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Trump reta a Europa

DOSIERES | 03 de febrero de 2017

El presidente estadounidense, Donald Trump, durante su encuentro con líderes económicos en la Casa Blanca, Washington, Estados Unidos, el 30 de enero de 2017. (Fotografía: EPA/JIM LO SCALZO)

“El cambio en Washington coloca a la Unión Europea en una situación difícil, con una nueva administración que parece cuestionar los últimos setenta años de política exterior americana”. La advertencia del pasado 27 de enero del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, a los jefes de estado de la UE no deja lugar a dudas: la relación entre la Unión Europea y Estados Unidos nunca volverá a ser la misma. El nuevo presidente estadounidense, Donald Trump, está redistribuyendo las cartas de un mundo globalizado, cuyo principal protagonista era hasta ahora EE.UU. Trump va a ir al cuartel general de la OTAN en mayo, pero todavía no ha aclarado si visitará las instituciones europeas, pese a tener sobre la mesa una invitación conjunta del presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, y del Consejo, Donald Tusk. EuroEFE analiza las consecuencias de la administración de Trump para el conjunto del continente europeo, uno de los principales afectados por la nueva política exterior estadounidense.

¿El Reino Unido, principal beneficiario?

La salida del Reino Unido de la UE ha replanteado, no solo su posición a nivel europeo, sino a nivel mundial. La primer ministra británica, la conservadora Theresa May, es consciente de la necesidad de afianzar las relaciones del Reino Unido con el resto de los países, y principalmente con su aliado histórico, Estados Unidos. En este sentido, May fue la primera jefa de estado en visitar al presidente tras su victoria. Su encuentro permitió delimitar claramente dos objetivos: acordar las bases de un acuerdo comercial y reforzar sus lazos políticos.

Trump, quien apoyó desde los inicios de su campaña electoral el “brexit”, cree firmemente en la disolución de la Unión Europea. Según él, la llegada masiva de refugiados y el supuesto sentimiento de injusticia de la población europea que quiere volver a una economía más local podrían poner un punto final a la UE. Los dirigentes europeos, ante este ataque directo, adoptaron una postura clara. Tanto  el líder del Partido Popular Europeo (PPE), Manfred Weber, como su homólogo de los socialdemócratas, Gianni Pittella, reclamaron a May que no siga "la senda de egoísmo" de Trump de forma que el "brexit" se convierta en "un caballo de Troya para destruir la Unión Europea".

Pese a su voluntad de cooperar, May no respalda el conjunto de las decisiones de Trump. La orden emitida por el presidente, que recoge la suspensión durante 120 días el programa de acogida de refugiados de EE.UU. y la detención durante 90 días de la emisión de visados para ciudadanos de siete países de mayoría musulmana: Libia, Sudán, Somalia, Siria, Irak, Irán y Yemen, ha sido calificada por May de "divisoria e incorrecta”. Numerosos países y representantes europeos manifestaron, igualmente, su oposición al veto de Trump.

Divisiones internas

La inminente celebración de la cumbre europea en Malta, la primera sin el Reino Unido, pretende ser el símbolo de la unidad de la UE tras la elección de Trump. Y es que el presidente estadounidense y su administración no parecen solo esperar que se disloque por sí solo el bloque, sino que pretenden contribuir indirectamente a ello.

Sus repetidos comentarios anti europeístas se suman a ataques directos contra países de la UE a nivel individual con el fin de crear divisiones internas. Ejemplo de ello fue la declaración del asesor comercial de Trump, Peter Navarro, quien afirmó en una entrevista para el Financial Times que Alemania se aprovecha comercialmente de la infravaloración del euro, porque le reporta un importante superávit comercial. El representante estadounidense recalcó que el euro actual corresponde en realidad a un “marco alemán implícito”, ataque al que la canciller ha contestado asegurando que ningún país podía influir a nivel individual sobre el valor del euro.

