Mariano Marzo: «la transición energética en la UE debe ser realista, con objetivos de sostenibilidad verificables»

Mariano Marzo Carpio habla sobre la transición energética en la UE

Mariano Marzo Carpio, en una imagen de archivo. [Fotografía: Repsol]

Madrid (EuroEFE).- Mariano Marzo, director de la cátedra “Transición Energética» de la Fundación Repsol-Universidad de Barcelona, considera que en lugar de generalizar con el concepto de “energía verde”, sería más adecuado centrarse en el concepto de la sostenibilidad energética, un reto que, al margen de las buenas intenciones de la Unión Europea (UE), debería sustentarse en un claro compromiso de inversiones en I+D+I.

Marzo, uno de los mayores expertos en cuestiones de energía en España, y la UE, aclara, en entrevista con EuroEFE, que habría que ir más allá de esa dialéctica “verde”, y reforzar los objetivos del Pacto Verde de la UE  con más investigación y ciencia, pautando una hoja de ruta realista y precisa, cuyos progresos fueran verificados y evaluados regularmente.

Parece que usted no es muy aficionado a las etiquetas…

No es eso. Pero creo que tenemos que olvidarnos de esta etiqueta de “verde”, y utilizar el de sostenibilidad energética. En realidad se trata de un triángulo con tres vértices, o de una batalla con tres frentes. Uno de esos frentes es el medio ambiente, tanto a escala global, con el combate contra el cambio climático, como a nivel local, con la mejora de la calidad del aire en nuestras ciudades.

Otro sería el vértice económico,  tanto a nivel macro como micro.

En el primero de esos niveles, si eres dependiente de la importación de tus recursos energéticos, vas a tener problemas porque una parte importante de tu presupuesto como país se te va a ir en la importación de estos bienes, lo cual te desequilibrará la balanza de pagos. Y la escala micro engloba desde la pobreza energética, o sea ciudadanos que no pueden pagar la factura energética, hasta la competitividad de nuestras empresas, sean pequeñas o más grandes.

Ya tenemos dos vértices: medio ambiente (“environment”) y economía (“economy”). El tercero de ellos es el de la seguridad de suministro energético (“energy security”).

Creo que hay que recordar todos esos elementos, porque no sirve de nada que se aplique una política medioambiental agresiva, si ni los consumidores ni las empresas de un país pueden pagar la factura energética.

Y tampoco es asumible aplicarla si tu país no puede mantener un nivel de competitividad económica respecto a los países vecinos. Y de nada te serviría tener esas dos cosas si esa energía limpia y barata no fuera segura, y cada dos por tres se produjera, por ejemplo, un apagón masivo.

La virtud está en lograr un equilibrio, una equidistancia entre esos tres vértices, moviéndote buscando un equilibrio dinámico, según la coyuntura, hacia el frente que estuviera más debilitado.

Creo que lo importante está ahí: ¡dejemos las cursiladas de si es verde o gris o azul¡ y vayamos al fondo de la cuestión:¿es sostenible nuestro proyecto energético teniendo en cuenta el equilibrio necesario entre esos tres componentes? Si falla alguno de los vértices del triángulo, entonces es que nuestro proyecto no es sostenible.

¿En qué lugar queda el Pacto Verde de la UE?

Se está hablando mucho de este tema últimamente. En efecto, habría que potenciar el Pacto Verde con el objetivo de lograr un gran acuerdo que involucre desde los gobiernos y  administraciones, a todos los niveles, empresas, el mundo financiero y los ciudadanos. No lo vamos a conseguir si partimos con una mentalidad excluyente, es decir, por ejemplo, si hacemos de la fiscalidad verde, o de cualquier otro tipo de medida, una cuestión ideológica en la cual lo que primen sean sectarismos o apriorismos basados en algún tipo de superioridad moral o de cualquier otro tipo.

Hay que ser muy pragmáticos. Tenemos que ir todos de la mano en la misma dirección, y yo creo que eso se puede conseguir, si quienes diseñan las políticas en la UE, o a escala nacional, o de las administraciones autonómicas, o de una ciudad, involucran también a las empresas que son las que pueden potenciar la investigación y la innovación, y las que tienen que garantizar ese suministro sostenible.

