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Un día después del funeral de Castro...las relaciones UE-Cuba se mueven

DOSIERES | 30 de noviembre de 2016

Miles de personas asisten, el 29 de noviembre de 2016, al acto celebrado para despedir al fallecido líder cubano Fidel Castro, en la Plaza de la Revolución de La Habana (Cuba). Al acto también asisten mandatarios y personalidades de varios países. (Fotografía: EFE/ALEJANDRO ERNESTO)

Un día después del funeral de Castro, el deshielo entre la UE y Cuba comienza a concretarse. Los estados miembros de la UE van a iniciar una nueva era de relaciones con Cuba y a desterrar la posición común impuesta unilateralmente a la isla desde 1996, que supeditaba cualquier avance al progreso de los derechos humanos en el país caribeño. Los embajadores de la Unión han dado luz verde a la firma y aplicación provisional del acuerdo de cooperación y diálogo político con Cuba, el primero bilateral entre el bloque comunitario y La Habana, según confirmaron a Efe fuentes comunitarias. En paralelo, apoyaron derogar la posición común aprobada en la mencionada fecha a instancias del Gobierno conservador español encabezado entonces por José María Aznar. Este paso permite pensar que el acuerdo podrá firmarse, como había avanzado recientemente la oficina de la UE en La Habana y sin retrasos a causa del luto por el líder cubano Fidel Castro, el próximo 12 de diciembre, fecha en la que hay previsto en Bruselas un consejo de ministros de Exteriores comunitarios.

El funeral de Estado por Fidel Castro, en una Plaza de la Revolución de La Habana totalmente abarrotada, fue un símbolo de las relaciones internacionales del régimen cubano. Lealtad incondicional de los mandatarios de países “amigos” - Venezuela, Ecuador, Bolivia...- y ausencias de altos mandatarios, entre ellas las de los países europeos, en general "fríos" con la figura del expresidente cubano fallecido. Entre los países de la UE, solo asistió un primero ministro, el griego Alexis Tsipras, líder del parltido de izquierdas Siryza. Francia envío a la ministra de Ecología, Desarrollo Sostenible y Energía, Ségolène Royal. Algunos países comunitarios no enviaron ningún representante y encargaron la misión a los embajadores (es el caso, por ejemplo, de Polonia). 

Los políticos y diplomáticos de la República Checa y de los países Bálticos, pese a expresar sus condolencias a la familia de Castro, prefirieron mantenerse al margen. El resto de los países del Este de Europa, antaño en la órbita soviética y que en tiempo tuvieron relaciones privilegiadas con el gobierno cubano, decidieron también no enviar a representantes de altura, más allá de embajadores o figuras de menor nivel.  El rey emérito de España, Juan Carlos I, asistió, pero no intervino en el homenaje.  Alemania envió al excanciller Gerhard Schroeder.  

Por eso destacó la intervención de Tsipras en la ceremonia.  La Cuba revolucionaria de Fidel -dijo- mostró al mundo “que el camino al socialismo no está cubierto de rosas” y permitió a otros países aprender “de sus logros y de sus reveses”.

En las reacciones a la muerte de Castro, la UE se ha movido en el alambre, como demostró el mensaje del presidente de la Comisión Europea (CE), Jean-Claude Juncker, al afirmar que con el fallecimiento de Castro "el mundo pierde a un héroe para muchos" y que "su legado será juzgado por la historia". O el del presidente del Parlamento Europeo, el socialdemócrata alemán Martin Schulz,  quien indicó a través de la red social Twitter que Fidel Castro "marcó Cuba, Latinoamérica y la política global". "Se cierra un capítulo de historia. La Unión Europea está con el pueblo cubano mirando al futuro", señaló.

La alta representante de la Unión Europea (UE) para la Política Exterior, Federica Mogherini, indicó en un comunicado que "Fidel Castro era un hombre decidido y también una figura histórica" que "falleció en un momento de grandes desafíos e incertidumbres así como de grandes cambios en su país".

Mucho más crítica se mostró la eurocomisaria de Comercio, Cecilia Malmström, quien, en un mensaje en Twitter, calificó a Castro de "dictador" y se mostró sorprendida por los "homenajes" que se le dedican. 

