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James Bond contra el Doctor Brexit

IDEAS | 14 de marzo de 2017

El actor británico Daniel Craig durante el posado para los medios gráficos en la presentación, en Madrid el 19 de octubre de 2012, de "Skyfall", la cinta de James Bond que llegó a las pantallas 50 años después del primer filme del agente 007. (Foto: Archivo EFE/Emilio Naranjo)

"No man is an island. No country by itself". Con este lema de los que defienden la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, impreso en un shirt, se fotografió Daniel Craig, actor que en la actualidad encarna a 007, el agente secreto mundialmente conocido, para poner de manifiesto su apoyo al "remain", recuerda en este artículo, escrito en febrero, José Isaías Rodríguez, consejero de Llorente & Cuenca España y destacado profesional conocedor de Europa y de las relaciones de las empresas españolas con la administración europea.

(Las opiniones vertidas en esta sección de Ideas reflejan exclusivamente la posición de los autores y no pueden ser atribuidas a euroefe.euractiv.es ni a ninguno de los asociados de la red europea de EurActiv ni a EFE).

Introducción

Mi nombre es Bond, James Bond”. ¿Quién, habiendo tenido la oportunidad de escuchar y contemplar su identificación, en las más inverosímiles situaciones, no se ha preguntado por su forma de hacerlo? Bond, a veces con una calculada frialdad, otras con dosis de fina ironía y las más de ellas con sonrisa y mirada seductoras, acompañadas de un excepcional sentido de la elegancia “british style”, no deja nunca indiferentes a sus interlocutores. Sin lugar a dudas, James Bond ha contribuido a popularizar, a nivel mundial, al servicio secreto británico, más conocido como MI6.

Siempre dispuesto a asumir arriesgadas misiones en las cuatro esquinas del planeta. Siempre en forma para luchar contra las fuerzas del mal encarnadas por increíbles, sofisticados y, especialmente, siniestros villanos. Siempre impecable tras peleas capaces de destrozar a los más aguerridos luchadores. Siempre observador meticuloso de la compleja realidad que le rodea y, por supuesto, de gustos refinados, entre los que destacan su condición de experto “connaisseur” del champán Dom Pérignon, de los vinos de Burdeos Rothschild o del caviar ruso Royal Beluga.

Bond, la paz y la seguridad 

Las historias de 007 tienen un hilo conductor: el combate frente a aquellos que, originando un caos, atentan contra la paz y la seguridad. Dos elementos fundamentales en los equilibrios de los que disponen las sociedades para organizar sus modelos de convivencia.

La magnitud de los desafíos a los que se enfrenta Bond conlleva la utilización de una metodología muy acorde con el perfil del personaje, creado por Ian Fleming, en la que desde luego los medios empleados tienen una relación muy directa con el fin perseguido. Se trata de salvar, a toda costa, a aquellos que corren peligro si fructificasen los objetivos de los que, particularmente, quieren dañarlos, generando, incluso, desequilibrios geopolíticos.

La primera obra de Fleming en la que da vida al superespía británico fue Casino Royale, publicada en 1953. A la que seguirían: Vive y deja morir; Moonraker; Diamantes para la eternidad y Desde Rusia con amor.

No fue sino hasta 1962 que se traslada al cine una novela de Fleming y no la primera que escribió, sino la sexta. El título con el que se proyectó fue Agente 007 contra el Dr. No. El éxito de recaudación superó con creces al exiguo presupuesto con el que se produjo y en el que los estudios Pinewood, a 30 millas de Londres, tuvieron parte Foto publicada por el galardonado artista Wolfgang Tillmans en sus redes sociales. “La certidumbre se ha convertido en la incertidumbre. Lo que creíamos que nunca podría ocurrir, sin embargo ocurre, desconcertando a la mayoría que pensaba lo contrario ” importante en su realización.

