Contra todo pronóstico, el hotel familiar es el campeón de la sostenibilidad en Croacia

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Petar Curlin, propietario de Villa Dvor, con peces frescos del río Cetina. [Vojko Basic / CROPIX]

Zagreb (EURACTIV.hr) .-A la entrada de la ciudad adriática de Omiš, justo al lado del pintoresco cañón del río Cetina, hay un acogedor hotel familiar encaramado sobre un acantilado. Pero Villa Dvor no es una villa costera cualquiera. Es una especie de pionera, basada en la agricultura orgánica y el concepto de autoabastecimiento.

Guiados por la idea de que “es difícil engañar a las papilas gustativas”, la familia Ćurlin antepone la calidad de sus productos a cualquier otra cosa. Todos los alimentos que sirven a sus invitados provienen de su cosecha de productos orgánicos. El lugar de compostaje con lombrices de California, a cargo de la elaboración de humus está el jardín, cerca del hotel.

Pero eso es sólo una parte pequeña de su peculiar actividad de economía circular. Ante Ćurlin, el hermano menor del propietario, Petar, dirige una granja familiar en Srijane, un pueblo cerca de Omiš. Crían pollos y ovejas pero se enorgullecen especialmente de sus cerdos, y del hecho de que su jamón es un producto enteramente original de Dalmacia.

El padre, Petar, es el principal chef del conocido restaurante “Knez”. También es economista y profesor en la Facultad de Split, así como un miembro activo de las asociaciones de turismo tanto a escala local como nacional.

Proviene de una familia de propietarios de restaurantes, pero también da una mano en el instituto de bachillerato de Omiš para que muchos futuros chefs de la zona comiencen su formación profesional bajo su experta supervisión.

“Nuestros huéspedes vuelven sobre todo por la comida y el ambiente familiar. Todos ellos están familiarizados con el concepto de sostenibilidad, así como con nuestra etiqueta de ‘hotel eco-familiar'”, declaró Petar a EURACTIV.

“Nunca olvidaré a uno de nuestros huéspedes de Francia, que probó nuestros tomates de cosecha propia y gritó: ¡No había sentido este sabor en los últimos 65 años! Nuestros huéspedes daneses vienen varias veces al año, sólo por la comida”, explica el propietario, y añade que su hotel emplea principalmente a personal local, y algunos de ellos han estado trabajando allí durante más de 30 años, explica.

En cuanto a la electricidad, el hotel es 100% autosuficiente. Se han instalado generadores eléctricos de energía solar de 24 KW en el tejado. Con la ayuda de la Facultad de Electrotécnica de Split, los propietarios también han patentado un “ascensor de calor”, que mantiene la temperatura del hotel con la ayuda del río Cetina, cuya agua es empujada por una bomba patentada hasta la sala de máquinas del hotel.

El hotel también tiene un sistema que recupera el calor de los aires acondicionados y lo utiliza para calentar el agua corriente.

Matej, el menor de cuatro hijos, explica hasta qué punto la palabra “familia” es el término que lo domina todo en Villa Dvor. Un excelente cocinero, a menudo ayuda a su padre en la cocina del hotel, pero también trabaja en la recepción y lleva el equipaje de los huéspedes.

Su madre Marija, conocida por sus deliciosos pasteles, se encarga de los desayunos. El hijo mayor, Stipe, se parece a su padre en su capacidad de innovación, mientras que otro hijo, Ante, se encarga de las ventas.

Todo funciona ahora como un reloj, aunque los comienzos fueron muy difíciles, sobre todo por la falta de suficiente apoyo de las autoridades locales.

Ha sido un largo camino que se inició con la compra de un edificio construido en 1937 en una subasta pública hace 20 años, después de que nadie más mostrara interés, hasta lograr ahora tener un negocio familiar bien cuidado.

El concepto de sostenibilidad, dice Petar, ha formado parte de su visión de la vida desde su más tierna infancia debido a su educación rural, en la que nada se desperdicia y que eligió transmitir al resto de la familia.

Primeros esfuerzos en pro de un turismo sostenible

Sin embargo, Villa Dvor es uno de los muy pocos ejemplos de verdadero turismo sostenible en Croacia, aunque el término se utilice con frecuencia en todos los documentos estratégicos y planes de acción como pilar económico del país.

