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Hungría: un referéndum que enrarece las relaciones con la UE

DOSIERES | 01 de octubre de 2016

Un coche de policía patrulla por la valla fronteriza sur de Hungría. (Foto: EFE/Edvard Molnar)

El 2 de octubre de 2016 los húngaros deciden en referéndum si aprueban un sistema obligatorio de distribución de refugiados por cuotas en la UE. El referéndum que organiza el primer ministro, Victor Orban, es una medida que califican de "preventiva" ante una política que, a su juicio, va contra el derecho de los estados miembros a decidir en este ámbito. Un referéndum que va más alla de la protesta contra el sistema propuesto por la Comisión Europea para redistribuir por cuotas obligatorias entre los Estados miembros a 160.000 refugiados llegados a Italia y Grecia. Esta distribución, que ya ha sido adoptada en Consejo de Ministros de la UE, ha sido recurrida por el Gobierno húngaro ante el Tribunal de Justicia de la UE.Es un dossier de Olha Kosova.

El gobierno húngaro rechaza la intervención de la Comisión Europea en este ámbito. Diplomáticos de este país han advertido de que quieren mantener su derecho a preservar la configuración étnica del país, además de enarbolar argumentos de defensa de las fronteras y mantenimiento de la seguridad europea. No se debe establecer  un mecanismo de distribución permanente -argumentan- porque la llegada de refugiados puede convertirse también en un "asunto permanente" y no ser de carácter puntual. Se sabe cuando comenzó pero... ¿cuándo terminará?, se preguntan.

El 24 de febrero de 2016 Orban anunció un referéndum sobre el sistema de cuotas, que ya había calificado de “absurdo" y que rozaba  "la locura”.  El primer ministro explicó su renuencia a hacerlo por el mantenimiento de los ideales democráticos en su país, ya que tomar esa decisión sin consultar a los ciudadanos sería “un abuso de poder.”  

El Gobierno de Orbán, que se opone rotundamente al sistema de reubicación de refugiados entre los países comunitarios, construyó hace un año una valla en su frontera sur, la que linda con Serbia y Croacia, para impedir la entrada a los miles de refugiados que llegaban a diario al país y que trataban de llegar a Austria, Alemania o Suecia.

Su política migratoria, su decisión de convocar un referéndum en un asunto humanitario fueron criticadas por  el ministro de Asuntos Exteriores luxemburgués, Jean Asselborn, quien propuso incluso excluir a Hungría de la Unión Europea para preservar los valores comunitarios. Según Asselborn, "la valla que construye Hungría para mantener a distancia a los refugiados es cada vez más larga, más alta y más peligrosa" y afirmó que a ese país le faltaba poco para ordenar "disparar contra los refugiados". Las palabras de Asselborn tampoco fueron seguidas por otros ministros de la UE, que prefirieron guardar silencio aún entendiendo que la convocatoria del referéndum no era una buena idea. En un comunicado publicado en Budapest, el ministro húngaro de Exteriores, Péter Szijjártó, calificó a Asselborn de "frustrado, aleccionador y presuntuoso" y sostuvo que "trabaja sin cansancio por erradicar la seguridad de Europa".

La llegada de los refugiados, el referéndum... nuevas controversias entre Hungría y el resto de la UE. Ya se dieron otros episodios de disputa y dudas sobre las relaciones entre Hungría y la UE. ¿Es sólo el flujo de refugiados?, ¿El problema está en la falta de la democracia en un país?,  ¿Es el resultado de la “crisis existencial” de la Unión? ¿Estamos en el inicio de un proceso para un "exit" hungaro?  Diplomáticos de este país no comparten esta preocupación: afirman que Hungría es un país que pertenece a la UE por "deseo propio", que su europeísmo está fuera de duda y que lo único que intentan es encontrar el encaje. A su juicio, la CE tiene en el ámbito migratorio competencias que solo deben corresponder a los Estados miembros. Desavenencias normales -dicen- en el ámbito comunitario.

La UE y "la democracia iliberal" en Hungria

El problema inmigratorio se ha convertido en una manzana de la discordia entre los países miembros y ha puesto a Hungría en el centro del escandalo diplomatico. Aunque “el muro” en las relaciones entre la UE y Hungría ha subido de altura con la migración y con la incapacidad europea para resolver el problema de los flujos migratorios incontrolados, los doce años de su pertenencia en la UE tampoco han sido un camino de rosas y han reflejado la tensión acumulada durante los los últimos años.

Hungría ha tenido que recorrer un largo camino de reformas económicas y políticas hasta su integración en la UE, que finalmente se produjo en 2004. La adhesión fue ratificada en referéndum por una amplia mayoría de ciudadanos el 12 de abril de 2003. Los esfuerzos resultaron un éxito, y Hungría entró en la Unión Europea en 2004. La mayoría de los 45,6 % de los votantes eligió el camino europeo.

Pero el partido de Viktor Orban “Fidesz” ganó las elecciones parlamentarias de 2010 con un 53 % de los votos, lo que le sirvió para obtener una mayoría absoluta de diputados. Este resultado permitió al Fidesz reformar la Ley fundamental del país. Pero la nueva constitución de Hungría, que ha ampliado significamente el poder del partido gobernante, fue duramente criticada por las instituciones europeas e internacionales.

