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Corrupción y nacionalismos: Obstáculos de Bosnia en su ansiado camino a la UE

IDEAS | 24 de noviembre de 2016

El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk (d), da la bienvenida al presidente de Bosnia-Herzegovina, Bakir Izetbegovic, antes de su reunión en Bruselas, Bélgica, el 8 de noviembre de 2016. (Foto: EFE/Stephanie Lecocq)

Bosnia y Herzegovina tienen claro que su futuro está en la Unión Europea (UE), aunque el camino sea largo y difícil por la corrupción, el nacionalismo y el peso del pasado.

"Nos merecemos estar en la Unión Europea", asegura rotundo el primer ministro de Bosnia y Herzegovina, Denis Zvizdic, a un grupo de medios europeos, entre ellos Efe.

"En términos de geografía y de nuestra filosofía y nuestra forma de pensar, siempre hemos sido parte de Europa", afirma Zvizdic, quien advierte de que el proceso de integración de Bosnia, y del resto de la región, en la UE y la OTAN debe acelerarse para evitar que los Balcanes vayan en la "dirección equivocada".

Lo cierto es que el 70 por ciento de los bosnios apoya la entrada del país en la UE, muy por encima de las estadísticas de valoración entre los ciudadanos de países ya miembros.

"Si decidimos tomar una dirección diferente, los Estados de los Balcanes seguirán siendo un dolor de barriga para la región", dice.

Zvizdic identifica esa "dirección diferente" con Rusia y con la influencia que, asegura, intenta ejercer en la región.

Con todo, confía en que ni la UE ni la OTAN permitan que las cosas tomen "un curso equivocado".

Zvizdic asegura que se está ganando la batalla contra la omnipresente corrupción, se está reduciendo la enorme e inoperante administración pública y mejorando la economía.

En todos esos campos, reconoce, queda mucho por hacer.

"El mayor problema de este país es la corrupción. Todo es una farsa". Este análisis, muy lejano del optimismo moderado del primer ministro, es de Dario Jovanovic, director de Pod Lupom, una ONG dedicada a velar por la limpieza de las elecciones.

Amenazas de despidos si no se vota por un partido, chanchullos entre formaciones para repartirse zonas electorales o nombramientos de directivos a dedo son algunas de las prácticas que, asegura, son moneda de cambio en el país.

La corrupción está en Bosnia íntimamente ligada a la complicada estructura del Estado que surgió del Acuerdo de Dayton, con el que en 1995 se puso fin a los tres años de guerra que dejaron al país en la ruina y dividido por criterios étnicos.

Bosnia y Herzegovina está formado por dos entidades autónomas, la llamada República Srpska, de mayoría serbia, y la Federación de musulmanes y croatas, dividida a su vez en 10 cantones.

Esa compleja estructura tiene tres Parlamentos, unos mil diputados y 167 ministros para un país con menos de 4 millones de habitantes, un salario medio de 450 dólares y un paro oficial del 47 por ciento, que se queda en 25,4 si se considera el empleo oculto.

La mitad de quienes trabajan lo hacen en alguna de las muchas administraciones, a las que muchos entran gracias a contactos personales y no por méritos propios.

Pese a los enormes problemas sociales y económicos, que hace dos años provocaron una oleada de protestas, los políticos siguen abusando de la carta de la enemistad étnica.

"No hablan de carreteras o suministro de electricidad o de limpiar las calles. Y eso es lamentable. Se han hecho cosas, pero si miras a la retórica política, el resultado es que los partidos nacionalistas consolidan su control del poder", lamenta Khaldoun Sinno, director adjunto de la delegación de la UE en Sarajevo.

Un nacionalismo que, asegura, parece empeorar entre los jóvenes, que no vivieron la guerra civil pero tampoco la Yugoslavia en la que croatas, serbios y bosnios convivían sin problemas.

Pese a todos los problemas del país, Sinno no duda de que hay una vía europea sólida y que el proceso de integración avanza.

En febrero, Bosnia solicitó el estatuto de candidato a entrar en la UE y ahora la Comisión Europea tendrá que ir analizando los avances en economía, anticorrupción, en el imperio de la ley y de coordinación entre los entes autónomos y el Gobierno central.

Aunque las autoridades del país confían en ser candidatos a principios de 2018, a más tardar, Sinno asegura que hay que ser cautos y no se atreve a poner fecha a ese paso.

Pese al mayoritario sentimiento europeísta en la población (87 por ciento en el ente musulmán-croata y 55 en el serbio), Sinno reconoce que aún hay escepticismo entre los bosnios, que tienen que ver con la pasividad de Europa en la guerra.

"Hay un elemento emocional, la gente mira a la década de 1990 y piensa: Nos abandonasteis entonces, ¿nos vais a abandonar de nuevo?", resume Sinno.

La UE es, sin embargo, el primer socio comercial e inversor en Bosnia. Desde 2007 y hasta 2017, habrá invertido unos 855 millones de euros aquí.

Las inversiones comunitarias son mucho mayores que las de Rusia, que en el imaginario de los serbios aparece aún como el gran protector, o de los países árabes, principalmente inmobiliarias.

Por Antonio Sánchez Solís

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