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¿Se agota el “pacto de caballeros” entre la UE y Turquía?

IDEAS | 18 de abril de 2017

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, habla en un mítin para celebrar la victoria del "sí" en el referéndum del pasado domingo 16 de abril, en una instantánea tomada ante el Palacio Presidencial de Ankara el 17 de abril de 2017. (Foto: EPA/TUMAY BERKIN)

La UE y Turquía deberían centrar sus esfuerzos en trabajar codo con codo, ya que ambos han demostrado que son capaces de hacerlo si ponen ganas y voluntad. El Acuerdo Aduanero y la liberalización de visados son un buen punto de partida para avanzar, asegura el analista Ahmet Ceran en una tribuna que publica EURACTIV, socio de EFE (*).

Ahmet Ceran es investigador principal en la Fundación de Desarrollo Económico (IKV), una institución experta en las relaciones Turquía-Unión Europea (UE).

(Las opiniones vertidas en esta tribuna reflejan exclusivamente la posición de su autor y no pueden ser atribuidas a EuroEFE.euractiv.es ni a ninguno de los asociados de la red europea de EurActiv ni a EFE).

Desde que el Diccionario Oxford de la lengua inglesa anunciara la “post verdad” como palabra del año, los sistemas políticos internacionales se han topado de manera recurrente con casos de “post verdad”.

La reciente crisis diplomática entre Turquía y Países Bajos fue una caótica muestra de este fenómeno.

En una primera instancia, la crisis fue recogida por la prensa internacional a través de las imágenes de los choques entre policías holandeses a caballo y manifestantes turcos en Rotterdam, y después mediante las fotos  tragicómicas de manifestantes turcos ante las misiones diplomáticas holandesas en Turquía exprimiendo naranjas que pretendían representar a Holanda (por la casa real de Orange-Nassau y ese color distintivo).

No hubo una representación “tragicómica”: fue algo grave

Pero la crisis no fue un ejemplo de “post verdad” ni una representación tragicómica: lo que pasó fue, en realidad, negativo y grave.

La crisis diplomática surgió a principios de marzo pasado, a consecuencia de la postura de rechazo de las autoridades competentes de algunos países europeos: Alemania, Austria y Países Bajos en relación con políticos turcos, prohibiendo sus campañas del (pasado) referéndum dentro de sus fronteras.

En medio del proceso, la tensión fue creciendo a medida que se cruzaban comunicados incendiarios y, consecuentemente, el pasado 11 de marzo las autoridades holandesas retiraron el permiso de aterrizar al avión en el que viajaba el ministro turco de Asuntos Exteriores,  Mevlüt Çavuşoğlu, quien, en medio de la campaña del referéndum tenía previsto reunirse con grupos de turcos residentes en Rotterdam.

Justo después de la cancelación del permiso de vuelo, se impidió a la ministra turca de Familia y Políticas Sociales, Fatma Betül Sayan Kaya, que interviniera en un mítin de campaña y entrara en el consulado turco de Rotterdam, después de haber viajado desde Alemania a esa ciudad holandesa en coche.

Un devastador “diálogo de sordos” entre la UE y Ankara

La deportación de un ministro turco desde Países Bajos constituye una práctica sin precedentes, que contradice las costumbres arraigadas desde hace mucho tiempo, fuertemente consolidadas, entre Turquía y los países de la UE.  

Además de eso, respecto a las formas y métodos empleados, las desproporcionadas intervenciones de las fuerzas policiales holandesas contra los manifestantes turcos y el bloqueo de la representación diplomática de Turquía en Rotterdam también crisparon los ánimos.

Ese incidente podría ser, sin dudas, considerado el resumen gráfico del actual estado de la tensa situación en las relaciones Turquía-UE. La falta de comunicación entre ambas partes ha desembocado en un devastador “diálogo de sordos” entre todas las partes interesadas.    

Los discursos amenazadores justo antes y después de la crisis diplomática  Turquía-Países Bajos, al margen de las sensibilidades nacionales en ambas partes, se han traducido en una metamorfosis de las relaciones, hasta alcanzar una retórica de sanciones destructivas.      

Este discurso negativo se ha expandido a otros países e instituciones de la UE, ha calado entre quienes ostentan la capacidad de decidir en Turquía y entre la opinión pública de ambas partes, enturbiando las relaciones.

Suavizar el discurso y rebajar las tensiones

Pero hay una solución a todo ello, factible y justa: suavizar el discurso, impulsar la comprensión recíproca de las distintas sensibilidades sociales, focalizarse en los logros técnicos  y, una vez más, establecer un pacto entre caballeros.  

En el contexto actual, ¿Que es un pacto de caballeros? En su papel de actor regional clave y de potencia económica, las relaciones de Turquía con los países de la UE tienen una relevancia que trasciende el marco negociador estándar de cara a una posible futura adhesión.   

El diálogo entre caballeros y el deseo de cooperación han sido siempre la fuerza motora que subyacía en esta vecindad de larga data, y en la asociación que conforma la actual integración de las partes.

Los principios básicos de la doctrina del derecho internacional, junto con los tratados, decisiones de los tribunales, estatutos y reglamentos que abarcan los usos y costumbres generales, y las actitudes políticas de las autoridades competentes, son elementos esenciales.  

Hay que afianzar la confianza recíproca

Entre Estados soberanos, es preciso establecer prácticas y costumbres  internacionales/transnacionales o supranacionales vinculantes y fiables, pero sólo mediante la cooperación y la confianza recíproca entre las partes.  

La actual retórica que se basa en las amenazas de sanciones y suspensiones excluyentes ha dañado el pacto entre caballeros, y ha creado un nudo gordiano sin precedentes.   

En medio de este aire enrarecido, es imperativo reparar la maquinaria diplomática, dar prioridad a la sensibilidad social y centrarse en los logros mutuos a nivel técnico, y hacer que ese diálogo técnico sea parte esencial de las directrices políticas cotidianas.      

El comisario de la UE para Ayuda Humanitaria y Gestión de Crisis,  Christos Stylianides, lo resumió muy bien, en menos de 140 caracteres, en un tweet que envío en su última visita a Turquía el 27 de marzo pasado para tratar asuntos de protección civil, migración y gestión de la cooperación: “…un mensaje  positivo alto y claro del óptimo trabajo que podemos hacer cuando nos unimos”, dijo.  

Recientemente se han producido dos complejas negociaciones técnicas que habrían podido tener efectos positivos destacados sobre el diálogo bilateral: la modernización de la Unión Aduanera UE-Turquía y el diálogo para la liberalización de visados UE-Turquía.   

Esfuerzos de Ankara por adaptar su legislación a la UE

En los últimos cinco años, Turquía ha llevado a cabo una gran cantidad de reformas, para cumplir con los 72 criterios indicados en la “hoja de ruta” para la liberalización de visados Turquía-UE, y para adaptar la gestión de temas migratorios y la legislación en materia de política de Interior al acervo de la UE.   

Se podría considerar la finalización de ese proceso técnico a corto o medio plazo como el mayor logro técnico y caso de éxito de esta década en las relaciones Turquía-UE.  

Teniendo en cuenta que la UE ha concluido la liberalización de visados con Georgia y con Ucrania, y ha reformado el mecanismo de suspensión, el éxito del diálogo Turquía-UE será más oportuno que nunca para salvar el pacto de caballeros, que se encuentra en estos momentos en una encrucijada vital.

(*) Esta tribuna de opinión fue escrita por su autor antes del referéndum celebrado en Turquía el domingo 16 de abril de 2017

Fernando Heller (versión española)

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