Según estas instituciones, la Constitución de 2011 ha violado el sistema de separación de poderes en algunos ámbitos, como, por ejemplo, el relativo a la independencia del poder judicial y la supervisión electoral. No solo las instituciones europeas estaban preocupadas por nueva legislación: a principios de 2012 miles de húngaros salieron a las calles para expresar su desacuerdo con la decisión del parlamento.  

La constitución no fue la única piedra en la que tropezaron la UE y Hungría. Las reformas adoptadas desde que Orban tomó su cargo como primer ministro han incrementado las amenazas al ejercicio del periodismo. El líder húngaro expresó su admiración por el modelo de gobernanza de China y en 2014 declaró la ambición de convertir a Hungría en un “estado illiberal”.

En 2015 Orban manifestó, con motivo del asesinato de una joven empleada en un estanco, que la “pena de muerte” debería estar en el orden del día en su país. La Unión Europea no tardó en advertirle y recordarle que “la prohibición de la pena de muerte es claramente uno de los pilares de los estándares europeos sobre derechos fundamentales.”

Medidas antimigratorias 

Desde que el año pasado comenzó el flujo de refugiados, el Gobierno de Orbán ha destacado que no quería ni refugiados ni inmigrantes en Hungría. Justificaciones económicas por un lado (éxitos en la lucha contra el paro) y sociales (mantener el equilibrio étnico y las características culturales del país) para parar el flujo de inmigrantes. En un primer momento selló las fronteras del sur, con Serbia y Croacia, elevando vallas alambradas, siempre bajo el argumento de que defendía la frontera de Schengen y con ello la libre circulación de personas, además de dar seguridad a todo el continente. En ocasiones, diplomáticos húngaros han dicho que entre los refugiados entraron en Europa elementos terroristas.

En septiembre del año pasado entraron en vigor varias leyes que determinan que el cruce ilegal de las lindes puede ser penado con hasta cinco años de cárcel. En julio pasado, el Gobierno húngaro introdujo una nueva legislación que permite arrestar a los refugiados en una franja de ocho kilómetros desde la frontera y devolverlos al otro lado de las vallas, sin explicación alguna. Una vez dejados en las llamadas "zonas de tránsito" estas personas pueden presentar sus solicitudes de asilo, aunque solo entre 15 y 30 personas pueden pasar a Hungría cada día. Varias organizaciones humanitarias han denunciado el trato inhumano a los refugiados en esas zonas, consideradas como "tierra de nadie", entre Serbia y Hungría. Por ejemplo, la ONG Human Rights Watch (HRW) denunció que las autoridades húngaras maltratan de forma "cruel" y "violenta" a refugiados, a los que fuerzan a volver detrás de las vallas fronterizas o al país desde el que llegan, generalmente Serbia.

Al mismo tiempo, las autoridades húngaras se niegan a aceptar refugiados de otros países, principalmente de Austria, que quieren devolver inmigrantes que pidieron primero asilo en Hungría.

Orbán argumenta que todos los refugiados que entraron en Hungría pasaron primero por algún otro país de la zona de Schengen de libre circulación, principalmente Grecia, por lo que estos refugiados deberían ser devueltos a otros países. Según afirmó recientamente la embajadora de Hungría en Madrid, Enikö Györi, como frontera exterior de la UE, Hungría tiene la obligación de controlar las llegadas de las personas al territorio comunitario y garantizar la seguridad interna.

Junto con otros tres países de la región (Eslovaquia, Polonia y la República Checa) Hungría rechaza con vehemencia el sistema de reubicación de refugiados según cuotas entre los países comunitarios. El Gobierno húngaro, que se opone al sistema de reubicación, elaborado por Bruselas, asegura que con el rechazo de los húngaros, el ejecutivo contaría con un fuerte mandato en su "lucha" frente a la Comisión Europea (CE).

Todo lo que hay detrás del referéndum  

En mayo de 2016 la Comisión Europea propuso distribuir los migrantes que llegan a la UE entre los Estados miembros sobre la base de cuotas predefinidas de manera obligatoria. El Gobierno de Hungría no está de acuerdo con esta propuesta y además considera que “el sistema de reubicación no funciona”, como demuestra el hecho de que de los 160.000 inmigrantes que hay que reubicar, hasta el momento solo se haya reinstalado a 5.000. Y también argumentan que un elevado tanto por ciento de los solicitantes a los que se les deniega la solicitud de asilo permanecen en el país sin que las autoridades nacionales puedan hacer nada para ejecutar la decisión.

Según los representantes oficiales de Hungría, al implementar su nueva política de refugiados Bruselas intenta sustraer competencias a los Estados miembros, lo que no corresponde al espíritu de la cooperación. Con el referéndum, el Gobierno de Hungría quiere tener “una voz más fuerte en la UE” y “más legitimidad”. Pero este referéndum migratorio "no es una preparación para la salida de la UE", sino que se trata de "una cuestión de competencias".

¿Es el referéndum un “acto democrático” de Hungría, un intento de fortalecer la influencia de Hungría en las decisiones del Ejecutivo comunitario?.  Según el comisario europeo de Inmigración, Dimitris Avramopoulos, los países miembros de la UE deben cumplir las decisiones ya tomadas por la UE, como el reparto de 160.000 refugiados de Grecia y Italia hacia otros países. Por eso, el referéndum del domingo solo podría aplicarse a decisiones futuras. El presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, destacó recientemente que una consulta nacional nunca puede ser vinculante para las instituciones comunitarias ni puede afectar a las obligaciones de un país miembro bajo el derecho comunitario.

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