Argel y Madrid, de estrechar relaciones a un escenario inédito en décadas

Argel y Madrid, de estrechar relaciones a un escenario inédito en décadas

Vista de un campo minado, en una imagen de archivo. EFE/Manuel Lorenzo /Archivo

Argel (EuroEFE).- La decisión de Argelia de llamar a su embajador en España después de que el Gobierno español expresara su apoyo el plan marroquí de autonomía para el Sahara Occidental abre un escenario inédito en décadas en las relaciones entre Argel y Madrid, que ambas parte se habían comprometido este mismo mes a estrechar.

Según la Presidencia de Argelia, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, había transmitido el pasado día 6 en una conversación telefónica con el jefe del Estado argelino, Abdelmadjid Tebboune, el interés de España en considerar a este país como un socio estratégico en materia energética a raíz de la crisis derivada de la invasión rusa de Ucrania.

De acuerdo con fuentes oficiales argelinas, España se proponía mantener a Argelia como su principal abastecedor de gas natural y también convertir al país africano en un suministrador fundamental del conjunto de la Unión Europea (UE).

Con esa perspectiva, el contacto directo entre Sánchez y Tebboune había sido precedido de visitas a Argel del ministro español de Exteriores, José Manuel Albares, y de la titular de Transición Ecológica, Teresa Ribera, en vísperas del vencimiento del contrato para el suministro de gas a través del Gasoducto Magreb-Europa (GME).

El gasoducto, construido a finales del pasado siglo entre la empresa española Enagas y la sociedad nacional argelina de hidrocarburos Sonatrach, envía cada año más de 8.000 millones de pies cúbicos de gas a España a través de un tubería de 1.400 kilómetros que arranca en el corazón del desierto argelino, penetra en territorio marroquí y se sumerge en el estrecho de Gibraltar.

Tras las últimas visitas de responsables españoles, Sonatrach puso en servicio además en enero un cuarto turbocompresor del gasoducto Medgaz, que une a Argelia y España través del Mediterráneo.

La decisión, no obstante, del Gobierno español de respaldar la solución que propone Rabat a la disputa por el Sahara Occidental frente a la postura de Argel -principal valedor del independentista Frente Polisario-, proyecta en la actualidad sombras de dudas sobre lo que hasta ahora había sido una atmósfera de buena cooperación y entendimiento.

Analistas y expertos locales han calificado de «grave error» la nueva postura del Gobierno de España.

El especialista económico Farid Benyahia piensa que «Argelia respeta los compromisos contractuales» y cumplirá sus actuales acuerdos con España pero que en el futuro «hará lo posible de reemplazar a España por otros clientes».

En el conflicto saharaui, España «debería ser neutral o buscar una solución con Argelia», dijo en declaraciones a Efe.

La misma idea fue compartida por el analista financiero Mahfud Kaubi, que cree que su país conservará un espíritu «pragmático» pero tampoco desestimó la posibilidad que las relaciones con España se vean afectadas en todos los ámbitos.

«Hay que guardar el espíritu pragmático en materia de compromisos. Pero es normal que las relaciones estratégicas entre los dos países sufran un impacto, sobre todo cuando se trata de un tema primordial para Argelia», explicó.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Argelia difundió este sábado una nota en la que afirmaba que se ha visto «muy sorprendido por este repentino cambio de posición del antiguo poder administrador del Sáhara Occidental».

Sin embargo, el Gobierno español aclaró posteriormente, asimismo en un comunicado, que había informado «previamente» al argelino sobre el cambio de posición de España en relación a la antigua colonia española.

MARRUECOS Y ARGELIA, UNAS RELACIONES ENVENENADAS

El trasfondo del complicado triángulo en el que España ocupa uno de los vértices es el encono que enfrenta a los países que ocupan los otros dos, Marruecos y Argelia, que tradicionalmente se disputan el predominio en el Magreb y el Sahel.

Ambos países tienen la vocación de extender su influencia más allá de sus fronteras y el conflicto del Sahara Occidental no es más que un episodio de esa rivalidad regional, en la que España se arriesga a verse involucrada.

No es la primera vez que el pulso de influencia territorial con Rabat salpica a los intereses españoles y pone en jaque las relaciones entre Argel y Madrid; el régimen argelino alentó en la década de los setenta del siglo XX el independentismo canario, como medio de presión para que España no se mostrara demasiado condescendiente con Marruecos.

Editado por M.Moya