Al mismo tiempo, el mundo de las finanzas debería apoyar las actividades económicas que apunten a esa misma dirección. Sin esos respaldos, los ciudadanos, individualmente, difícilmente lo vamos a conseguir.

Por otro lado, se debería prestar especial atención a los sectores a los cuales les vaya a resultar más difícil iniciar un proceso de descarbonización. No se trata de excluirles, sino de facilitarles que se descarbonicen. Lamentablemente, se suele tender a demonizar a sectores enteros por ello, en vez de buscar políticas que les ayuden a su transformación.

¿Es realista la hoja de ruta climática que ha planteado la Comisión Europea?

Es un reto para el cual no sirven las grandes proclamas o los acuerdos políticos grandilocuentes, por muy bonitos que queden. Lo que sirve es contar realmente con formas de verificar que, de manera tangible, se avanza en esa dirección, que es lo que, lamentablemente, no estamos haciendo.

Cuando se lanza un mensaje, por ejemplo, sobre la necesidad u oportunidad de emprender a escala de la UE una transición energética, a mí lo que me preocupa es que se diseñe una hoja de ruta que apunte, por ejemplo, a que en 2025 vamos a estar en un determinado punto, y que luego eso no se cumpla.  Por muchos grandes acuerdos o magníficos desarrollos teóricos que se realicen, si luego esto no se traduce en algo real y tangible, a efectos prácticos no sirve de nada.

Un enfoque realista pasaría por hacer que ese gran Pacto Verde de la UE fuese un “Real” Green Deal, un Pacto Verde realista, que pudiera ser verificable, al cual se le pudiera hacer un seguimiento adecuado, y que, en términos coloquiales pudiésemos, por ejemplo decir: “pues si hoy es martes, tendríamos que estar en el kilómetro tal o cual”.

¿Peca de ingenua la UE, es un proyecto tan ambicioso como “utópico”?       

No lo considero utópico, es viable pero siempre que se base en compromisos concretos y que tu (estrategia) política pueda pasar por el rasero de la verificación, y que yo, como ciudadano, como empresa, como sector financiero, pueda exigir a los políticos que cumplan aquello a lo que se han comprometido, y a lo que está escrito negro sobre blanco en los acuerdos.

Estamos inmersos en un gran debate a escala europea sobre la energía nuclear, y su sostenibilidad, la taxonomía verde…y usted acaba de publicar un interesante artículo con un título más que sugerente: ¡A por la fusión!

Aunque para el público no experto pueda llevar a confusión, obviamente no me estoy refiriendo a la actual fisión nuclear –con “i”, que se refiere a  obtener energía a partir de dividir  átomos. La fusión es justo al revés, juntarlos. Ese artículo pretende hacer una defensa a ultranza de algo que yo considero fundamental: la innovación y la investigación en I+D+I en energía. Con lo que tenemos no hay suficiente.

Quien piense que solo con las energías renovables vamos a poder contar con un sistema energético sostenible está anteponiendo sus deseos a la realidad.

Las renovables eólica y solar son intermitentes, necesitan fuentes de apoyo, almacenamiento, su gran problema, para lo cual se necesitan baterías, y muchas más cosas con las cuales, hoy por hoy, no contamos.

Por otro lado, las renovables producen electricidad, que es un 27% del consumo energético final del mundo. Pero solo con la electricidad no vamos a hacer funcionar ni el transporte marítimo ni seguramente tampoco el transporte aéreo, ni muchas otras actividades industriales.

Por ello, necesitamos mucho más que las renovables. Es necesario tener presente que en el centro de ese triángulo de la sostenibilidad del cual hablaba antes, de ese equilibrio, lo que se necesita es la I+D+I.

Creo que habría que dar un gran paso adelante en el gasto que hacen los Estados, y también las empresas, que tendrían que invertir una parte importante de sus beneficios en innovación tecnológica y científica.

