La OSCE alerta de que el discurso populista pone en peligro a los periodistas

Velas en Bratislava en memoria del periodista eslovaco Jan Kuciak. EFE/EPA/JAKUB GAVLAK/Archivo

Viena (EuroEFE).- El asesinato de tres periodistas en la UE desde 2017 -el último este mes- refleja una peligrosa tendencia que tiene que ver, en parte, con cómo los ataques de políticos populistas contra los medios minan la confianza de la sociedad en los informadores e incluso pone en peligro su seguridad física.

“Lo que veo es que esta desconfianza, y por eso es tan preocupante, tiene realmente un fuerte impacto en la seguridad de los periodistas”, advierte a Efe Teresa Ribeiro, representante para la Libertad de los Medios de Comunicación de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE).

ALIMENTADO POR EL POPULISMO

De hecho, de todas las amenazas a la libertad de prensa, esa creciente desconfianza hacia los medios es la “tendencia más preocupante”, alerta la diplomática portuguesa, que llegó al cargo en diciembre, tras un complicado proceso debido al veto de algunos países a la renovación de su antecesor, Harlem Désir.

“Creo que, por supuesto, es un fenómenos que está muy alimentado por la retórica de los políticos populistas. Y es algo muy peligroso”, asegura en su oficina en Viena.

Ribeiro asegura que ciertos políticos están alimentando “de una manera irresponsable y muy peligrosa” una desconfianza que, reconoce, quizás estaba ya ahí, y que se está extendiendo por toda la región OSCE, que va desde Canadá a Rusia.

En ese sentido, Ribeiro afirma que decir que los periodistas mienten o que son innecesarios es algo que da réditos a esos políticos.

Ribeiro se refiere, por ejemplo, a que los periodistas que cubren protestas ya no sólo sufren ataques por parte de las autoridades, sino también a veces por los propios manifestantes, algo que muestra que “el impacto negativo de esa retórica anti medios es un frente muy peligroso”.

PERIODISTAS ASESINADOS

Preguntada sobre el asesinato de tres periodistas en Malta, Eslovaquia y Grecia, tres países socios de la Unión Europea y de la OSCE, en poco más de tres años, Ribeiro alerta de que supone una “tendencia” y algo que es cada vez más alarmante.

La periodista de investigación Daphne Caruana fue asesinada con un coche bomba en Malta en 2017. El eslovaco Jan Kuciak, que escribía sobre contactos entre políticos y la mafia, fue tiroteado junto a su novia en febrero de 2018. Y el pasado día 9, Yorgos Karaivaz, especializado en sucesos, fue acribillado en Atenas.

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“Necesitamos restaurar la idea de que los periodistas son necesarios si queremos tener información de calidad e ciudadanos informados”, resume Ribeiro.

LA DEMOCRACIA ES FRÁGIL

Ribeiro advierte de que, en su conjunto la situación de la libertad de prensa es ahora peor que hace unos años, sobre todo en países en los que ese principio se daba por sentado.

“Nada debería darse nunca por sentado, porque la democracia es muy, muy frágil”, señala.

La ex secretaria de Estado de Asuntos Exteriores de Portugal se refiere también a la tensa relación en el seno de la OSCE, donde varios vetos cruzados mantuvieron bloqueada durante meses la renovación de cargos.

Azerbaiyán, una república autoritaria, se opuso a que Désir siguiera en el cargo por sus críticas a la censura y el arresto de periodistas en el país.

Tayikistán, por su parte, bloqueó la reelección de Sólrún Gísladóttir al frente de la Oficina de la OSCE sobre Instituciones Democráticas y Derechos Humanos, después de que denunciara que en las elecciones en ese país se vulneraron derechos y libertades.

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Ribeiro asume que esos bloqueos fueron malos para la OSCE y su imagen, pero afirma que finalmente se llegó a una “solución equilibrada”.

La política portuguesa asegura que, por su parte, no recibe presiones para no denunciar abusos o ataques a la prensa.

“No siento interferencias. Eso no significa que todo lo que hago sea cómodo para los países miembros. Pero ese es mi mandato”, dice.

Con todo, reconoce que es difícil lograr que algunos países apliquen y respeten los principios y valores a los que se han comprometido, y que faltan mecanismos eficaces para lograrlo.

“Por mi parte, yo sólo tengo mi voz. Y puede ser un arma muy poderosa”, afirma Ribeiro, que desde que ocupa el cargo ha denunciado, por ejemplo, la condena de cárcel a periodistas en Bielorrusia o el asesinato del reportero en Grecia.

REDES SOCIALES

Ribeiro analiza que en la actual degradación de la libertad de prensa, con la combinación de viejas y nuevas amenazas, tiene mucho que ver que las redes sociales no se hayan convertido en la plataforma de debate democrático global que una vez se pensó serían.

“No quiero demonizarlas porque fueron un fantástico y maravilloso regalo para la libertad de expresión. Pero, al mismo tiempo, hay un aspecto negativo ligado a ellas”, dice.

Pese a eso, Ribeiro muestra su oposición a censurar las redes y afirma que la solución no es “encoger el espacio de la libertad de medios”.

“Es mejor no cortar, sino añadir. Cuánto más vibrante sea el panorama de medios, mejor se puede combatir el ruido”, opina.

Y, además, se muestra contraria a “externalizar la responsabilidad del Estado” para que sean los dueños de las plataformas quienes decidan qué se puede decir o sobre quien, como ocurrió cuando varios redes sociales cancelaron las cuentas del ex presidente de EEUU, Donald Trump.

Editado por Miriam Burgués