24 de junio de 2018
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Las lecciones del ébola

 Mohamed Awad (i), director del Hospital Ignace Deen de Conakry, enseña el centro a una delegación de eurodiputados encabezada por Norbert Neuser (d). En el texto, pasillos del hospital con ropa colgada y foto de grupo tras la entrevista de la misión europea con el director de la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria, Sakoba Keita (c). (FOTOS: Mohamed Siali/EFE)

Mohamed Awad (i), director del Hospital Ignace Deen de Conakry, enseña el centro a una delegación de eurodiputados encabezada por Norbert Neuser (d). En el texto, pasillos del hospital con ropa colgada y foto de grupo tras la entrevista de la misión europea con el director de la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria, Sakoba Keita (c). (FOTOS: Mohamed Siali/EFE)

Conakry (EuroEFE).- Mohamed Awad, hijo de egipcia y libanés, nació en el mismo hospital de Conakry que hoy dirige. “Necesitamos equipos aunque sean de segunda mano, sé que en Europa los cambiáis cada cuatro años y los conserváis muy bien”, les pide a un grupo de eurodiputados en visita de inspección del sistema público de salud y del control epidemiológico en Guinea, el país donde comenzó la última epidemia de ébola.

Awad dirige el Hospital Ignace Deen, el más antiguo de la capital guineana, en el que lleva 40 años trabajando. Cuando llegó, dice, se lo encontró muy sucio. “No había ni mascarillas de oxígeno”.

“He humanizado el lugar, he construido baños que no había, una cocina para que guisen las familias que cuidan a los pacientes (…) Me he buscado la vida para comprar equipos de segunda mano con ayuda de amigos”, explica a la delegación de la Comisión de Desarrollo del Europarlamento mientras enseña el lugar.

Antes, recurrían a frigoríficos privados para conservar algún cadáver. “Ahora por lo menos en la morgue se puede respirar”, prosigue.

La luz al final del túnel

El Ignace Deen “empieza a ver la luz al final del túnel gracias a vosotros”, agradece a la misión, encabezada por el eurodiputado alemán Norbert Neuser, del Grupo socialdemócrata S&D.

El hospital que Mohamed Awad siente como su segunda casa sigue siendo, sin embargo, una instalación muy precaria, con medios primitivos, que sólo puede dar atención gratuita a mujeres de parto o medicinas sin coste a los niños enfermos. 

Son los familiares los que cuidan a los pacientes y les preparan la comida. Se les puede ver “acampados” en el patio del hospital, durmiendo o cocinando al fuego en el suelo, con la ropa secándose colgada de árboles o en las barandillas de los pasillos del centro. 

El agua de los depósitos chorrea y deteriora las instalaciones, como también la que rezuman los pocos aparatos de aire acondicionado que tiene el hospital, que el año pasado -después del ébola- atendió a 8.749 pacientes, con unas 65.000 noches de hospitalización y sólo 400 trabajadores. 

Los médicos del Ignace Deen ganan entre 300 y 350 euros al mes y los enfermeros 100 euros menos. Los pacientes deben pagar 1,5 euros por una consulta y 54 por una cirugía.

El hospital ha sido uno los lugares inspeccionados por la delegación del PE durante una visita del 4 al 6 de abril a Guinea, días en los que se han reunido con sus principales responsables sanitarios y con representantes de organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) para comprobar el uso que se ha dado a los fondos europeos y las lecciones que el país ha extraído tras la epidemia del ébola de 2014 a 2016.

El esfuerzo tras el ébola

Con 3.804 personas contagiadas, de las que fallecieron 2.536, Guinea fue declarada libre del ébola por la OMS el 1 de junio de 2016.

“Dos años después de la crisis del ébola, podemos decir que se han aprendido sus lecciones y ese es el mensaje (que llevaré) a mis colegas del PE y los contribuyentes europeos”, declara a Efe Neuser.

“Aún tenemos que procurar que haya soluciones sostenibles, que necesitarán años. El país ha aprendido pero tenemos que apoyarle en otros sectores como la agricultura, las infraestructuras y la educación”, agrega.

El ébola puso en evidencia los grandes fallos del sistema sanitario guineano: pobre presupuesto estatal dedicado al sector de la salud (1,98% en 2012), baja cantidad de personal sanitario entre médicos y enfermeros (3,59 por cada 10.000 habitantes), poca disponibilidad de medicamentos y equipos y deficientes sistemas de detección de riesgos.

"Imagínate, en el último brote hemos tardado tres meses y medio en darnos cuenta de que tenemos ébola en el país", reconoce a Efe el director de la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria (ANSS, creada solo en 2016), Sakoba Keita, empeñado ahora en lograr un rápido sistema de detección y notificación de enfermedades.