Con esta película -que por cierto el Presidente John F. Kennedy, admirador de Bond, proyectó en la Casa Blanca, reconociendo en una entrevista en Life Magazine que Desde Rusia con amor era uno de sus diez libros favoritos- se iniciaba una saga del muy famoso agente secreto, que llega hasta nuestros días con la última película, Spectre, que se estrenó en Londres, en octubre de 2015.

“Good evening, Mr. Bond”

Mucho ha cambiado el mundo desde entonces. Cambios que también han afectado a Bond, aunque se mantenga lo esencial de su perfil de agente secreto británico al servicio de Su Majestad la Reina. Quizás el mejor exponente de ello fuesen las imágenes rodadas con ocasión de la inauguración de los Juegos Olímpicos celebrados en Londres en 2012, en las cuales el propio Bond recoge a la Reina en el Palacio de Buckingham, con puntualidad británica a las 20h.30m, recibiendo de la Reina, que está trabajando en su escritorio, un Good evening, Mr. Bond y la escolta dentro de un helicóptero, que sobrevuela lugares singulares de Londres, recibiendo incluso el saludo de la emblemática estatua de Winston Churchill, hasta la ceremonia de inicio de los Juegos, con una llegada sorprendente, tras un salto en paracaídas encima del propio Estadio Olímpico de Londres.

De principio a fin las secuencias ponen de manifiesto el profundo sentido del deber, unido a esa peculiar e inconfundible forma que tienen los británicos para interpretar con humor situaciones con proyección internacional y que, incluso, incumben a sus más altos dignatarios. La Reina, sin duda, se convierte en esta ocasión en el personaje femenino más relevante que haya sido partenaire de Bond en su reconocida trayectoria relacional.

Han transcurrido ocho meses desde que, el 23 de junio de 2016, se celebrase el referéndum en el Reino Unido sobre su pertenencia a la Unión Europea, con un resultado favorable, aunque por una mínima diferencia al abandono de la misma (833.400 votos más a favor de salir, sobre un total de 33.988.084 y un 72,2 % de participación). Desde entonces hasta ahora mucho se ha escrito y debatido sobre este salto, ya no desde un helicóptero para inaugurar unos Juegos Olímpicos, sino para saltar al vacío, a lo desconocido, primero para el propio Reino Unido y, segundo, pero no menos importante, para el futuro de la Unión Europea.

La “Divisional Court of the Queen’s Bench Division” (Corte Superior británica) dictaminó, el 3 de noviembre de 2016, sobre la necesidad de consultar al Parlamento para que el gobierno pudiese activar el proceso de salida de acuerdo con lo establecido en el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea.

Atendiendo a esta decisión, la Cámara de los Comunes celebró, el pasado 8 de febrero una votación al respecto, 494 votos lo hicieron a favor del inicio del proceso de desconexión y 122 en contra. No está previsto que la muy próxima votación en la Cámara de los Lores vaya en sentido contrario.

Una espiral de incertidumbre

Durante los días que duró el debate parlamentario se produjeron encendidos discursos, tanto a favor, como en contra de abandonar la Unión Europea, no exentos de revueltas en los partidos Conservador y Laborista, así como situaciones, cuando menos “sui generis”, como la protagonizada por los parlamentarios del Partido Nacionalista de Escocia entonando la Oda a la Alegría de la Sinfonía nº9 de Beethoven (himno de Europa) y siendo llamados al “orden” por el Vicepresidente de la Cámara con un grito más propio de rudeza y tosquedad en el comportamiento, que el de un digno representante de tan alta responsabilidad.

La espiral expansiva de incertidumbre introducida por el resultado de un disparatado referéndum, dada la trascendencia de la cuestión planteada (hay temas que por su complejidad requieren un gran nivel de conocimiento y, por consiguiente, no deben simplificarse a un sí o un no en una consulta popular), tanto para el Reino Unido, como para la Unión Europea, se ve agravada por acontecimientos que, actualmente, envuelven al mundo en el que vivimos, produciendo, a veces, sensaciones que se aproximan hacia el desconcierto de lo imprevisto.