El caso es que, poco a poco, las relaciones entre la UE y Cuba empezaban a despegar en estos últimos años. Y un día después del funeral de Castro, los embajadores de la UE han aprobado terminar con la posición común. Es muy probable que el día 12 de diciembre sea el día clave en el que los ministros aprueben el cambio en sus relaciones con Cuba.

Los países de UE apuestan por una nueva relación con Cuba y por superar la posición común

¿Cómo se han caracterizado en los últimos años?

La Posición Común 

La Unión Europea y Cuba establecieron formalmente sus relaciones diplomáticas en 1988, en un contexto político internacional complejo. La desintegración del bloque comunista en el este de Europa provocó numerosos cambios en el ámbito de las relaciones internacionales. Cuba, sumida en el “Periodo Especial” que significó su apertura a la comunidad internacional por la crisis que había azotado al país tras el derrumbamiento de la URSS, impulsó la firma de un acuerdo de cooperación económica con la UE, que todavía se llamaba Comunidad Europea. Las relaciones existentes hasta esa fecha eran muy limitadas e individuales. Cada país europeo había adoptado una postura propia ante la situación del país comunista.

El 24 de febrero de 1996, dos aviones del escuadrón Hermanos al Rescate, formado por aviadores y voluntarios exiliados cubanos, contrarios al régimen castrista, fueron derribados por las Fuerzas aéreas cubanas al volar sobre el territorio nacional. El acontecimiento provocó la promulgación de la ley estadounidense Helms-Burton en 1996 que agravó las tensiones existentes entre Estados Unidos y Cuba. Con ella, el entonces presidente Bill Clinton pretendía endurecer el embargo contra el país y tensó, indirectamente, sus relaciones con el Viejo Continente. La ley, promulgada el 12 de marzo, resultó ser una amenaza. Estipulaba que las empresas no estadounidenses que mantuvieran relaciones comerciales con Cuba podrían verse sometidas a represalias legales. La UE, pese a no someterse a la presión estadounidense, propuso una serie de estrictas condiciones para la firma de un acuerdo ulterior con Cuba.

Uno de los principales objetivos de la Unión Europea era facilitar la transición democrática de Cuba y así conseguir integrar el país en el sistema globalizado. Principalmente impulsado por el entonces presidente del Gobierno español, José María Aznar, la Posición Común de la Unión Europea sobre Cuba fue promulgada el 12 de diciembre de 1996. El primer artículo recoge su principal fin:  “El objetivo de la Unión Europea en sus relaciones con Cuba es favorecer un proceso de transición hacia una democracia pluralista y el respeto de los derechos humanos y libertades fundamentales, así como una recuperación y mejora sostenibles del nivel de vida del pueblo cubano. Es muy probable que la transición sea pacífica si el régimen actual inicia por sí mismo o hace posible dicho proceso. La política de la Unión Europea no contempla provocar el cambio mediante la aplicación de medidas coercitivas que tengan por efecto incrementar las dificultades económicas del pueblo cubano.” El documento no fue bien visto por el régimen cubano, que lo calificó como un obstáculo insuperable al avance de las relaciones bilaterales y fue cuestionado por algunos estados miembros de la UE como Polonia y República Checa.

Evolución de las relaciones entre la UE y Cuba

Las condiciones de la Posición, acordadas por el conjunto de los países miembros, fueron revisadas regularmente sin perder su esencia. La UE y Cuba se vieron inmersas desde entonces en una relación distante y fría, condicionada en gran medida por la postura de EE.UU. La violación de los derechos humanos (repetidas expropiaciones, encarcelamientos y pobreza extrema) fue la obsesión principal de la UE con respecto a la isla.

Las relaciones entre la UE y Cuba se pueden caracterizar como bastante complicadas, ya que no siempre demostraron las partes gran interés en su afianzamiento. El gobierno cubano consideró la posición común como “interferencia intolerable” en los asuntos internos de este país. La Habana acusó a los Estados miembros de utilizar la posición común para presionar y discriminar a Cuba.

