Agricultura biológica en Polonia: un camino plagado de obstáculos para los agricultores

Polonia

Imagen de archivo de un cultivo ecológico en Polonia. [Foto: Maarten van den Heuvel/Unsplash]

Varsovia (EURACTIV.pl).- El objetivo de la agroecología, según la declaración del Foro Internacional de Agroecología, es encontrar formas de recuperar el sistema alimentario que fue destruido por la agricultura industrial. Pero en Polonia parece que hay demasiados obstáculos para garantizar el éxito en ese objetivo.

En 1989, quienes ganaban el salario medio en Polonia podían comprar 68 kilos de azúcar u 11 kilos de jamón. Hoy en día se podrían comprar unas dos toneladas de azúcar o 300 kg de jamón. Los consumidores pueden comprar mucho más, y tienen una amplia oferta.

Pero los expertos aseguran que ese sistema puede ser ya insostenible, y la pandemia de coronavirus, con la suspensión de las cadenas de suministro, ha puesto de relieve la magnitud del problema.

El cierre de las fronteras en la Unión Europea (UE) aumentó la presión sobre los agricultores. En Polonia, debido a la pandemia, los temporeros ucranianos no pudieron venir a trabajar en el campo.

Sin embargo, a pesar de las dudas sobre si los clientes dejarían de comprar productos orgánicos -más caros- por la crisis económica provocada por la pandemia, eso no ocurrió. El interés en la agricultura orgánica aumentó.

“Es una pena que tuviera que producirse algo así para aumentar el interés por nuestro trabajo”, asegura Monika Styczek-Kuryluk, experta en agricultura orgánica, quien junto con su esposo Robert dirige una granja ecológica de 33 hectáreas en la “voivodía” de Lubelskie.

“Varios factores contribuyeron a acrecentar el interés de los consumidores: la interrupción inicial de las cadenas de suministro mundiales, el problema en la compra de algunos productos clave y, por último, que se le preste ahora mucha más atención a la compra de productos más sanos y seguros”, aseguró Styczek-Kuryluk a EURACTIV.pl, socio de EFE.

Ella es la fundadora y presidenta de la Fundación Pequeño Gran Cambio, que se ocupa sobre todo de la educación agro-ecológica y apoya el desarrollo de granjas ecológicas en Polonia. También es miembro de la Asociación de Productores de Alimentos con Métodos Ecológicos EKOLAND.

La granja Styczek-Kuryluk no utiliza pesticidas, fertilizantes procesados ni combustibles fósiles: y hay más de 200.000 explotaciones de este tipo en toda la UE.

“La agroecología protege el suelo mejor que la agricultura convencional. Con los métodos ecológicos, el suelo descansa más tiempo gracias a la mayor rotación de cultivos”, explica Styczek-Kuryluk. Sin embargo, se pregunta: “si no son más que beneficios, ¿por qué la mayoría de los agricultores siguen prefiriendo la agricultura convencional?”.

La agroecología, en alza en la UE

Según un informe publicado por Eurostat en 2018, la Unión Europea contaba con 13,4 millones de hectáreas dedicadas a la agricultura ecológica, con las mayores superficies de cultivos ecológicos en España, Italia y Francia.

La superficie total de cultivo ecológico en la UE aumentó un 70% en los últimos diez años y las ventas al por menor de productos ecológicos alcanzaron los 34.000 millones de euros en 2017, según datos de la Comisión Europea.

Hasta hace poco, muchos en Polonia consideraban los alimentos orgánicos como una curiosidad exótica. Sin embargo, hoy en día, junto con el aumento de la conciencia de los consumidores, ha comenzado a ganar fuerza.

Mientras que la agricultura orgánica se caracteriza por una eficacia un 20% menor que la agricultura intensiva convencional, según Ewa Rembiałkowska, investigadora de la Facultad de Nutrición Humana de la Universidad de Ciencias de la Vida de Varsovia, en el mercado actual, los agricultores son capaces de producir suficientes alimentos orgánicos sin necesidad de ampliar las áreas de cultivo existentes.

Sin embargo, la utilización de productos orgánicos en Polonia ha sido lenta pero a ritmo constante.

En 2016, menos del 4% de los nuevos productos alimenticios y bebidas introducidos en el mercado polaco fueron etiquetados como “alimentos orgánicos”. Pero en 2020, esa cifra ha aumentado hasta el 20%.

