Fernando Ferrando: «Mantener las nucleares españolas es hipotecar a las generaciones futuras»

Fernando Ferrando habla sobre las centrales nucleares

Fernando Ferrando, presidente de la Fundación Renovables, en una imagen de archivo. [Fotografía: Fundación Renovables]

Madrid (EuroEFE).- Fernando Ferrando, presidente de la Fundación Renovables, considera que una de las tantas ventajas de las energías renovables es que están “en todas partes”, y en ese sentido apuesta a que en no demasiado tiempo serán la base del suministro energético.

En entrevista con EuroEFE, Ferrando, Ingeniero Superior Industrial y Licenciado en Ciencias Económicas, subraya por otro lado que aunque la nuclear puede desempeñar un papel, “mantener el parque nuclear (español) significa generar residuos radioactivos, y eso supone una hipoteca para las generaciones futuras”.

Quizás haya algún desinformado o despistado que pueda, a priori, pensar que, entre otras tareas, ustedes hacen cabildeo o “lobby” en favor de sus posiciones…

Nada de eso. La Fundación se creó en 2010, y  está adscrita a personas. No puede haber ninguna empresa que esté ni en el patronato ni tenga ningún cargo o representación, lo cual garantiza claramente nuestra independencia. Nuestro objetivo principal es intentar cambiar la cultura de la energía en España, favorecer la eficiencia y promover las renovables, obviamente.

Hemos elaborado multitud de informes sobre política energética, sobre desarrollo energético urbano y rural, infinidad de hojas de ruta, estrategias en todo tipo de actividades, pero no como “lobby”, sí como mecanismo para comunicar una nueva manera de ver la política energética. Y, desde luego, no somos un “lobby”, no defendemos a ningún sector.

¿Dónde se sitúan las renovables en el marco de la nueva estrategia climática de la UE, y con el Pacto Verde?

El paquete de invierno y el Fit 55 de la Comisión Europea deja muy claro que el futuro de la cobertura de nuestras necesidades energéticas tiene dos pilares: por un lado la eficiencia, y por otro las renovables.

Eso no es discutible, ni a afectos tecnológicos ni económicos, aspectos ambos en los cuales la generación de electricidad con renovables es mucho más barata que con cualquier otra opción, en condiciones normales, obviamente.

El papel clave de las renovables no es una aspiración o un deseo, es una realidad tangible, y, con la proyección que sea, más pronto que tarde, serán la base del suministro energético, es una obligación.

Se habla mucho del hidrógeno “verde”, ¿cómo encaja en el debate sobre sostenibilidad?

En el debate en torno al hidrógeno tenemos que ser cautos. Si se me permite el ejemplo casero: el hidrógeno es, por así decirlo, la guinda del pastel, pero no el pastel en sí mismo.

El hidrógeno, como vector que no es natural y que habrá que producir por hidrólisis del agua a través de la electricidad, puede cubrir algunas necesidades. Me refiero, por ejemplo, a la alta demanda, el almacenamiento o la gestión.

Pero no podemos perder de vista la derivada económica de la producción de hidrógeno con electricidad, y también que en estos momentos, y en el contexto de la reciente presentación por Bruselas de la taxonomía verde, detrás del hidrógeno hay un interés en usar el gas natural y fomentar el “blending” (mezcla de hidrógeno “limpio” con gas natural), para dar salida al gas natural, no para producir hidrógeno.

Y ahora que desde hace unas semanas se habla tanto de la nuclear, como fuente «sostenible», ¿lo es de verdad?

La energía nuclear tiene los pies de barro en relación sobre todo con la construcción de nuevas centrales. Los tres últimos ejemplos que tenemos (Flamanville III, en Francia, Hinkley Point C, en Reino Unido, y Olkiluoto 3, en Finlandia) han demostrado que, desde el punto de vista económico y operativo, ha sido un desastre de planificación. Hablamos de casi 15 años desde su construcción, y con unos precios de electricidad, el día que funcionen, muy por encima de 6 o 7 veces lo que sería el coste de generación de renovables. Hablamos de una tecnología que en la actual configuración, en nuestra opinión, no tiene futuro.