Algunas de las consecuencias

Ocurren cosas que, a la luz de la lógica y del sentido común, tienen una difícil explicación. Sin embargo, están ahí. Dos claros exponentes de ello son la inquietante situación provocada, precisamente, por el inesperado Brexit en el seno de la Unión Europea y su confluencia en el tiempo con la elección de alguien como Donald Trump al frente del mayor y más importante aliado de la misma. Alguien que no cree precisamente en la integración de Europa. Ya, al día siguiente del referéndum, en territorio escocés, apoyó la salida del Reino Unido con la frase Basically, they took back their country. That’s a great thing. This will not be the last. Posteriormente, días antes de su toma de posesión, en la primera entrevista concedida a un medio británico, concretamente The Times, se reafirmó en esas declaraciones.

Con estos antecedentes, ¿quién puede descartar que la nueva Presidencia de los EEUU origine turbulencias sobre la línea de flotación de una debilitada Unión Europea y que, al mismo tiempo, sufre una crisis de liderazgo en un momento crítico de su existencia?

La certidumbre se ha convertido en la incertidumbre. Lo que creíamos que nunca podría ocurrir, sin embargo ocurre, desconcertando a la mayoría que pensaba lo contrario.

Hasta ahora Europa había vivido en un proceso de construcción, de integración, de creación de la Unión Europea. Un proceso indispensable para la convivencia pacífica de sus habitantes que, a lo largo de la historia, se habían destruido a sí mismos en cruentos y devastadores enfrentamientos.

Después del referéndum en el Reino Unido se inicia un serio movimiento en dirección contraria. Es decir, de una posible deconstrucción de Europa. Muy distinto a “La Idea de Europa” como reflexionase el filósofo Steiner en su reducida, en páginas, pero intensa en pensamiento, obra con dicho título.

La desconexión ha comenzado

La Unión Europea ya no es irreversible. El Brexit ha introducido un virus en el sistema integrador que afecta muy seriamente al objetivo de una unión cada vez más estrecha. El poder de la desunión, simbolizado por el Brexit, unido a elementos como el terrorismo, la ciberseguridad, los grandes movimientos de emigrantes, la falta de crecimiento económico, el neoproteccionismo trumpiano y la inestabilidad que genera en las fronteras de la Unión Europea la visión de la gran Rusia de Putin, sitúan a Europa en una encrucijada de difícil solución, en la que un viento fuerte de nacionalismo puede hacer que partidos populistas, en próximas elecciones en dos grandes países fundadores de la Unión Europea, acaben destruyendo lo que tanto ha costado alcanzar.

El proceso de desconexión que, en principio, se activará en marzo próximo, puede dar lugar a situaciones de gran complejidad y en las que, finalmente, puede ocurrir lo imprevisible en los tiempos tumultuosos que se avecinan, incluso que el Reino Unido descubriese que no hay un paraíso fuera de la Unión Europea.

En la última película de Bond, Spectre, hay una escena en la que la actriz protagonista, Léa Seydoux, rodeada de nieve y fuego cruzado le dice: aléjate de mí. ¿Por qué debería confiar en ti? Este, con calculada frialdad y mira- da penetrante responde: soy el único que puede salvarte, porque ahora mismo soy tu mejor baza para seguir con vida. Los que piensan como James Bond, que no son pocos, tendrán que emplearse a fondo, defendiendo no man is an island. No country by itself, para que el Reino Unido no se convierta, en terminología feliz del eurodiputado británico Richard Corbett, en broken Britain, en vez de global Britain; para que el Parlamento continúe siendo la institución que controle la negociación del Brexit; para que las producciones cinematográficas británicas puedan seguir contando con los apoyos de los programas cultura- les europeos; para que la Unión Europea deje de contemplarse como la causa de todos los males y se reconstruya la confianza entre los dos lados del canal.

El aislacionismo nunca ayudará a resolver problemas comunes. En la defensa de los valores y principios sobre los que se asienta la Unión Europea debe encontrarse la solución en el tiempo al laberinto del Brexit.

 jirodriguez@llorenteycuenca.com

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