Al mismo tiempo, el 46% de los consumidores polacos ya consideran que los ingredientes naturales son el criterio más importante a la hora de elegir los alimentos. Para los consumidores locales hay cuestiones fundamentales a la hora de elegir, por ejemplo, el bajo contenido de azúcar (33%), grasa o sal de un producto, como muestran los resultados de una encuesta de Mintel y BNP Paribas.

La gente está prestando más atención al contenido de las etiquetas, la composición y los métodos de producción, buscando ingredientes simples y “sanos” y alimentos que no estén “ultraprocesados”.

La agricultura industrial y las importaciones baratas obstaculizan los avances

Pero incluso teniendo en cuenta el positivo cambio de costumbres de los consumidores, la rentabilidad de la agricultura ecológica en Polonia no está garantizada.

“No es nada fácil”, explica Monika Styczek-Kuryluk, al tiempo que agrega que las cadenas de venta al por menor en Polonia prefieren importar productos del extranjero que comprar a proveedores nacionales

“Animo a quienes no creen en esto (la agricultura “bio”) a que hagan una pequeña prueba. Visiten cualquier tienda. Seleccionen una docena de productos y comprueben sus etiquetas. La gran mayoría – puedo asegurarle – brindan información sobre un país de producción extranjero. Esta situación, la falta de interés en las redes comerciales, obliga a los agricultores a buscar otros puntos de venta no tradicionales”, asegura.

El éxito comercial de los agricultores orgánicos también está determinado por su eficacia en el uso de las nuevas tecnologías para la creación de redes, la comercialización e incluso la venta directa. La pandemia de coronavirus es un buen ejemplo de todo ello.

“Si un agricultor no mantiene su propia red de contactos, la plataforma a través de la cual estará en contacto con el cliente puede fallar. El interés por los productos orgánicos sigue creciendo, pero el mercado es pequeño en comparación con los cultivos convencionales”, subrayó Monika Styczek-Kuryluk.

También hay cooperativas de alimentos en Polonia que permiten a los agricultores llegar directamente a los clientes, sobre todo a los que viven en las ciudades. Así, la familia Styczek-Kuryluk trabaja con varias cooperativas de Varsovia, Cracovia y Lublin.

“En Polonia todavía no se saben gestionar los recursos humanos que se dedican a la agroecología. Somos una minoría y no estamos en el centro de la atención de las autoridades”, se lamenta.

También hay una percepción acerca de que la UE puede no estar ayudando lo suficiente a los agricultores ecológicos. “Hace diez años, cuando empecé con esto, era muy optimista sobre todas las políticas de la UE y los cambios propuestos (en el sector “bio”). Las veía como una oportunidad para cambiar las costumbres a escala macro”, opina Styczek-Kuryluk.

Sin embargo, con el paso del tiempo, empezó a notar que cada concepto sucesivo aportaba pocos cambios a una cuestión fundamental para los agricultores: la venta de sus productos.

“La agricultura orgánica sigue perdiendo frente a las empresas de producción en masa a gran escala que cultivan de forma extensiva y son hostiles a la biodiversidad y la naturaleza”, subraya.

En su opinión, la Política Agrícola Común (PAC) de la UE tiene muchas ventajas bien conocidas, pero también algunos inconvenientes.

Las ventajas incluyen la apertura de las fronteras al flujo de mercancías dentro del mercado interno de la UE; el desembolso de subvenciones; la creación de un sistema de compensación por desastres naturales; la introducción de un etiquetado obligatorio de los alimentos, la mejora de la calidad de la producción vegetal en la agricultura biológica y, por último, el aumento del nivel de vida de los agricultores.

Algunas de las principales desventajas para los agricultores de la agricultura biológica son: una burocracia excesiva; el pago de subsidios por hectárea, que no apoya adecuadamente a las explotaciones agrícolas ecológicas; una marcada disminución de la biodiversidad en la agricultura; la subvención de la ganadería industrial o un apoyo insuficiente a la agricultura biológica, según asegura.

“Los agricultores orgánicos necesitan, sobre todo, confianza en sus actividades, y no trabas burocráticas, como suele ocurrir con los organismos de certificación. Un producto de mala calidad pasa rápidamente por el exigente filtro del mercado, pero los funcionarios que están detrás del mostrador están convencidos de que saben mucho mejor que nosotros a qué nos tenemos que enfrentar cada día”, se lamenta Monika Styczek-Kuryluk