Cuando hablamos de las centrales que tenemos en funcionamiento en España, hay que decir que la nuclear no es una fuente fácilmente gestionable. Las centrales nucleares no pueden regular carga salvo pequeños porcentajes (…), con lo cual compiten directamente con tecnologías fluyentes de carácter renovable.

Por otra parte, lo que sí está muy claro, y así  lo hemos manifestado, y es algo tangible y demostrable, es que esa capacidad de generación nuclear se puede sustituir perfectamente acelerando los procesos de implantación de las renovables. Me refiero a subastas, o, por ejemplo, al fomento del autoconsumo, de las comunidades energéticas.

Tenemos una pequeña señal en ese sentido, en el último Real Decreto Ley, exigiendo a las distribuidoras propietarias la misma matriz de las centrales nucleares, y que no sean tan estrictas, o que al menos contesten a los requerimientos de capacidad de evacuación. Con lo cual, no las vemos necesarias.

Por otro lado, mantener las centrales nucleares en funcionamiento significa hipotecar el futuro. Significa, como hemos visto en los análisis del Tribunal de Cuentas, o en los planes de gestión de residuos de Enresa, que cada vez tenemos más agujeros para poder recaudar el dinero del tratamiento de los residuos.

Mantener el parque nuclear español equivale a generar residuos radioactivos, y eso supone una hipoteca para las generaciones futuras. En nuestra opinión, la ampliación que por parte del actual gobierno se dio a la vida útil de las centrales, ni era necesario ni ha sido una buena idea.

¿El Pacto Verde de la UE es realista, factible, o una visión  bienintencionada?

Creo que el Pacto Verde es absolutamente realista. Respecto a los objetivos de las renovables, el texto se queda corto. Algunos países, entre ellos España o Alemania o algunos nórdicos, han dicho que esos objetivos en renovables podrían haber sido mucho más ambiciosos.

Si tomamos como punto de referencia el 55% de reducción de emisiones con respecto al que marca la Ley de Cambio Climático española -un exiguo y ridículo 23%- esos objetivos de la UE están a años luz.

Esto nos debería llevar a una reflexión: ¿Cómo es posible si tenemos objetivos energéticos mucho más exigentes, tengamos un resultado de emisiones mucho peor? Y eso es así –fundamentalmente- por una sencilla razón: España quiere cambiar el modelo de oferta, pero no quiere tocar el modelo de demanda.

Un ejemplo: si sigo apostando por la combustión, aunque sea de biomasa, a escala local seguiré emitiendo. Si apuesto por la electricidad de fuente eólica, fotovoltaica (…) voy a dejar de emitir.

El Pacto Verde nos parece realista en materia energética, de emisiones, y de eficiencia. Y cuando digo realista, me refiero no a un simple deseo.

¿Cómo afecta la actual situación en Ucrania a la “Realpolitik” de la energía?

En cuestión energética, la Unión Europea esté sujeta a movimientos geoestratégicos sobre todo con el gas natural, que está poniendo en duda la competitividad de la economía europea y la cobertura de nuestras necesidades básicas, por la extrema dependencia de combustibles que no tenemos en Europa.

Y en ese sentido, todos los parámetros van en la misma dirección: tecnológica, industrial e incluso de  oportunidad geoestratégica, y más en estos momentos con el “tour de force” de (el presidente ruso) Vladimir Putin con el gas, o con otros factores como el suministro de gas (a España) desde el norte de África.

Que el suministro energético de una región tan importante como la UE esté en manos de –digamos- personas o dirigentes de dudoso carácter democrático no me parece una buena idea.

Volvamos al reiterado (y crónico) lastre de la falta de interconexiones en la península…

Una de las grandes ventajas de las energías renovables, y sobre todo, de la solar, es que está en todos los sitios, con lo cual esa mácula o etiqueta que siempre nos ponen cuando se refieren a la península ibérica como una “isla energética” no nos afecta en la misma medida. Es verdad que somos una “isla”, y que no estamos cumpliendo (los objetivos) de interconexiones, pero no por voluntad propia, y sobre todo, respecto a Francia.

