Solo juntos podremos salir de esta crisis

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Ferreira

La comisaria europea Elisa Ferreira, en una imagen de archivo. [EFE-EPA/CE]

Proteger el Mercado Único de la Unión Europea (UE) y poner en marcha un Fondo para la Reconstrucción que sea capaz de realizar inversiones a gran escala, al tiempo que se impulsa la convergencia son algunas de las políticas necesarias para garantizar que los socios del bloque se recuperan juntos de la pandemia, según asegura la comisaria europea de Cohesión y Reformas, Elisa Ferreira.

Esta tribuna ha sido publicada inicialmente en EURACTIV.com, socio de EFE

Europa ha capeado anteriormente otras crisis. Pero ahora nos enfrentamos al mayor impacto en varias décadas a nuestras vidas, sociedades y economías. Nunca antes en los 60 años de vida de la Unión se había producido una conmoción tan repentina, de tal calibre, en nuestro tejido social y económico.

En varios Estados miembros, los sistemas sanitarios libran una batalla cotidiana contra la tragedia de la pérdida de vidas. Empresas viables se enfrentan a la quiebra, pierden clientes y mercados. La población teme perder sus puestos de trabajo y sus modos de sustento. Muchos se han quedado, de la noche a la mañana, sin trabajo. En la crisis financiera de 2008 tuvimos que armar un bote salvavidas en medio de la tormenta, en 2020 cosemos mascarillas en plena pandemia.

Al tiempo que los operativos de emergencia a gran escala son la norma general, y la salud pública sigue siendo nuestra máxima prioridad, este es el momento crucial para que gobiernos y legisladores en todo el continente comiencen a diseñar el camino de Europa hacia la recuperación económica. Llegará el día después.

Hoy tenemos que hacer todo lo que esté a nuestro alcance para frenar al virus, mientras mitigamos sus impactos económicos; el día de mañana tendremos que relanzar la economía, sin debilitar nuestros esfuerzos para contener al virus.

Los niveles de endeudamiento del sector público están aumentado drásticamente, en momentos en que los Estados miembros batallan por proveer tanto a ciudadanos como a empresas de un balón de oxígeno. Esa es una necesaria, aunque insuficiente, respuesta fiscal al actual estado de emergencia.

Las medidas a escala de la UE apuntalan los esfuerzos nacionales al máximo nivel: al establecer un marco adecuado, relajando las normas de las ayudas estatales, activando la Cláusula de Escape General del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, y brindando apoyo directo a través de la reprogramación de los fondos de la UE.

La Iniciativa de Inversión en Respuesta al Coronavirus (CRII) nos ha permitido movilizar cada euro disponible en la Política de Cohesión. Brindamos ayuda inmediata y financiación para medidas que hagan frente a la crisis. Ya se han enviado mascarillas y respiradores a España, se han apoyado (medidas) para tele-trabajar y la enseñanza a distancia en Italia, se ha brindado ayuda de emergencia a Pymes en República Checa y Lituania, y en Portugal se están investigando, probando y desarrollando productos que puedan ser eficaces en la lucha contra la COVID-19.

Las fragilidades de antes se agravan ahora

No obstante, las necesarias respuestas de emergencia entrañan riesgos a medio y largo plazo si no están acompañadas por redes de seguridad adecuadas y sólidas a escala de la UE. A pesar de que el impacto final de este golpe simétrico externo es todavía incierto, ya está claro que hay un riesgo de recuperación asimétrica.

Los Estados miembros y las estructuras económicas de las regiones son muy diferentes, algunas dependen de sectores que podrían tardar más tiempo en recuperarse, como el turismo, el transporte o la cultura. El ritmo y dimensión de la pandemia se ha desarrollado de maneras diferentes en los 27 (socios).

Por otro lado, algunas regiones y Estados miembros disponen de abundantes recursos para apoyar a sus economías, mientras que a otros apenas les quedan recursos y han agotado el espacio fiscal para la inversión.