El mayor obstáculo de la UE para reforzar sus relaciones fue el establecimiento de un régimen político en este país y el estado de los derechos humanos. Una de las pocas herramientas útiles para fomentar el diálogo y la apertura política fueron los lazos económicos entre la Habana y Bruselas. Aunque Cuba ofreció retornos económicos relativamente pequeños, la UE siempre fue un socio importante para Cuba. Actualmente, el bloque comunitario es el principal exportador y el segundo socio comercial de Cuba, después de Venezuela.

En los últimos años, hubo varios intentos de mejorar las relaciones, pero no tuvieron éxito. En el periodo entre 2003-2005, Cuba y la UE experimentaron uno de los momentos de mayor tensión y animosidad. La causa que congeló la cooperación que existía fue la Primavera Negra de Cuba de 2003.  Durante este periodo el gobierno cubano se alejó más de los principios democráticos y encarceló a 75 disidentes, entre ellos, los periodistas y activistas cívicos por su “colaboración con los Estados Unidos.”  Organizaciones internacionales como Human Rights Watch y Reporteros sin fronteras condenaron las acciones del gobierno de Castro. Al responder a la violación de los derechos humanos, la UE redujo su participación en los eventos diplomáticos organizados por Cuba, invitó los disidentes a las recepciones oficiales e impuso sanciones temporales al régimen de Castro.

En 2005, el diálogo empieza a renovarse con asistencia de Madrid. El gobierno liberó a 14 prisioneros, y la UE suspendió las sanciones y reparó gradualmente los lazos económicos. Entre 2005 y 2008, Cuba liberó a otros seis activistas políticos, algo que la UE consideró como un paso importante y suficiente para eliminar las sanciones. El traspado del poder de Fidel a su hermano Raúl alentó el optimismo de cara a una futura relajación de la tensión.

Desde 2008, se mantuvieron regularmente diálogos políticos de alto nivel, conducidos inicialmente por las presidencias rotatorias de la UE.  Al final, la Posición Común adoptada hace dos décadas está a punto de desaparecer. El camino hacia la normalización de las relaciones se inició el pasado mes de marzo. El 21 de septiembre de 2016, la Comisión Europea sometió una propuesta al Consejo sobre la firma del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación (PDCA) con Cuba.

Al mismo tiempo, la Alta Representante Federica Mogherini transmitió una propuesta al Consejo para derogar formalmente la Posición Común de la UE de 1996 sobre Cuba. La firma del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre Cuba y la Unión Europea (UE) pondrá fin a la Posición Común el próximo 12 de diciembre.  El PCDA abrirá un nuevo capítulo en las relaciones bilaterales entre la UE y Cuba.

Entre sus objetivos se encuentra la promoción de intercambios de opinión e información, el incremento del entendimiento mutuo e intercambio de las posiciones en foros internacionales con el fin de encontrar enfoques comunes.

España como intermediaria entre la UE y Cuba

Del conjunto de los países de la UE, España fue sin duda el que más influyó en la política común con respecto a Cuba. Fue el presidente del Gobierno José María Aznar quien impulsó el acuerdo sobre la Posición Común a finales de los años 90.

En 2005 y 2008, la delegación española, dirigida por el presidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero, luchó por la suspensión de las sanciones diplomáticas contra Cuba y por su apertura a la comunidad internacional. España insistió, en los últimos años, en la necesidad de no presionar a la isla y de favorecer el diálogo.

Los esfuerzos realizados por España se explican principalmente por el fracaso de la Posición Común y su ansia por recuperar una posición de liderazgo europeo en relación con el gobierno cubano. Los lazos históricos, culturales pero también económicos que unen a los dos países facilitan inevitablemente su relación en la actualidad. En 2015, el intercambio comercial entre ambos alcanzó los 1.000 millones de euros anuales, España solo fue superada por China y Venezuela en este ámbito en dicho año.

Tras la firma del acuerdo que pondrá fin a la Posición Común, España tendrá que actuar como puente entre la UE y Cuba sin perder su papel con EE.UU., que, tras la victoria del republicano Donald Trump en las elecciones, podría ver afectadas su política exterior y sus relaciones internacionales.

Por Olha Kosova y Sophie Fernández

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