Pero,por otro lado, el funcionamiento y la explotación de las renovables no pasa exclusivamente por un intercambio con el exterior. Hasta la fecha hemos actuado en materia energética como si fuésemos los ricos del planeta.

En caso de demanda, disponemos de una macro-oferta flexible y abundante, y la va a cubrir. Si le das al interruptor, la luz se enciende. ¡Muy bien! ¡Pero nunca nos planteamos que la demanda pudiera ser gestionable, es decir que se adaptara a las condiciones de la oferta!

Esta es la realidad del futuro. De hecho, el vehículo eléctrico va a ser uno de los sistemas para la gestión del sistema eléctrico. ¿Por qué? Porque un millón de vehículos eléctricos equivalen a todas las centrales de bombeo que tenemos actualmente en España.

Esas reglas se traducen en que te tienes que adaptar a la oferta, venga de fuera o  de dentro, y hay que adaptarse a la demanda. El que tu termostato en casa pueda tener un grado más o menos es un elemento de influencia importante para gestionar todo el sistema.

Es verdad que necesitamos mejorar mucho las  interconexiones, puesto que constituyen un elemento de garantía. Si España tuviera un 10% de interconexiones, como marcan los compromisos adquiridos (de interconexión de la potencia demandada) significaría que yo tendría un 10%  de una “central virtual” a mi disposición.

¿Y el papel de las redes eléctricas?

Si desde la demanda puede haber fluctuación, y puedo vender energía o almacenarla en mi coche e intercambiarla con la red eléctrica, tanto comprar como vender, lo que está claro es que le tenemos que pedir que esas redes estén automatizadas, digitalizadas. Y hay que invertir, sobre todo, en las redes de distribución para que permitan estos juegos bilaterales entre oferta y demanda.

En las actuales estrategias de planificación se menciona que España necesitaría 40.000 millones de euros no solo en subestaciones, también en redes y automatización: el futuro pasa por ahí.

En nuestra opinión, el gran error del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) es que no considera que la electricidad tenga que ser el vector energético del futuro, y apunta a un objetivo para 2030 del 27%. Nosotros, como Fundación, queremos un 50%.

Consumir electricidad, o electrificar la demanda, supone: 1) eficiencia (clima, vehículo eléctrico…que consumen una tercera parte del total); 2) producción más barata, con las renovables; 3) ventaja de no emitir (gases de efecto invernadero); 4) autonomía al consumidor.

Por poner un ejemplo, si Madrid tuviera un consumo 100% eléctrico, las emisiones serían “0” a nivel energético (al margen de cualquier proceso, por ejemplo, agrícola, ganadero o industrial).

En el PNIEC la electricidad partía de un valor del 25 % para llegar al 27%: ¡una propuesta ridícula! Y, para colmo, de ese 25% hemos perdido tres puntos, y estamos ahora en el 22%. Pero no es solo eso: producir electricidad por el sistema “marginalista” marca el precio del gas (…), con lo cual a quien tienes que sustituir, o quitar del mercado, es precisamente quien acaba marcándote los precios a ti: ¡mal negocio hemos hecho, muy malo!

Este artículo forma parte de una serie de reportajes sobre el tema  energético en el marco del Sistema Paneuropeo para el Uso Coordinado y Eficiente de las Flexibilidades para la integración de una gran cuota de renovables (EU-SysFlex). Está financiado por el Programa Marco de Investigación e Innovación de la UE Horizonte 2020 dentro de la convocatoria H2020-LCE-2016-2017. 

EU-SysFlex investigará el despliegue de las energías renovables en las redes eléctricas de toda Europa. El proyecto cuenta con la participación de 34 organizaciones de 15 países de toda Europa e incluye operadores de sistemas de transmisión de electricidad, operadores de sistemas de distribución, proveedores de tecnología, fabricantes, universidades y centros de investigación. 

El objetivo del proyecto es crear una hoja de ruta a largo plazo para la integración a gran escala de las energías renovables en las redes eléctricas, así como proporcionar asistencia práctica a los operadores de sistemas eléctricos de toda Europa.