El turismo genera casi el 20% del PIB de Croacia, pero sigue basándose principalmente en los hoteles de turismo de masas, muchos de ellos construidos durante la etapa comunista, y en el alojamiento privado, y ha habido pocos planes concretos para conseguir establecimientos de estilo familiar sostenibles.

Un camino plagado de dificultades

En la práctica, depende de quienes proporcionan los alojamientos decidir cómo, y en qué medida, desean ajustarse a las directrices del turismo sostenible. Muchos se quejan de que algunos puntos de esas normas son muy costosos y demasiado complejos de aplicar.

“Para mí, el mayor problema son los enormes préstamos que los empresarios tienen que solicitar para iniciar un negocio de este tipo. Cuando estás endeudado, no puedes permitirte dedicar tu tiempo a consideraciones a largo plazo, diriges tu negocio donde el retorno de la inversión es más rápido”, explica Petar Ćurlin.

Para los hoteleros privados de lugares remotos y rurales, o los que se encuentran en las numerosas islas de Croacia, otro desafío importante son las opciones muy limitadas de adquisición y gestión de desechos.

Y después de haber hecho tantos esfuerzos para ser “sostenibles”, la mayoría de ellos se preguntan si pueden obtener algún beneficio si apuestan por un negocio sostenible.

“Hoteles como Villa Dvor pueden ser rentables si logran llegar a un sector específico de huéspedes que estén dispuestos a pagar ‘unos pocos céntimos extra’ por el alojamiento en lugares sostenibles. Hay clientes interesados en ese nicho de mercado, pero la mayoría vienen del extranjero”, asegura Neda Telišman-Košuta del Instituto de Turismo de Croacia.

“Dado que Croacia es una mala alumna en cuanto a la aplicación de sus propias estrategias, lamentablemente hemos llegado a un punto en el que el término ‘turismo sostenible’ se traduce, sobre todo, en promesas vacías. Se ve sobre el papel, pero no se constata en la vida real”, añade, al tiempo que subraya la importancia del equilibrio entre los tres pilares de la sostenibilidad: la economía, la sociedad y el medio ambiente.

“Para mantener la economía sostenible, los componentes sociales y ambientales suelen sufrir. Es un fenómeno mundial, cuyo ejemplo más evidente es el cambio climático”, subraya Telišman-Košuta.

Explica que el turismo croata se guía por indicadores económicos, como las llegadas, las pernoctaciones y el consumo, en medio de la creciente presión por alcanzar niveles cada vez más elevados en cada temporada, a expensas del medio ambiente.

El mayor desafío para el turismo croata, según ella, está en cómo se ocupa el espacio.

“El turismo destruye agresivamente el medio ambiente, pero sólo si se le permite hacerlo. Tiende a gravitar hacia lugares que son atractivos por su belleza natural. Al mismo tiempo, paradójicamente, destruye esos hábitats si no se respetan unas normas básicas”, asegura Telišman-Košuta, quien añade que otros países mediterráneos sufren el mismo problema.

Construcción no regulada

Sin embargo, uno de los problemas más dolorosos que sufre Croacia es el de la construcción no regulada en las llamadas “zonas de construcción”, que por lo general no se ajustan a los requisitos y capacidades de las infraestructuras locales.

“Con las unidades de alojamiento que crecen rápidamente, tenemos que preguntarnos si tenemos suficiente agua, electricidad, alcantarillado y plazas de aparcamiento para la demanda añadida durante la temporada alta”, explica Telišman-Košuta.

¿Cómo solucionar este problema? Según el experto en turismo, es algo muy difícil.

La solución, asegura, “tiene que venir desde el Estado y sus políticas. Dado que las reformas fiscales son una herramienta muy impopular, especialmente en Croacia, donde se ha fomentado el alquiler como una forma de política social, nadie está interesado en abordar el tema”, afirma.

No obstante, cree que hay espacio para un optimismo cauto, porque “las tendencias están cambiando” y “los clientes están cada vez más orientados a la sostenibilidad”, sostiene.

Petar Ćurlin está de acuerdo.  Cree que los huéspedes con sensibilidad medioambiental son ahora cerca del 5% del total de turistas, pero podrían alcanzar hasta un 30 o 40% en los próximos 15 años.

“Esta pandemia mundial ha sido muy mala, pero uno de sus efectos útiles es que la gente ahora es más consciente de que vivir con la naturaleza, y en la naturaleza, trae progreso. Creo que veremos un gran cambio en la toma de conciencia sobre esto”, explica.