Los nubarrones se ciernen sobre el campo inglés tras el Brexit

Caja de tomates en un centro de distribución alimentaria en Liverpool (Reino Unido). EFE/EPA/PETER POWELL/Archivo

Roydon (R.Unido) (EuroEFE).- Los camiones con tomates, berenjenas y pimientos que llegan del sur de España se preparan para hacer el viaje de retorno a su país: la imagen se repite a diario en Valley Grown Salads, una explotación agrícola centrada en la importación que ahora se enfrenta a la incertidumbre del Brexit.

La salida del Reino Unido del mercado único dentro de tres días inquieta a los dueños de este negocio ubicado en el condado de Essex (sureste), que no solo compra verdura de la UE sino que depende del trabajo de más de cien rumanos, además de algunos italianos y búlgaros, para el empaquetado en invierno y la plantación y colecta en verano.

El director de la planta agrícola de Roydon, el británico de origen italiano Jimmy Russo, no oculta su descontento con el triunfo del Brexit en el referéndum de 2016.

En el Reino Unido, la importación de frutas y verduras de los países de la UE está estimada en 7.000 millones de libras (7.630 millones de euros) al año.

Los establecimientos agrícolas de Russo, con más de 35 años de experiencia, tienen su propio transporte y cada día entran entre cinco y seis camiones con productos de España para asegurar la frescura de lo que llega al consumidor del Reino Unido.

NI UN SOLO INGLÉS

Russo tiene dos establecimientos: Valley Grand Salad (VGS), que opera el empaquetado en invierno, y Valley Grown Nurseries, formado por grandes invernaderos de 120.000 metros cuadrados donde se cultivan los productos a partir de abril para el mercado británico.

“No tenemos una sola persona inglesa que trabaje físicamente en el campo o en el almacén. Estos son todos extranjeros que vienen a trabajar aquí en este momento. Tenemos también unos veinte italianos trabajando y de Bulgaria, pero principalmente de Rumanía”, dice en su despacho de la planta.

Mientras Russo conversa, sin ocultar su pasión por el fútbol y por clubes como el Chelsea, el Palermo italiano y el argentino Boca Juniors, del otro lado de la cristalera de las oficinas se escuchan las máquinas que separan tomates y pimientos.

Estas máquinas operan sin cesar, seleccionando las unidades que estén en perfectas condiciones, pues se venden a una conocida cadena de supermercados que exige la mejor calidad.

El toque final a los pimientos rojos los da una empleada italiana, Maria Catania, que muestra el corte que hace con unas tijeras a los tallos más largos para que todos tengan buena apariencia y estén a la perfección en las cajas que salen de Roydon.

Otros empleados rumanos hacen a mano los retoques definitivos, como el etiquetado sobre cada uno de los grandes tomates o de los paquetes con pimientos puntiagudos.

La mano de obra comunitaria es vital para la marcha de esta empresa, pero el Brexit trae dificultades. A partir del 1 de enero se aplicará a los trabajadores de la UE, como a todos los extranjeros, una nueva normativa migratoria por puntos, similar a la australiana, y que exigirá un visado de trabajo al que en principio no podrán aspirar los salarios inferiores a las 25.600 libras (28.867 euros), un baremo que en ciertos sectores bajará a las 20.480 libras (22.309 euros).

EL REVÉS DEL BREXIT

“Yo creo que el Gobierno no entiende el problema de las empresas que tienen una finca”, explica el director, de 65 años, al destacar la necesidad de contar con extranjeros dispuestos a trabajar la tierra.

Este empresario, cuyos padres llegaron al Reino Unido desde Sicilia en 1952, asegura que los ingleses no quieren trabajar en el campo. “Son buenas personas, pero quieren trabajar en oficinas. Por suerte tenemos a los rumanos que vienen aquí a trabajar porque, sin ellos, tendríamos muchos, muchísimos problemas”.

Para Russo también es importante que haya fluidez en el transporte de la mercancía fresca. Si hay retrasos en los puertos, “no vale nada”.

El acuerdo suscrito entre el Reino Unido y la UE prevé que no haya aranceles ni cuotas, pero no impide que vuelvan los controles fronterizos a los cargamentos o las revisiones fitosanitarias, además de todo el papeleo burocrático.

“El Brexit ha sido una decisión errónea que, en mi opinión, no ha contado la verdad de lo que podría pasar”, insiste.

Editado por Miriam Burgués