Sindicatos europeos piden reglas fiscales “flexibles” y centradas en las personas

Reglas fiscales flexibles para las personas son pedidas por los sindicatos europeos

El secretario general de la Confederación Europea de Sindicatos (CES), Luca Visentini, durante la rueda de prensa en una imagen de archivo. EFE/ Luca Piergiovanni

Bruselas (EuroEFE).- La Confederación Europea de Sindicatos (ETUC, por sus siglas en inglés) pidió este lunes a las principales instituciones de la Unión Europea que la reforma de las normas fiscales comunitarias dé lugar a reglas “flexibles” que tengan en cuenta a las personas y el planeta.

“Está muy claro que necesitamos nuevas y mejores reglas para la elaboración de políticas económicas. Nuevas reglas que pongan a las personas y al planeta en primer lugar, que sean genuinamente sostenibles, flexibles y apoyen inversiones estratégicas y necesarias”, escribe en una misiva el secretario general de ETUC, Luca Visentini, con motivo del treinta aniversario de la firma del Tratado de Maastricht.

La carta ha sido enviada a los presidentes de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; del Consejo Europeo, Charles Michel; del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, y de Francia, Emmanuel Macron, cuyo país preside el Consejo de la UE.

El aniversario llega mientras se debate la reforma de las normas fiscales comunitarias, que fijan que el déficit público de los Estados miembros no debe superar el 3 % del producto interior bruto y que su deuda pública no tiene que rebasar el 60 % del PIB.

Esas reglas se encuentran suspendidas desde el inicio de la pandemia para permitir el gasto público de los países, y no se reactivarán hasta que empiece 2023.

Visentini asegura que sin una reforma “de gran alcance” de las normas no se podrá “hacer la inversión que Europa y su gente y nuestro hogar planetario necesitan desesperadamente, ni lograr una unión que sea socialmente justa y económicamente exitosa”.

“No necesitamos reglas económicas que impidan que los ciudadanos de Europa hagan lo que se necesita ahora y para las generaciones futuras”, señala.

El texto recalca que la aplicación “inflexible” de las normas sobre el control del déficit y la deuda públicos tras la crisis financiera de 2007 y 2008 ha sido “un desastre”, y pone como ejemplo la situación en Grecia, el paro juvenil en España o las secuelas en Italia, Portugal e Irlanda.

“Si alguien tiene dudas sobre la necesidad de un cambio, solo necesita ver qué sucedió durante la pandemia de covid”, apunta.

En ese sentido, precisa que gracias a la suspensión de las normas de deuda y déficit y al establecimiento de “planes de inversión sin precedentes basados en la deuda de la UE”, el club comunitario y los Estados miembros “lograron invertir dinero en la escala necesaria para salvar del desempleo a decenas de millones de trabajadores, salvar a cientos de miles de empresas de la quiebra y generar la recuperación económica sustancial que estamos viendo ahora”.

Visentini agrega que los próximos años estarán “lejos de ser ordinarios” debido al cambio climático y a la necesidad de invertir en “revitalizar” la industria comunitaria para que los Veintisiete sean “no solo más verdes, sino más competitivos, más modernos y menos dependientes de cadenas de suministro globales vulnerables”.

En concreto, habla de ser “menos dependientes de rivales geopolíticos como Rusia y China”.

Sobre la crisis climática, afirma que las acciones necesarias para limitarla y adaptarse a ella requieren “grandes inversiones”.

“Esta transición debe ser socialmente justa, así como económicamente viable”, constata, y recuerda que la pandemia todavía no ha terminado y que nuevas variantes podrían obligar a aplicar confinamientos.

“La COVID muestra que necesitamos estar mejor preparados para futuras pandemias y, de hecho, poder hacer frente mejor a otros riesgos predecibles para que no se conviertan en crisis importantes”, expone, para después referirse, igualmente, al envejecimiento de la población y la atención sanitaria y social asociada.

Asegura que todos los países de la UE deberían trabajar juntos para “contribuir al bienestar económico mutuo y la reducción de las desigualdades”, tanto los que tienen superávit como “los que tienen problemas de déficit”.

“El mercado único hace que todas las economías de todos los Estados miembros sean altamente interdependientes, y muchos de los países más acomodados crean riqueza a través de su acceso a los mercados de los países menos acomodados”, argumenta.

Editado por Sandra Municio

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