Falsificaciones e imitaciones, otra forma de contar la historia de Europa

La Casa de la Historia Europea acoge desde este sábado una exposición que hace un recorrido cronológico por el Viejo Continente desde el prisma de las falsificaciones e imitaciones, y que muestra, a través de más de 200 piezas, la existencia de bulos desde la antigüedad hasta la crisis de la Covid-19. La exposición, que lleva por nombre "Falso por real" ("Fake for Real"), tiene como 'leitmotiv' las falsificaciones que alguna vez formaron parte del devenir de la Humanidad y "que unen el pasado con el presente y el futuro".-EFE/María Moya

Bruselas (EuroEFE).- ¿Es el estampado a cuadros de una conocida marca británica tan particular que no puede ser imitado? ¿Resulta difícil distinguir una prenda de una famosa marca italiana de una falsificada? La Casa de la Historia Europea en Bruselas acoge una exposición que hace un recorrido cronológico por el Viejo Continente a través del prisma de estas falsificaciones e imitaciones.

Desde las denominadas imitaciones “obvias”, que a simple vista son reconocibles, a las “éticas”, que falsifican un producto utilizando otro nombre, pasando por las “súper imitaciones”, que guardan gran similitud con el original, o las “reales”, que pretenden hacerse pasar por otro producto y obtener con ello el beneficio de la marca que imitan.

A través de sus más de 200 piezas, que abarcan desde la antigüedad hasta la la crisis de la COVID-19, la exposición pretende hacer un recorrido por las falsificaciones más comunes que han formado parte de la historia y que también han sido el reflejo de la sociedad europea y pretende dar respuesta a cómo era la mentalidad de sus ciudadanos en determinados momentos históricos.

La exposición, que lleva por nombre “Falso por real” (“Fake for Real”), tiene como punto de partida una pared de espejos en la que se refleja un Caballo de Troya que, progresivamente, muta a un código que representa un virus -informático- troyano.

Este paralelismo histórico muestra, según explicó a Efe la comisaria de ‘Falso por real’, Joanna Urbanek, el ‘leitmotiv’ de la exposición: las falsificaciones que alguna vez formaron parte del devenir de la Humanidad y “que unen el pasado con el presente y el futuro”.

Esta exposición recuerda, según explicó Urbanek, que los bulos y las falsificaciones “no son algo inédito ni contemporáneo, sino muy antiguo” y que también han sido un reflejo de la mentalidad europea en cada momento.

Una de las piezas expuestas es la denominada “Donación de Constantino”, un falso decreto en virtud del cual el emperador Constantino I otorgaba el poder temporal sobre Roma y Occidente al papa Silvestre I.

No fue hasta siglos después cuando, “gracias a personas curiosas y valientes, consiguieron desmontar estos bulos aplicando un pensamiento crítico y usando su conocimiento de la Historia”, manifestó la comisaria.

De este documento falso, la Casa de la Historia Europea tiene una copia, aunque conviene recordar, en palabras de Urbanek, que “nunca existió el documento real”.

No solo en asuntos religiosos se difundieron los mayores bulos, sino que también quedaron reflejados en la forma en la que los exploradores tenían de entender el mundo.

Muestra de ello es que, en uno de los mapas expuestos, alguien encontró entre Noruega e Islandia una supuesta “Frislandia”, una isla que jamás existió; al igual que las sirenas que el propio Cristóbal Colón creyó ver en sus expediciones.

Existe un gran consenso en cuanto a que la aparición de la imprenta es uno de los grantes hitos históricos, pero este invento también multiplicó exponencialmente la difusión de bulos: un manual sobre caza de brujas editado en Frankfurt en 1588, acabó siendo un arma arrojadiza para las rencillas entre vecinos.

“Una de las historias más tristes de la exposición”, explica la comisaria, guarda relación con esta historia falsa, y es el desenlace que tuvo el farmacéutico alemán David Welman, acusado a través de una nota anónima de hacer brujería y quien, tras dos juicios sin éxito, acabó siendo ejecutado.

Este bulo nos recuerda, según opinó Urbanek, que existen precedentes de que “el discurso de odio no pasa solo por bulos en internet”.

El oficial francés Alfred Dreyfus fue acusado de alta traición también debido a una nota falsa en la que, presuntamente, ofrecía a Alemania la venta de información secreta de Francia, lo que no solo conllevó su destierro, sino también una oleada de antisemitismo en el país, debido a que el militar era de credo judío.

No obstante, no todas las falsificaciones se utilizaron para acusar a personas inocentes, “algunas se utilizaron para salvar vidas”, explicó la comisaria de la exposición, quien explicó que durante la Segunda Guerra Mundial, se falsificó una gran cantidad de documentos oficiales para proteger a los niños judíos del dominio Nazi.

LOS ANTIVACUNAS DE 1998

Otro de los objetos que más llama la atención en la exposición es un artículo sobre vacunas que supuestamente provocaban autismo en los niños, publicado en The Lancet en 1998, y del que la revista científica se retractó apenas unos meses después, “uno de los bulos que siguen estando vigentes en la actualidad”, dijo Urbanek.

Para ilustrar la denominada “era de la posverdad”, esta exposición también guarda un espacio en el que, a través de un vídeo, expertos expresan su opinión sobre la “infodemia” y la proliferación de bulos relacionados con la crisis de la COVID-19.

“Esta exposición quiere demostrar que el pensamiento crítico también ha sabido sacar a la luz estas falsificaciones históricas”, manifestó Rocío del Casar, jefa gerente de la colección en la Casa de la Historia Europea.

Dividida en seis partes cronológicas y temáticas, esta exposición, que también ha sufrido los “daños colaterales” del coronavirus pues, según explica Del Casar, hay piezas que “aún no han podido venir” debido a la escasez de personal en los museos, pretende mostrar “los puntos de vista de toda Europa, de este a oeste y de norte a sur” con el objetivo de aportar otro punto de vista a la historia del continente.

Edición: Catalina Guerrero

 

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