El Museo Etnológico expone la principal colección europea de pintura aborigen

Muestra sobre pintura aborigen en el Museo Etnológico de Barcelona

Parte de la exposición "Trazos.Pintura aborigen australiana: tradición y contemporaneidad" en el museo Etnològic i de Cultures del Món. EFE/Alejandro García

Barcelona (EuroEFE).- El Museo Etnológico y de Culturas del Mundo de Barcelona muestra por primera vez la colección europea más importante de pintura aborigen sobre corteza de eucalipto en la exposición «Trazos», dedicada a las obras del arte de los pobladores originarios de Australia.

La exposición, que se podrá visitar hasta el próximo 15 de mayo de 2022, tiene como punto de partida una amplia selección de pinturas sobre corteza de eucalipto de las colecciones que se conservan en el museo, realizadas en torno a los años 1960 y 1970, una parte propiedad del Ayuntamiento barcelonés y otra depositada en comodato procedente de la colección Folch.

El origen de estas piezas son las expediciones etnoantropológicas organizadas por el Museo Etnológico barcelonés en los años 60 y 70, en las que participaron el coleccionista Albert Folch y el escultor Eudald Serra, quienes viajaron junto con Margarita Corachán a Australia en 1964 y 1972.

La comisaria de la muestra, Estela Ocampo, ha destacado que esta exposición permite «contemplar, por primera vez, y de manera conjunta 58 pinturas sobre corteza de eucalipto que Folch y Serra adquirieron en sus viajes a Australia, especialmente en el primero.

Estructurada en tres ámbitos y precedida por un espacio introductorio, la exposición invita a la reflexión sobre el carácter de la pintura aborigen australiana y su imbricación con la escena artística internacional.

En la primera parte, se muestran las cortezas de eucalipto, «pinturas rituales» destinadas a ceremonias funerarias o de celebración, en las que los aborígenes utilizaron «pigmentos naturales, con predominio de los tonos ocres, amarillos y rojizos, además del blanco y el negro, generalmente extraídos de lugares que consideraban sagrados».

En estas pinturas rituales, los ‘artistas’ transcribían interpretaciones del mito del «Tiempo de los Sueños», denominación que ha acuñado la antropología para traducir un concepto, presente en muchas lenguas aborígenes, que alude al conjunto estructurado de mitos que fundamenta la religiosidad aborigen australiana.

Este ‘tiempo’, que, según Ocampo, nada tiene que ver con un mundo onírico, es «una dimensión de la realidad que alcanza el pasado, el presente y el futuro y que no ha cesado de existir» y remite a «un pasado ancestral».

Según las últimas teorías, los aborígenes habitan Australia desde hace unos 60.000 años, un largo período en el que han mantenido su propia cultura, si bien al mismo tiempo se han ido transformando a medida que diferentes acontecimientos, entre ellos, el colonialismo británico, les afectaban.

En el segundo ámbito, el visitante se encuentra con la primera reacción de los artistas aborígenes a una alteración de su manera de vida tradicional por el contacto con la sociedad occidental.

«Algunos artistas aborígenes, por influencia de la sociedad no aborigen y del mundo del arte, comenzaron a pintar sus motivos tradicionales, aunque desacralizados y reelaborados, con materiales de la pintura occidental (lienzos y pintura acrílica).

Señala la comisaria que con el estado australiano, heredero de la sociedad colonial, los aborígenes fueron obligados a abandonar la vida nómada y a instalarse en asentamientos, en uno de los cuales, Papunya, ocurrió un fenómeno de gran importancia para la pintura aborigen: «En 1971, llegó como maestro de la escuela el artista Geoffrey Bardon, que proporcionó material artístico a los aborígenes y los animó a trasladar a la tela sus motivos tradicionales».

Tras mucha deliberación entre el consejo de ancianos, comenzaron a pintar, de manera colectiva, escenas del Tiempo de los Sueños y la iconografía resultante estaba relacionada con las pinturas ceremoniales, los objetos y la pintura corporal.

Otros asentamientos se unieron a la experiencia, como Yuendumu, donde a diferencia de lo habitual, se desarrolló una pintura hecha por las mujeres del grupo, en muchas ocasiones con técnicas puntillistas, que pueden recordar al impresionismo europeo o incluso al posterior expresionismo abstracto.

El recorrido concluye con la reflexión crítica sobre la cultura aborigen de las obras contemporáneas de Brook Andrew y Judy Watson, que proponen narrativas alternativas y abren camino a una nueva aproximación a la cultura tradicional a partir de la crítica al pasado colonial australiano y a los comportamientos neocoloniales en general.

Editado por Sandra Municio