Numerosos estados comunitarios esperan que las próximas reuniones y cumbres europeas como la conmemoración el próximo mes de marzo del 60 aniversario del Tratado de Roma permitan reforzar los lazos entre los países del bloque así como defender los valores comunes como la democracia o la igualdad de género. En este sentido, el presidente francés, Francois Hollande, destacó en el marco de la cumbre de los países del sur celebrada en Lisboa el pasado 28 de enero que la UE tiene que reaccionar ante todos los ataques: "Cuando Trump habla del modelo del brexit para otros países, creo que debemos responderle. Cuando se refiere al clima para decir que no está todavía convencido de la utilidad de este acuerdo, cuando añade medidas proteccionistas que podrían desestabilizar las economías no sólo europeas sino de las principales economías del mundo, cuando rechaza la llegada de refugiados debemos responderle".

Barreras económicas

Cumpliendo con su programa electoral, Trump pretende dar prioridad a Estados Unidos esencialmente en el terreno económico. Las negociaciones para la formalización del acuerdo de la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP), que tiene como fin ampliar el mercado de bienes y servicios entre la UE y EE.UU. así como promover la competitividad gracias a la reducción de las barreras comerciales, está a punto de desaparecer. Las negociaciones para la firma del acuerdo comenzaron en julio de 2013. Tanto la Comisión Europea (CE) como la Administración de Obama apelaron a la "voluntad política" de Trump y de los países comunitarios para finalizar su negociación, en vano.

Es más, el presidente pretende reforzar las barreras y los impuestos a los bienes europeos importados con el fin de beneficiarse internamente. Uno de los principales sectores afectados es el automóvil. Trump amenazó específicamente la empresa alemana BMW. La firma planea construir de aquí a 2019 una nueva fábrica en México en la que pretende invertir 1.000 millones de dólares y donde creará 1.500 nuevos empleos. Trump, siguiendo una lógica de proteccionismo económico, se propone imponer aranceles a las empresas que producen en México y venden en EE.UU., decisión que podría gravemente perjudicar la empresa y el conjunto de la industria. En una entrevista concedida al diario alemán "Bild" y el británico "Times", el presidente estadounidense recalcó que Alemania “es un gran país fabricante automovilístico”, pero que el comercio de coches entre EEUU y Alemania es “una calle de dirección única”.

Francia y Alemania: las elecciones decisivas

Dos de los países con mayor influencia en la Unión Europea se enfrentan a un futuro incierto con la convocatoria de sus elecciones generales en abril y septiembre. Francia y Alemania, profundamente tocadas por los atentados terroristas perpetrados en 2016, sufren adversidades tanto a nivel interno como externo.

El balance de los cinco años de Francois Hollande es negativo para la mayoría de franceses y “contrastado” para el propio presidente. Por primera vez en la historia de la quinta república francesa, el presidente saliente no se vuelve a presentar para un nuevo mandato. Las polémicas vinculadas al artículo 49.3 y a la ley laboral sumadas a las discordancias del propio partido sobre temas sociales como el burkini contribuyeron a desprestigiar por completo el Gobierno socialista. La popularidad de Hollande fue decayendo al mismo ritmo que la de sus propuestas. Ante esta situación y la elección de Trump, la líder del Frente Nacional, la ultraconservadora Marine Le Pen, vio su oportunidad y cree firmemente en sus posibilidades para ser la nueva presidenta de Francia.

En Alemania, la política de Angela Merkel ha dividido a los ciudadanos. La crisis de refugiados sin precedentes que experimentó Europa ha tocado especialmente el país con llegadas masivas. En 2015, más de un millón de refugiados fueron acogidos en Alemania. Pese a reducirse el flujo en 2016, la confusión ligada a los ataques terroristas perpetrados en julio en Baviera fomentó el rechazo ciudadano. La elección de Trump fue un incentivo más para la franja descontenta de la población que considera que la elección de un candidato extremista es posible.

