Acuerdos Abraham: Momento para repensar el papel de la UE en Oriente Medio

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López-Isturiz White, en el Parlamento Europeo. [Grupo PPE/EP]

Con los recientes acuerdos firmados entre Israel y Emiratos Árabes (Acuerdos Abraham), y los subsecuentes firmados con Bahréin, Sudán y Marruecos, “los días de rechazo inequívoco al derecho de Israel a existir parece que ahora hayan desaparecido. Por el contrario, los líderes árabes elogian esta ronda de normalización con Israel”, opina Antonio López-Istúriz White, Eurodiputado del Grupo PPE, Secretario General del PPE en el Parlamento Europeo, y Presidente de la Delegación de la Eurocámara para las Relaciones con Israel.

Los símbolos son una herramienta poderosa en diplomacia. Los Acuerdos Abraham firmados recientemente bajo el auspicio de los Estados Unidos, representan una histórica “declaración de paz” entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos y honran con su nombre al patriarca de las tres principales religiones abrahámicas del mundo. Este primer acuerdo, junto con los subsecuentes firmados con Bahréin, Sudan y Marruecos preparan el camino para una normalización de las relaciones de Israel con estos cuatro países y facilita futuros acuerdos para afianzar vínculos comerciales, políticos y sociales entre ellos.

Los observadores de la política de Oriente Medio han criticado durante mucho tiempo la lentitud de cualquier tipo de esfuerzo diplomático y la falta de resultados tangibles. Sin embargo, lo que hemos presenciado en los últimos meses es nada menos que rápido. Se necesitaron menos de 72 días para que el aislamiento oficial de Israel por parte del mundo árabe quedara obsoleto. En un futuro próximo, turistas, aerolíneas e inversiones israelíes aumentarán en toda la Península Arábiga, beneficiando a todos los países involucrados.

Los efectos inmediatos no son sólo económicos. También se pueden ver en el posterior brote de diplomacia y negociaciones en la región. Israel y la Autoridad Palestina han renovado recientemente sus lazos civiles y de seguridad después de una pausa de seis meses. Israel y Líbano también están hablando sobre sus fronteras marítimas y la posible exploración de energía en alta mar.

Para quienes conocemos la región desde hace años y hemos trabajado para mejorar la seguridad, la estabilidad y la prosperidad en un vecindario históricamente turbulento, estos acuerdos institucionalizan cambios profundos en los que se venía trabajando desde hacía años. Hace apenas tres décadas, los líderes árabes e israelíes que se atrevieron a concebir una relación pacífica y amistosa, lo pagaron con sus vidas. Los días de rechazo inequívoco al derecho de Israel a existir parece que ahora hayan desaparecido. Por el contrario, los líderes árabes elogian esta ronda de normalización con Israel.

Es innegable que este cambio de paradigma que tenemos ante nosotros es de naturaleza trascendental y como tal debe celebrarse. Una nueva generación en la región mira hacia el futuro y deja ideas anacrónicas y percepciones obsoletas donde pertenecen: al pasado. Los jóvenes emiratíes, bahreiníes, sudaneses y marroquíes no comparten la animosidad de las generaciones anteriores hacia Israel, ni les importa seguir ciegamente las políticas que mantuvieron el proceso de paz de Oriente Medio en un perpetuo punto muerto.

Una prueba más de esto es el interés expresado por países del mundo musulmán por seguir logrando acuerdos bilaterales con Israel. Se habla de que países que ya mantienen una conexión fuerte pero no oficial con Israel, como Omán, sean, probablemente, los siguientes. También se debe dar crédito a la saliente administración estadounidense, que facilitó, propulsó y alentó estos acuerdos. Si bien muchos criticaron el “plan de paz de Trump” en enero, incluso antes de que fuera anunciado, la hábil diplomacia estadounidense pudo aprovecharlo para lograr estos notables desarrollos.

Todos estos factores han jugado un papel crucial en la realización de este histórico acuerdo. Sin embargo, un impulsor decisivo también fue un tema al que los europeos debemos prestar más atención: las acciones desestabilizadoras de Irán. De hecho, una prueba de la importancia de los acuerdos es que Irán y sus proxies, incluido Hezbolá, fueron los primeros en rechazarlos.

Durante demasiado tiempo los defensores de la paz en Oriente Medio han visto cómo Irán saboteaba cualquier perspectiva de estabilidad a través de su red de grupos terroristas. Estos acuerdos deberían ser una llamada de atención para todos aquellos que hablan de la estabilidad en Oriente Medio mientras dejan que Irán y sus proxies imperen libremente.

Este es sólo un primer pero poderoso paso. A raíz de estos acuerdos de normalización, es de suma importancia que reconsideremos el papel de la Unión Europea en Oriente Medio. La diplomacia complaciente, lenta y mal disfrazada de tacto suave del Servicio Europeo de Acción Exterior casi no ha tenido ningún efecto. La UE y sus principales Estados miembros parecen haber desempeñado un papel menor en la consecución de estos desarrollos. Sin embargo, estoy realmente convencido de que ahora tenemos una ventana de oportunidad.

A medida que la región está cambiando, también lo hacen las relaciones que respaldaron el anterior status quo. La baraja se ha vuelto a repartir y la Unión Europea tiene que asegurarse un asiento en la mesa. Somos un aliado cercano e indispensable de Israel y, al mismo tiempo, el mayor proveedor de asistencia externa a los palestinos y, en general, un peso pesado diplomático y económico en el mundo árabe.

Ya es hora de que nos demos cuenta de que tenemos la capacidad y podemos reunir el valor político y la voluntad de utilizar nuestra influencia para lograr un cambio positivo, y no para mantener el status quo o perdernos en discusiones sin sentido. De hecho, durante el verano, el Alto Representante de la UE, Josep Borrell, y gran parte del Parlamento Europeo, pasaron demasiado tiempo hablando y condenando la idea de posibles anexiones por parte de Israel en lugar de desarrollar una fructífera diplomacia.

Mientras otros actores llevaban a cabo las negociaciones que dieron lugar a los acuerdos de normalización, ciertos grupos políticos realizaban juegos políticos basados ​​en declaraciones electorales de otro país.

La Unión Europea puede y debe ser vista por todas las partes como un interlocutor y mediador activo y coherente. En este contexto, y como Presidente de la Delegación del Parlamento Europeo para las Relaciones con Israel, invité en septiembre a los Embajadores de Israel y de los Emiratos Árabes Unidos a una reunión oficial en el Parlamento Europeo donde debatimos los Acuerdos Abraham y el camino a seguir.

Mientras intentamos colectivamente convertir esta Unión en una fuerza geopolítica, tenemos que transformar nuestro pensamiento y forjar vínculos duraderos que no estén a merced de gobiernos cambiantes y vientos políticos. Estos acuerdos son un hito para Oriente Medio y para las relaciones constructivas y de vecindad entre Israel y todos los países árabes. También deberían ser un momento histórico para una Unión Europea más fuerte y más presente.