El viaje para restaurar la naturaleza de Europa puede comenzar

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El Vicepresidente Ejecutivo de la Comisión Europea Frans Timmermans (i) y Virginijus Sinkevičius, Comisario de Medio Ambiente, Océanos y Pesca (d). EFE/EPA/STEPHANIE LECOCQ

Frans Timmermans es Vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea y Virginijus Sinkevičius es comisario de Medio Ambiente Océanos y Pesca.

En un complejo contexto marcado por la guerra de Ucrania y la escasez de alimentos, la Unión Europea (UE) debería redoblar esfuerzos para garantizar la seguridad alimentaria, trabajar para reducir la contaminación, desarrollar suelos sanos y dar a la naturaleza espacio para prosperar, aseguran el vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea Frans Timmermans y Virginijus Sinkevičius, comisario de Medio Ambiente, Océanos y Pesca.

Tras la invasión rusa de Ucrania, se han producido llamamientos para frenar propuestas emblemáticas de la Unión Europea en materia de biodiversidad y sostenibilidad. “Es el momento de producir más alimentos, no menos».

Si ignoramos la idea equivocada según la cual la producción sostenible equivaldría a menores rendimientos y menos alimentos, esos argumentos pasan completamente por alto que las mayores amenazas para la seguridad alimentaria son el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

El ataque deliberado de Rusia a las reservas de grano nos recuerda la fragilidad del suministro mundial de alimentos y la necesidad de aumentar la capacidad de resistencia de Europa. Por ello, para garantizar la seguridad alimentaria, tenemos que trabajar para reducir la contaminación, desarrollar suelos sanos y dar a la naturaleza espacio para prosperar.

La restauración de la naturaleza forma parte de ese planteamiento.

Pero la naturaleza no goza de buena salud. Décadas de actividad humana han puesto a prueba el equilibrio (natural) y nos han colocado en una senda negativa de pérdida de biodiversidad. En los últimos 30 años estas actividades han transformado ampliamente nuestros paisajes. Las actividades agrícolas y forestales han sido cada vez más intensivas, las ciudades y las infraestructuras ocupan cada vez más espacio, desplazando sin pausa a la naturaleza.

Los seres humanos dependemos de la naturaleza, mucho más de lo que pensamos. Los árboles limpian literalmente el aire contaminado y refrescan nuestras ciudades. Los ecosistemas filtran el agua que bebemos. Los humedales son esponjas naturales que absorben el exceso de lluvia para evitar inundaciones. Los árboles y los suelos almacenan enormes cantidades de carbono. Y cuando caminamos por los bosques, nuestro sistema inmunitario y nuestro bienestar general se refuerzan.

La naturaleza nos restaura. Ahora es el momento de devolverle el favor.

Durante los últimos 30 años, la legislación de la UE sobre la naturaleza ha girado en torno a la conservación. Hemos reservado zonas protegidas para gestionarlas de forma sostenible. Nos trajo Natura 2000, la mayor red conectada de zonas protegidas del mundo, que cubre más del 18% del territorio europeo.

Pero esos 30 años también han desvelado los límites de la conservación. La naturaleza sigue disminuyendo, dentro y sobre todo fuera de esas áreas protegidas. Es hora de adoptar un nuevo enfoque. Es hora de hacer que la restauración de la naturaleza sea legalmente vinculante.

En toda la UE hay grandes ejemplos en los cuales fijarse. Las canteras de grava en desuso de La Bassée (Francia), recuperadas para proporcionar humedales con biodiversidad y protección contra las inundaciones corriente arriba en París. El río Vindel, en Suecia, ha recuperado su caudal para mejorar la calidad del agua y proporcionar zonas de desove para los peces. Y el parque paisajístico de Emscher, en Alemania, que pasó de ser una zona industrial muy contaminada a un gran parque plagado de senderos forestales, pasarelas, arboretos y jardines para descubrir.

Restaurar la naturaleza es una de las inversiones más sabias de la sociedad. Los agricultores se benefician de un mejor suelo y una polinización constante, las comunidades tienen mejor protección contra las inundaciones, agua limpia y ciudades más frescas, los pescadores se benefician de la recuperación de las poblaciones de peces y los silvicultores tienen bosques más resistentes.

Invertir en la restauración es la solución más inteligente: cada euro gastado en la restauración de la naturaleza multiplica al menos por ocho su valor en cuanto a beneficios.

La restauración también es crucial para la seguridad alimentaria. Los agricultores ya están sufriendo los efectos de la pérdida de naturaleza, con determinado grado de degradación del suelo que golpea ya a casi el 75% de las tierras agrícolas. La erosión está causando pérdidas de casi 3 millones de toneladas de trigo y 600.000 toneladas de maíz cada año. Y dado que casi 5.000 millones de la producción agrícola de la UE dependen directamente de la polinización por insectos, el declive de las poblaciones de polinizadores supone un riesgo financiero cada vez mayor para los agricultores que cultivan productos que dependen de ellos.

La restauración puede reparar ese daño, y de manera rápida. Las bandas de flores, los setos y los elementos del paisaje, especialmente cuando se combinan con un menor uso de pesticidas químicos, tienen un impacto rápido y positivo en la polinización. Los muros de piedra, los márgenes de hierba y los elementos que atrapan los sedimentos en los límites de los terrenos agrícolas pueden contrarrestar la erosión del suelo.

Y, por supuesto, la restauración de la naturaleza aporta enormes ventajas para el clima. La naturaleza es nuestra mejor «tecnología» de eliminación de carbono. Nada elimina el carbono de la atmósfera de forma más eficaz y barata que los bosques, los humedales y los mares. Por eso debemos centrar nuestros esfuerzos en los ecosistemas con mayor potencial para eliminar y almacenar carbono. Sabemos lo importantes que son las soluciones que se basan en la naturaleza. La tarea ahora es ponerlas en práctica.

Cuanto más esperemos, más problemas se acumularán para el futuro.

Las crisis del clima y de la biodiversidad amenazan los cimientos de nuestra vida en la Tierra. Esta nueva ley de restauración de la naturaleza es un gran paso adelante para atajar la pérdida de biodiversidad, reparar los daños del pasado y fortalecer nuestra naturaleza para el futuro. La ciencia nos dice que lo necesitamos, los ciudadanos nos piden que lo hagamos: es hora de que los políticos actuemos.