La elección de Trump permitió a los países de extrema derecha tener una nueva credibilidad de tal manera que tanto Le Pen como Petry, además de tener un discurso abiertamente más radical desde las elecciones estadounidenses, creen seriamente en sus posibilidades de gobernar sus países respectivos.

Ucrania enfrenta un futuro incierto

Ucrania, respaldada por el Gobierno de Obama, podría ver su futuro muy afectado por la llegada de Donald Trump. Desde que este llegó al poder, la tensión entre el gobierno de Kiev y los separatistas prorrusos se ha recrudecido. Según confirmó el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, el país tendrá que actuar de forma independiente, sin contar con el apoyo de Estados Unidos. “Confío en que con Trump -si cumple con su propósito de hacer una política exterior pragmática, sin intervenir en los asuntos de otros Estados- los mandatarios ucranianos deberán actuar con mayor independencia, sin contar con sus amos transoceánicos, como era habitual con Barack Obama", dijo Lavrov al intervenir ante el Parlamento ruso.

La violación del alto el fuego suscrito desde el pasado mes de diciembre en Ucrania reavivó las tensiones en el país. Los enfrentamientos entre las tropas de Kiev y los rebeldes prorrusos, los primeros desde la elección de Trump, volvieron a surgir el 29 de enero, un día después de que Trump hablara por teléfono con su homólogo ruso, Vladímir Putin. Ante la situación de crisis humanitaria registrada en la zona de Donetsk, las autoridades populares pidieron a los dos dirigentes que presionen a Ucrania con el fin de que deje de bombardear la zona. Putin, en una comparecencia el 2 de febrero, acusó a las autoridades ucranianas de agravar “premeditadamente la situación” para conseguir ser escuchados por Trump. El futuro del país parece, por lo tanto, más que nunca incierto teniendo en cuenta que Putin se propone crear una estrecha alianza política con Trump.

La incertidumbre con Ucrania aumentó tras la primera aparición de la nueva embajadora de EEUU ante Naciones Unidas, Nikki Haley, quien calificó la situación en Ucrania Oriental de crítica y solicitó una "condena clara y contundente" de las acciones rusas. Haley dio a entender que el Ejecutivo de Donald Trump continuará con la línea marcada por Obama en el conflicto ucraniano. Aseguró que las sanciones impuestas a Moscú en relación con Crimea se mantendrán hasta que devuelva el control de la península a Ucrania. También aseguró que las sanciones impuestas a Moscú en relación con Crimea se mantendrán hasta que devuelva el control de la península a Ucrania. 

Rusia y Europa del Este

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha planificado nuevas maniobras militares en Polonia, zona en la que se ha intensificado la actividad de la Alianza dese la anexión rusa de la península de Crimea. Las unidades militares se distribuirán por el noreste de Polonia, Bulgaria, Rumanía y las tres repúblicas bálticas Estonia, Letonia y Lituaniua.

Antes de la llegada a la presidencia de Donald Trump, la OTAN firmó "Acuerdos sobre Estatus de Tropas" con los antiguos estados soviéticos Estonia, Letonia y Lutiania. Estos acuerdos definen el estatus legal de las tropas de la Alianza en estos estados miembros de la OTAN. El ministro de Defensa lituano, Raimundas Karoblis, calificó la firma del acuerdo bilateral como un "día histórico" en la cooperación entre EEUU y Lituania en materia de defensa. 

Sin embargo, Rusia considera este despliegue militar como una amenaza para sus intereses y seguridad, lo que genera cierta incertidumbre en el panorama internacional. La relación que Estados Unidos pueda tener con Rusia condicionará la relación global con la Unión Europea.

A principios de febrebro, el presidente ruso Vladímir Putin fue invitado a una reunión en Budapest por su homólogo húngaro, Viktor Orbán. A pesar de que Hungría se sumó a las sanciones de la UE impuestas a Moscú por la cuestión ucraniana, la relación entre ambos jefes de gobierno es excelente. El mayor aliado de Putin en la UE se pronunció a favor del levantamiento de las sanciones, y aseguró que ambas potencias llevarán a cabo proyectos conjuntos en los ámbitos de energía, educación, industria pesada, farmacéutica o agricultura. 