Las fragilidades y disparidades preexistentes suelen agravarse en tiempos de crisis. En las crisis del petróleo de los años 70, muchas regiones con economías basadas en los servicios se adaptaron rápidamente, y se desarrollaron en esa nueva realidad, mientras que algunas regiones (con economías) basadas en las manufacturas tuvieron que esforzarse durante décadas o más.

Un camino similar siguió a la crisis financiera de 2008: algunas regiones se recuperaron, otras solo lo lograron después de más de una década. En ambas crisis, los ajustes a largo plazo y la destrucción de empleo estuvieron ligados a la inestabilidad política y a un auge del populismo.

El mercado único, el gran activo de Europa

Los instrumentos paneuropeos serán fundamentales para compensar las diferentes capacidades nacionales. Eso no es una opción sino un imperativo, teniendo en cuenta la necesidad de salvaguardar nuestro mayor activo económico: el mercado único. Desde su establecimiento, se calcula que el mercado único ha incrementado el PIB de la UE en entre un 8 y un 9 %.

Su desaparición podría costar a algunos Estados miembros entre un 15 y un 20% de su ingreso real per cápita. Sus beneficios son muy superiores a las contribuciones de los Estados miembros al presupuesto de la UE.

Ya se han dado muchos pasos importantes a escala de la UE para responder a esta crisis. El programa de compras del Banco Central Europeo (BCE) supone un poderoso compromiso de parte de la política monetaria para proteger a la zona euro. Por el lado fiscal, el instrumento SURE ayudará a mantener puestos de trabajo y proteger a los trabajadores.

Líneas de crédito preventivas del MEDE, adecuadamente adaptadas a las circunstancias, apoyarán la financiación de gastos sanitarios directos e indirectos. La capacidad de préstamo del Banco Europeo de Inversiones (BEI) brindará respaldo a las empresas afectadas. No obstante, se necesita urgentemente un elemento adicional.

Potenciar la “resiliencia” a largo plazo de la Unión

Es preciso un Fondo para la Recuperación capaz de brindar inversión a gran escala y de promover la convergencia, para reactivar la economía y devolverla a la senda del crecimiento. Tendría que estar ligado al presupuesto plurianual (7 años) de la UE, que es ejemplo de los objetivos comunes de Europa, década tras década.

Un importante fondo de recuperación, lo bastante grande para las actuales necesidades, y un presupuesto de la UE reforzado capaz de brindar niveles sostenidos de inversión pública serán esenciales para la restauración, la recuperación y la “resiliencia” de nuestra Unión.
Esta reforzada capacidad financiera debería basarse en instrumentos innovadores ligados al presupuesto que no se agreguen a la deuda de los Estados miembros.

Al tiempo que el crédito ya está disponible, a través de diversos instrumentos, hay que reforzar el gasto focalizado, rápido e inteligente, mediante subvenciones. Ahí es donde tenemos que innovar para una recuperación económica sostenida, y para una salida cohesionada de la crisis.

Evitar una recuperación asimétrica

En este marco, las soluciones locales, regionales, que contribuyen a la cohesión y a la convergencia en toda la Unión, con un máximo apoyo financiero para los más vulnerables, son esenciales si queremos evitar el real peligro de una recuperación asimétrica, y de un desarrollo cada vez más divergente entre y dentro de los Estados miembros.

Con los paquetes de respuesta a la (crisis) del coronavirus, la cohesión ha demostrado una vez más su capacidad de adaptación y su importancia en períodos de crisis, como ha hecho en muchas otras ocasiones antes.

A pesar de ello, la cohesión es una política transformadora a largo plazo, con una capacidad demostrada para promover la convergencia social, económica y territorial. Si en plena emergencia el papel de la cohesión fue importante, en la recuperación será esencial.

En la senda de la recuperación, Europa tiene una tarea fundamental: volver a su esencia para poner los cimientos del futuro. Regresar a los principios básicos de nuestra Unión, como la interdependencia, la convergencia y la solidaridad, al tiempo que impulsa nuestro modelo económico y social y pone rumbo a un futuro más verde, digital y equitativo. La única forma de salir es juntos.