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¿Será 2017 el lanzamiento del año social de Europa?

IDEAS | 24 de enero de 2017

Foto de Enrique Calvet facilitada por el propio eurodiputado. 

El Pilar Social Europeo, apoyado recientemente por amplía mayoría por la Eurocámara, debe recordar que los esfuerzos y las políticas son para las personas y que el proyecto, o tiene dimensión social, o no será. Una Europa como mero Tratado Internacional de Comercio no sirve, escribe en una tribuna exclusiva para EuroEfe el eurodiputado Enrique Calvet, del Grupo de la Alianza de los Demócratas y Liberales por Europa (ALDE).

(Las opiniones vertidas en esta tribuna reflejan exclusivamente la posición de su autor y no pueden ser atribuidas a EuroEFE.euractiv.es ni a ninguno de los asociados de la red europea de EurActiv ni a EFE).

El jueves pasado, el Parlamento Europeo votó por amplia mayoría con apoyo sustancial, pero vigilante, de todos los grandes grupos un informe de iniciativa sobre un Pilar Social Europeo. ¿Qué significa esto? Pues que la mayoría de la sociedad civil europea, de la ciudadanía, a través de sus máximos representantes y de manera bastante horizontal le dice a la Comisión y al Consejo de Ministros Europeos tres cosas: que los ciudadanos europeos han de gozar de unos derechos sociales irrenunciables, a diferencia de otras sociedades (por ejemplo asistencia sanitaria de calidad y universal); que no hay que quedarse en los principios, sino ponerse a hacer realidad el disfrute de esos derechos, y que, las políticas económicas deben ponerse aún más, al servicio del ciudadano para financiar las políticas necesarias.

Este documento llega, además, en el momento adecuado, que es cuándo la Comisión está culminando un proceso de consulta generalizado a todas las organizaciones de la sociedad civil para, posteriormente, pasar a propuestas concretas y que el Consejo pase a la acción. Y todo ello habrá de hacerse bajo la vigilancia, y con el apremio y colaboración del Parlamento. Un esfuerzo apasionante para este modesto Parlamentario miembro de la Comisión de empleo  y Asuntos Sociales y, del intergrupo de lucha contra la gran pobreza.

Si ahondamos en la oportunidad y la política podemos detectar cuatro motivos esenciales que hacen necesario dar un salto en la política social europea. 

En primer lugar es tiempo de remarcar y actualizar el catálogo de derechos sociales que deben impregnar la ciudadanía europea, en un mundo aceleradamente cambiante en su tecnología, sus relaciones humanas, sus valores políticos (el medio ambiente, por ejemplo) y demás aspectos. En particular, eso es cierto en cuanto a derechos laborales, una sub-parte importante de los derechos sociales, que se enfrentan a una creciente diversidad de modalidades y relaciones de trabajo. 

En segundo lugar, porque la plena movilidad de los ciudadanos y trabajadores debe ser un potencial irrenunciable y colaborar a un espacio económico más competitivo en tiempos de continentalización, pero también más humano, creando un mínimo tejido social compartido por todos. Se podrá y deberá competir por salarios, pero no por la salud, derechos de pensión, derechos a ayuda por desempleo, derecho a solidaridad para evitar la exclusión, etc. Es decir competencia, pero dentro de un modelo social básico compartido. 

En tercer lugar, porque la creación en marcha de un espacio de moneda única, con restricciones nacionales de políticas macro económica, debe acompañarse de unas políticas sociales compensatorias solidarias en el periodo de transición para los más perjudicados a corto. Igual que el secreto de Jacques Delors fue crear un mercado único, pero con políticas de cohesión territoriales compensatorios por los shocks negativos, ahora la creación del espacio monetario único debe contemplar el mantenimiento de mínimos sociales. 

Y, sobre todo y por encima de todo, en cuarto lugar, en estos momentos de confusión y desesperanza en el seno de la Unión Europea, dónde malignas fuerzas centrífugas quieren volver a convertir  Europa en un débil conglomerado de nacioncillas a lo centro americano, pudiendo ser una sociedad próspera y libre de dimensiones continentales, hay que recordar y atraer a los ciudadanos al Proyecto Europeo poniendo al individuo en el centro de las políticas. 

 El objetivo de todo el Proyecto sólo puede tener una dimensión ética: una vida mejor, más próspera, más segura y más libre para nuestros descendientes. Y si hay crisis, una mayor solidaridad, resiliencia y reparto de sacrificios. Por eso, el pilar social debe recordar que los esfuerzos y las políticas son para las personas y que el proyecto, o tiene dimensión social, o no será. Una Europa como mero Tratado Internacional de Comercio no sirve.

Empieza un camino indispensable y apasionante, donde la puesta en práctica será complicada, habrá que encontrar bases comunes entre realidades y culturas distintas que habrá que respetar, habrá que encontrar mucha financiación, habrá que ceder soberanía, habrá que ponerse de acuerdo sobre métodos que respeten los Tratados, etc.

 Pero el objetivo es irrenunciable, la dimensión social de Europa como marco dónde se explaye la ciudadanía europea. Las velas se han hinchado y la singladura ha empezado. Si zozobramos, entre todos habremos sacrificado el futuro de nuestros conciudadanos.

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