteriza a este país, dominante en los países europeas. El primer ministro francés, Manuel Valls, declaró que “tanto las playas como otros lugares públicos deberían ser espacios libres de la religión”.

Algunos políticos están convencidos de que el burkini es un traje que merma la libertad de las mujeres y violenta a sus derechos. La ministra francesa de Derechos de las mujeres, Laurence Rossignol, en una entrevista al diario francés Le Parisien comentó: “El burkini no es una nueva línea de los trajes de baño, es una versión de burka para la playa y tiene la misma lógica: ocultar el cuerpo de las mujeres con el fin de controlarlas mejor”. Según Rossignol “es una visión profundamente arcaica del lugar de la mujer en la sociedad y, por tanto, la relación entre hombres y mujeres”.

Entre los partidarios de prohibir el burkini estaba también el expresidente de Francia Nicolas Sarkozy, que ha prometido prohibir este traje de baño en todo el país si al final es candidato y resulta elegido en las presidenciales del próximo año.

Pero no todos estaban de acuerdo con estos argumentos. Las organizaciones civiles estaban en contra de estas normas. El Colectivo contra la islamofobia en Francia expresó su preocupación por la prohibición del burkini y calificó de “chocante” el argumento utilizado por el alcalde de Cannes. Esta organización civil consideró la prohibición del burkini como una campaña contra los musulmanes y recordó que “una treintena de las víctimas del ataque en Niza fueron musulmanes” y que el terrorismo elige a sus víctimas de manera indiscriminada.

Varios activistas y expertos interpretaron la prohibición del burkini como una práctica discriminatoria contra las mujeres musulmanas de este país. Otra organización, la “Liga de los derechos humanos”, acusó a David Lisnard por alentar la discriminación contra las mujeres “que no han cometido ningún delito, solo practican su religión.”

La creadora de este traje de baño, una diseñadora australiana llamada Aheda Zanetti, comparó al gobierno de Francia con un gobierno “Talibán”, ya que según sus palabras el burkini da libertad a las mujeres y los políticos se la quitan.

El Tribunal Supremo ha tenido la última palabra en esta discusión, al decidir suspender la prohibición del burkini. En un comunicado, el Tribunal afirmó que las medidas “han violado las libertades fundamentales de circulación,  la libertad de creencias y la libertad individual.”

La reacción en otros países europeos

Mientras los activistas civiles y los expertos europeos estaban discutiendo el equilibrio entre la seguridad y los derechos civiles, las instituciones europeas prefieren no inmiscuirse en este asunto. La Comisión Europea eludió comentar la prohibición del burkini y su portavoz justificó este silencio con el argumento de que el Ejecutivo comunitario no es competente para “legislar este asunto”.

"Déjenme recordarles que la CE no tiene competencia para legislar sobre este asunto", declaró en la rueda de prensa diaria del Ejecutivo comunitario su portavoz Alexander Winterstein. La CE “no entra en debates nacionales”.

A su juicio, los Estados miembros son los que deben decidir  "cómo las personas viven juntas en sus países" y serán tribunales nacionales y el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos quienes se encarguen de supervisar estas medidas.

En cuanto a los Estados miembros, ellos no no se apresuran a entrar en polémicas y expresaron su opinión con mucho cuidado. El Gobierno de Alemania aseguró que hasta el momento no baraja la opción de prohibir en su territorio el uso del "burkini", a pesar de la publicación de encuestas que hablan de que un 80% de los alemanes rechaza tal prenda en lugares públicos.

En un encuentro con medios de comunicación, el portavoz del Ministerio de Interior, Johannes Dimroth, indicó que no le consta que su departamento esté estudiando en modo alguno esa posibilidad.

El posible impacto de la polémica del burkini

Una de las preguntas que surgió tras el debate entre los partidarios y oponentes a la prohibición del burkini fue el impacto que supondría esta polémica para la convivencia de diferentes grupos religiosos y un posible aumento de la islamofobia en el territorio de la UE. Karim Hauser, un analista de geopolítica de la Casa Árabe en Madrid, afirma que “las medidas parecidas a lo que han tomado las autoridades francesas homogenizan las sociedades en las que vivimos, que son multiétnicas y pluriconfesionales (...). Con ellas se envía una clara señal de intolerancia”.

Bernabé López García,  profesor de la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en los estudios Árabes e Islámicos y Estudios Orientales, dijo a EuroEFE que el problema del burkini “es una falsa polémica agigantada por los medios de comunicación y hace un daño importante a la convivencia entre grupos humanos dentro de nuestras sociedades”.  

Entre las posibles consecuencias están “la radicalización de posturas entre grupos humanos:  los musulmanes ven en la obsesión antimusulmana que esconde la medida de prohibición una incitación a la islamofobia y los no musulmanes se sienten confundidos cuando se mezclan por medio las cuestiones de falsa seguridad y de identificación de islam y terrorismo”.

Aunque los expertos están preocupados por las tendencias que podrían surgir tras la polémica, los datos permiten mantener el optimismo sobre la convivencia entre diferentes confesiones en Europa. Según un informe de Pew Research Center,  la mayoría de la población en los países en los que vive el porcentaje más alto de los musulmanes (Alemania (5,7%) y Francia (7,5)) tiene una imagen favorable de los musulmanes. En cuanto a España, la mitad de los españoles tienen una imagen positiva. Sin embargo, en algunos países, como por ejemplo, en Hungría, Italia y Grecia, domina la actitud negativa.

Para algunos europeos, las actitudes negativas hacia los musulmanes están atadas a la creencia de que los musulmanes no desean participar en la sociedad. En todos los países encuestados, la opinión dominante es que los musulmanes quieren ser distintos del resto de la sociedad en lugar de adoptar las costumbres y forma de vida del país en el que viven.

El“cheij” Mounir, el imam de la mezquita de Leganés (Madrid), cree que la solución de los problemas existentes y mal interpretación del islam está en la educación de la gente: “Las soluciones necesitan mucho tiempo y mucho esfuerzo. Lo primero es la educación que se les da a los niños desde pequeños.(....) Se debe enseñar bien a través de un buen conocimiento del Islam. No tenemos ningún problema con el gobierno, ya que este respeta el Islam, vivimos bajo la libertad y disfrutamos de los mismos derechos que el resto de ciudadanos en cuanto a educación, jubilación, sanidad etc.”

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