La diplomacia telefónica, según Trump

Desde su elección, el presidente estadounidense ha mantenido conversaciones telefónicas con los principales dirigentes europeos aplicando una diplomacia "relativa". 

En una conversación sostenida el pasado 28 de enero con la canciller alemana, Angela Merkel, Trump abordó los temas más conflictos a nivel internacional: la situación en Oriente Medio, las relaciones con Rusia y la gestión del conflicto ucraniano así como su compromiso con la lucha contra el terrorismo y la OTAN, evitando, sin embargo, el tema de los refugiados, fuente de conflicto entre ambos dirigentes. Trump y Merkel estuvieron de acuerdo en "la importancia fundamental de la alianza de la OTAN para una relación transatlántica más amplia y su papel en garantizar la paz y la estabilidad en nuestra comunidad del Atlántico Norte" y coincidieron en la lucha contra el terrorismo.

Trump mantuvo el mismo día una conversación con su homólogo francés, Francois Hollande, quien se mostró más ofensivo. Sobre el tema económico, Hollande advirtió a Trump de que el proteccionismo es "una respuesta sin salida". El acuerdo sobre el programa nuclear de Irán pactado en 2015 con el Grupo 5+1 es uno de los proyectos que se propone revisar el presidente estadounidense. Hollande recalcó que tenía que "respetarse estrictamente y aplicarse plenamente" pese a permanecer alerta ante la actitud de Teherán con respecto a sus vecinos.

El mandatario conversó a su vez con Vladímir Putin quien lo felicitó por su victoria como símbolo de la normalización de las relaciones entre ambos países, parcialmente socavadas durante la era Obama. Los dos líderes, que coinciden en determinados aspectos relacionados con la política internacional, abordaron esencialmente el tema del terrorismo, los conflictos como el árabe-israelí y el ucraniano, las crisis nucleares iraní y coreana así como el tema de la no proliferación nuclear y la estabilidad estratégica. La anexión de Crimea no fue oficialmente tratado durante la conversación pese a ser un tema especialmente sensibles entre ambos países. EE.UU y la UE impusieron sanciones económicas en 2014 a Moscú, la anexión y el respaldo a los separatistas prorrusos del este de Ucrania.

En cuanto a España, el 7 de febrero el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el mandatario estadounidense, Donald Trump, mantuvieron una conversación telefónica. Ambos reafirmaron su fuerte alianza bilateral en una serie de intereses mutuos, entre ellos el de eliminar al Estado Islámico (EI), además de mantener una cooperación estrecha en materia de seguridad, economía y lucha contra el terrorismo. Asimismo, Trump expresó su compromiso de EEUU con la OTAN, pero enfatizó la importancia de compartir la carga del gasto en defensa. Por su parte, Rajoy trasladó a Trump que España está en las mejores condiciones para ser un interlocutor de su país en Europa y América Latina, así como en el Norte de África y Medio Oriente. También el jefe del Gobierno español mostró su disposición a desarrollar una buena relación con la nueva administración estadounidense, mientras que Trump se interesó de forma especial por la situación de la economía española.

El rechazo europeo a Ted Malloch

Con el objetivo de reforzar la unidad del bloque y de defender valores comunes, los grupos políticos de la Eurocámara se opusieron a la elección del conservador antieuropeista Ted Malloch como nuevo embajador de EE.UU. ante la UE.

En este sentido, el líder de PPE, Weber, señaló que la UE "no puede acreditar a alguien como Malloch, que dice que el euro está en su recta final, que el “brexit” es solo el principio del fin. Es imposible colaborar con alguien así" mientras que su homólogo socialdemócrata, Gianni Pittella, fue incluso más allá al pedir a los gobiernos comunitarios que no inviten al presidente estadounidense a Europa mientras mantenga su postura de hostilidad hacia la UE.

 

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Por Irene de Pablo y Sophie Fernández

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