El ébola obligó a cerrar un 6% de la infraestructura hospitalaria de Guinea por, entre otras cosas, la muerte de 115 médicos y paramédicos por la enfermedad: "cuanto más escasos e inapropiados sean los recursos humanos, más extendida y peligrosa será la epidemia", razona el jefe de la Oficina de Estrategias y Desarrollo en el Ministerio de Sanidad, Kaba Abdoulaye.

Gracias a la solidaridad mundial y a una estrategia coordinada por el Gobierno, las cifras han dado un vuelco: el presupuesto estatal de Sanidad casi se cuadruplicó (7,4% del total en 2017), el personal sanitario aumentó en un 120% y se han construido 27 hospitales y centros de salud en todo el país, además de tres laboratorios.

Otro ejemplo: la Farmacia Central de Guinea recibió el pasado noviembre lotes de medicamentos por valor de 2,3 millones de euros, lo que le va a permitir garantizar la disponibilidad de medicamentos en todas las estructuras sanitarias públicas del país, dice a Efe su subdirector, Amadou Thierno Diallo, tras enseñar sus depósitos a los eurodiputados.

Precisamente estos lotes han llegado gracias al Programa de Apoyo a la Salud en Guinea (PASA) ideado y financiado por la UE para el periodo 2015-2023, reforzado después por otros dos programas europeos (El PASA-2 y el PACE de consolidación del Estado) que totalizan un presupuesto de 115,5 millones de euros.

Además, la UE apoya con fondos el proyecto de Profesionalización de la Gestión de Residuos Sólidos y el Programa de Desarrollo y Saneamiento Urbano (SANITA), en Conakry, una ciudad de dos millones de habitantes que genera 3.000 toneladas de residuos diarios, según cálculos oficiales, y donde la basura inunda las calles.

“Una sola salud”

Sobre los criterios directivos de la acción sanitaria, el representante de la OMS en Guinea, Georges Alfred Ki-Zebro, explica que su organización está apoyando al país para aumentar su capacidad en vigilancia y detección y la respuesta y resistencia de la población a las epidemias.

"Entre las principales lecciones que hemos aprendido, está la importancia de la seguridad sanitaria en un mundo globalizado. Porque cada suceso sanitario, en particular las enfermedades transmisibles, que se produce en la localidad más remota puede transmitirse en 24 horas a la otra parte del mundo", subraya.

Fue precisamente en un pequeño pueblo de Guinea donde comenzó la última epidemia del ébola: un niño de dos años que jugaba con murciélagos alojados en un tronco hueco enfermó repentinamente y murió a los pocos días. 

Siguiendo las tradiciones funerarias de la región, el pequeño Emile fue velado durante tres mañanas con caricias y besos de sus familiares y vecinos, lo que desencadenó la propagación de la enfermedad, con resultados trágicos en Guinea y las vecinas Sierra Leona y Liberia. En total, casi 29.000 contagios, con más de 11.300 muertos, según cifras de la OMS.

La OMS impulsa en su acción en Guinea el concepto de “una sola salud”, humana y animal. Se trata de hacerles entender que “la salud está influida por factores que no son únicamente médicos”, como “la higiene, el alcantarillado, el control de las enfermedades de animales” o el uso racional de medicamentos como los antibióticos, explica Ki-Zebro.

Y también, añade, “la cuestión del cambio climático, los riesgos de la catástrofes (pues) están todos vinculados con la sanidad”.

“Sin duda, para mejorar la seguridad de la salud de los ciudadanos deben incrementarse los recursos destinados a la protección medioambiental y sanitaria. Ahí vemos grandes lagunas”, dice a Efe el polaco Adam Szejnfeld, del Grupo popular PPE.

La visita “nos ha permitido comprobar si los medios de la UE se están utilizando bien y, lo que es más importante, nos da una cierta perspectiva de cara al futuro para poder diseñar una ayuda más efectiva para este país”, comenta.

Szejnfeld opina que es necesario “no insistir solo en la ayuda humanitaria y caritativa en forma de donaciones”, sino “lanzar medidas para el desarrollo económico” de este y otros países.

La europarlamentaria alemana del S&D Maria Noichl, tercer componente de la misión del PE, considera “bueno que la UE se implique con subvenciones de proyectos aquí”.

Pero dice a Efe que no tiene claro si en países como Guinea es mejor financiar proyectos o “darle dinero directamente a los Gobiernos” para no correr el riesgo de que hagan dejación de funciones en sectores como el de la salud.

En la reunión con las autoridades sanitarias, Noichl pidió información de las medidas aplicadas para evitar que los fondos caigan en manos corruptas. 

Por Mohamed Siali, con edición de Julia R. Arévalo

 

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