¿Quién cuidará al abuelo?

Una anciana descansa en una residencia. EFE/Mariscal/Archivo

Londres (EuroEFE).- Las residencias de ancianos del Reino Unido temen una debacle en sus pasillos con el pos-Brexit. El sector, muy dependiente de los cuidadores comunitarios, insta al Gobierno a reaccionar ante la “catástrofe” que desde el próximo enero le planteará el nuevo escenario europeo, en medio aún de la pandemia.

La sensación de desamparo entre sus trabajadores -un 17 % extranjeros- y entre las organizaciones que velan por sus condiciones es palpable dentro de un gremio de por sí desprotegido.

En los centros de mayores del país aguardan con inquietud el Año Nuevo y reprochan al Ejecutivo de Boris Johnson haber descuidado en las negociaciones con la Unión Europea (UE) la atención que requiere su población más frágil: los ancianos.

Desde el 1 de enero de 2021, la estrategia migratoria británica impondrá nuevas directrices con una misión: reclutar solo a trabajadores extranjeros “cualificados” que soliciten visado con previa oferta de trabajo y un mínimo salarial de 25.600 libras anuales (28.159 euros).

A priori, una aspiración poco realista en este sector. Según la Care Workers Charity -que representa a los cuidadores-, el sueldo medio anual de estos trabajadores oscila entre 12.500 y 16.000 libras (entre 13.738 y 17.596 euros) y puede llegar a las 19.000 libras (20.890 euros).

En Lancashire (norte de Inglaterra), una persona experimentada percibe 8,72 libras (9,52 euros) por hora, mientras que en Londres, solo un 10 % de los cuidadores supera las 10,85 libras (11,85 euros), tras el ajuste por la carestía de la vivienda y el transporte público.

Con ese enfoque, residencias y asistentes sociales a domicilio se consideran víctimas adicionales del Brexit, pues el Gobierno quiere que el déficit de 120.000 trabajadores que ahora sufre el país -10 % del total de esos puestos- sea cubierto por británicos.

ACUSADA CAÍDA

Raj Sehgal, director gerente del grupo Armscare -del que dependen cuatro centros de zonas rurales del condado de Norfolk- y miembro de la patronal National Care Association, dice a Efe que desde 2016 la mano de obra de la UE de la que se nutrían sus residencias ha caído en picado.

Los hogares de mayores que gestiona en ese condado contaban entonces con un 30 % de personal de la UE -120 trabajadores-, porcentaje que fue disminuyendo hasta llegar a menos de un 1 %: solo queda una cuidadora comunitaria, de Portugal.

Al mismo tiempo, reconoce que el sector “carece de glamour y no está bien pagado, así que es difícil atraer fuerza laboral local”. Una problemática que ilustra con un ejemplo: “En un radio de 40 kilómetros en Norfolk se ofertan ahora más de 500 trabajos en el sector que no se pueden llenar”.

“El Gobierno es como un caballo con anteojeras; no ven lo que está pasando. No se dan cuenta de la realidad. Tan centrados en el Brexit y la voluntad de los británicos, y cuatro años después aún no sabemos cómo terminarán las negociaciones”, clama el directivo, convencido de que el país va “camino del desastre” si cree que será “autosuficiente”.

Vislumbra un escenario “muy deprimente” y el Brexit será una “absoluta catástrofe para el sector (…); la gente se está marchando, la migración neta baja pero nosotros no disponemos de los trabajadores que necesitamos”.

Por no hablar de la pandemia de la covid-19, que agrava el problema y que ha provocado, a su juicio, que las autoridades sanitarias se hayan “olvidado del sector”.

ADOPTADA POR LAS “LADIES”

Natalia Prego Castro, una española de 41 años que llegó a Bournemouth (sur del país) hace 6 desde Bordel, una aldea de A Coruña, habla con cariño de sus “ladies” -sus clientas-, señoras mayores de 80 años a quienes ayuda y acompaña con servicios a domicilio y que en su país de adopción son ya como su “familia”.

Espera que el Brexit no le vaya a afectar pero subraya, en declaraciones a Efe, que “a la gente que venga a partir de enero se le pedirán ciertos requisitos”.

“Se está asustando un poquito a la gente para que no vengan, pero al final van a tener que llamar a los europeos porque ¿quién hace todos los trabajos sucios: hoteles, restaurantes, limpieza y todo eso? Los europeos”, se pregunta.

Confía en que se llegará a una solución con la que evitar “el caos”, pues la mayoría de empleados de asilos “son todos europeos o extranjeros; ingleses hay muy pocos (…) En las residencias, el porcentaje más alto de trabajadores son extranjeros, de la UE”, según comenta.

Es pronto para calcular el impacto de la nueva estrategia migratoria en este sector para el conjunto del país aunque la ONG Independent Age recuerda que durante el primer semestre de 2016 “más del 80 % de la mano de obra inmigrante del sector procedía de la UE”, un porcentaje que decrecerá.

DENUNCIAS DEL SECTOR

La italiana Loredana Gnakale, quien hasta 2019 ayudaba a personas mayores a domicilio en Londres, recuerda a Efe la “enorme responsabilidad” que asumen estos trabajadores, abrumadora en comparación con los exiguos salarios.

La National Care Association lleva meses poniendo el grito en el cielo ante la “delicada” posición de esa industria crucial, que contribuye a la economía con más de 40.000 millones de libras (43.900 millones de euros) y emplea a 1,5 millones de personas.

Martin Green, directivo de Care England -la principal organización de representación de los servicios de asistencia a mayores-, culpaba recientemente a la “insuficiente financiación gubernamental” de los bajos sueldos en el sector.

Por su lado, el sindicato Unison sostiene que “poner barreras a la contratación de extranjeros creará dificultades enormes” para un sector ya en crisis.

Editado por Miriam Burgués