El 2022, un año de transición para volver a una Málaga a pleno pulmón tras la pandemia

Establecimiento hostelero Málaga

Establecimiento hostelero en Málaga. EFE/María Moya

Málaga (EuroEFE).- El 2022 podría considerarse un año en transición para Málaga por varias razones, entre ellas para tratar de volver a alcanzar los niveles de 2019, cuando se convirtió en un destino de referencia nacional e internacional, pero también para acomodarse a las nuevas tendencias derivadas de la pandemia, que implican cambios no solo en los hábitos de consumo de los visitantes y locales, sino también de los negocios y establecimientos de la ciudad.

“Ahora mismo estamos en transición. Creo que 2022, psicológicamente para el cliente y económicamente para nuestro sector, va a ser ese año de transición”, explica el presidente de Mahos, la Asociación de Hosteleros de la capital malagueña, Javier Frutos, en una entrevista con Efe.

Lo que dicen las cifras, según explica Frutos, es que, respecto a “la proyección de la hostelería, las perspectivas son buenas”.

Si bien antes del estallido de la pandemia se esperaba de 2020 “un año magnífico para Málaga por la cantidad de eventos que estaba teniendo”, Frutos reconoce que, a pesar de que el contexto apunta a que toda Europa ha recuperado prácticamente la normalidad, “va a costar igualar esas perspectivas” este 2022.

Una de las cuestiones en las que la pandemia ha dejado su impronta en el sector turístico y gastronómico es en los hábitos de los consumidores que, tras dos años de confinamientos y cierres, se decantan cada vez más por la “inmediatez”.

“Las previsiones de vacaciones ya no se hacen con tantísima antelación”, explica el presidente de la patronal hostelera, lo que dificulta hacer previsiones.

Otra tendencia que deja la pandemia en la hostelería malagueña según Frutos es, sin embargo, el hábito de reservar, una costumbre que nace como consecuencia de las restricciones de aforo en los locales y que ahora beneficia a los propietarios de los establecimientos y evidencia “una transición en el propio cliente a la hora del consumo”.

No obstante, pese a la evolución del sector, que en los dos últimos años ha buscado sobrevivir a la crisis, “la esencia de la hostelería malagueña y andaluza no se puede perder”, opina.

Patio interior de un establecimiento hostelero en Málaga

Patio interior de un establecimiento hostelero en Málaga. EFE/María Moya

Somos personas que necesitamos mucho la cercanía por el carácter que tenemos. Eso también lo daban los bares, que al final eran un ejemplo del tipo de vida que llevamos y de nuestra forma de ser”, apunta el presidente de los hosteleros.

COLABORACIÓN PÚBLICO-PRIVADA

No solo a la supervivencia, sino también al éxito de la gastronomía, el turismo y la cultura malagueñas contribuye la colaboración público-privada.

Fruto de esta cooperación nacen, por ejemplo en el caso de la gastronomía, campañas promocionales para reforzar su marca, para perfilarla cada vez más como una apuesta por la calidad y la excelencia, y que ponga en el centro al producto local.

Pero para que el engranaje del sector funcione, son necesarias verdaderas sinergias entre empresarios, productores y administración, que confluyen y se retroalimentan para contribuir a la calidad turística de la ciudad.

Muestra de ello es el Foro de Turismo promovido por el Ayuntamiento de Málaga, un punto de encuentro para los agentes que participan en el sector (propietarios de locales, administración pública, representantes del puerto o del aeropuerto, etc.) para coordinarse y  dar respuesta a la demanda turística y a los retos y desafíos de forma conjunta.

Así, otro elemento de la ecuación es la oferta turística de calidad en una ciudad en la que “se puede pasear por los siglos desde hace 3.000 años hasta el siglo XXI”, explica a Efe Mercedes Espiner, una de las guías de la Asociación de Guías Profesionales Málaga Cultural, es su propia Historia y la “cantidad de culturas impresionantes” que han dejado su huella en la ciudad actual.

En Málaga, la “gastronomía, las callejuelas, los bares y las tabernas” se complementan con el teatro romano, la Alcazaba, la catedral, el puerto, el Museo Picasso o la emblemática Calle Larios.

“Si todos nos vemos como un equipo que trabaja conjuntamente, entonces vamos adelante”, dice Espiner.

La última pieza que completa el engranaje son los comercios que, pese al papel fundamental que desempeñan en la ciudad, han tenido que reinventarse para hacer frente a las consecuencias de la crisis.

Un bar en el centro de Málaga

Un bar en el centro de Málaga. EFE/María Moya

Como prácticamente todos los sectores, “aún no ha llegado a estar al 100 %”, cuenta a Efe la gerente de la asociación Centro Histórico de Málaga, Centro Comercial Abierto, Fuensanta Villalobos, quien apunta, sin embargo, que la covid-19 obligó a los comercios a digitalizarse, y ahora es una tendencia que ya comienza a consolidarse gracias -también- a las ayudas que reciben de las administraciones.

Su recuperación es también posible gracias a esa sinergia entre actores: “En el Centro Histórico nos retroalimentamos entre todos, porque tenemos muchos convenios firmados con los hosteleros, nos reunimos con los vecinos y con los guías turísticos”, asegura Villalobos.

El resultado es una ciudad que tiene “mucha historia en muy poquitos metros”, en palabras de Espiner, que evoluciona y, con ella, sus comercios y establecimientos hosteleros, para ofrecer la mejor faceta de una Málaga renovada, pero con la esencia de siempre.

Editado por Miriam Burgués

Este artículo es parte de un Reportaje Especial patrocinado por Makro.