Para que se tenga clara la importancia del I+D+I en innovación, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) en su último informe de “0 emisiones netas en 2050” nos dice claramente que hasta 2030 para poder seguir esa hoja de ruta y alcanzar ese objetivo, el 85% del camino se podría garantizar con las tecnologías que están actualmente en el mercado.

Pero de 2030 a 2050, si, realmente, queremos alcanzar esa meta de “0 emisiones netas”, con las tecnologías actuales en el mercado solo dispondríamos de un 50% de las tecnologías necesarias.

Para que las emisiones sean netas, y alcanzar ese “0”, tendremos que desplegar un esfuerzo sin precedentes en investigación y desarrollo. Hay que tener esto claro: es necesario aumentar los presupuestos de la UE con esa prioridad, y focalizar en nuevas formas de energía, que van desde la fusión, con el proyecto ITER, hasta el hidrógeno, pasando por los superconductores, continuando con toda la economía circular del C02: de hacer de los residuos de C02 un recurso, transformándolos en combustibles sintéticos, entre otras muchas iniciativas.

¿Cuál debería ser el papel de la energía nuclear entonces?     

Creo que la nuclear tiene su hueco. Pero no soy sólo yo quien lo piensa así. Así lo cree entre otras, la AIE, porque, como decía, las renovables por sí solas no llegan a todo. Y es una forma de “energía limpia”. Lo digo entre comillas, porque hay que subrayar que ninguna forma de energía es 100% limpia. Y, por supuesto, no es que la energía nuclear esté exenta de problemas, en especial en lo que afecta al tratamiento de los residuos, o posibles accidentes. Pero está claro que durante sus operaciones apenas emite C02 y otros gases de efecto invernadero.

Si queremos controlar el cambio climático no nos queda más remedio que ir hacia un sistema de cero emisiones netas, no “cero emisiones”, porque eso no lo vamos a poder conseguir. Se trata de que lo que emitamos lo compensemos de otra manera, capturando C02, convirtiéndolo, por ejemplo, en otro tipo de combustible. Se trata de avanzar hacia una suma de actuaciones cuyo resultado final fuera “cero emisiones”.

Pero lo que no nos podemos proponer es que en 2030 con nucleares y renovables eso sea suficiente, porque, de momento, por ejemplo, el transporte por tierra, mar y aire sigue dependiendo exclusivamente de derivados del petróleo. La industria pesada tampoco tiene, de momento, sustitutos para los combustibles fósiles.

Para 2030 tendríamos que rebajar sustancialmente la aportación de los combustibles fósiles, para lo cual, además de potenciar la nuclear y las renovables, habría que impulsar un concepto del cual se habla poco, que es la eficiencia, es decir tenemos que bajar el consumo energético haciendo lo mismo, y manteniendo el crecimiento económico, pero utilizando menos energía.

Los países desarrollados lo estamos consiguiendo, pero el resto del planeta no. Están muy lejos, y el problema es que el cambio climático es un problema global.

¿Podría España ser la gran potencia de la UE en hidrógeno “verde”?

Como dije antes, no me gustan las etiquetas. Y además, cuando se habla del hidrógeno, hay una paleta de colores (rosa, azul, verde). Si nos centramos en el “verde”, sí podría ser una forma muy interesante de almacenar esa electricidad que no podemos guardar de inmediato. La gran razón por la cual seguimos dependiendo de los combustibles fósiles es que se trata de energía almacenada por el planeta durante millones de años, y está en los enlaces de los átomos de las moléculas de hidrocarburos. Es una energía almacenable, mientras no rompa los enlaces entre esos átomos, está a mi disposición, y es barata.

Y esa facilidad es lo que ha hecho que los hidrocarburos representen el 81% de la energía primaria del mundo en estos momentos. No es otra cosa.

Pero la electricidad que se genera a partir de diversas fuentes no se almacena, hay que consumirla “en el momento”. La única forma de almacenarla es mediante baterías u otros sistemas, de bombeo, por ejemplo. El hidrógeno sería una forma estupenda de almacenar esa electricidad, porque el excedente que se produjera a partir de renovables en momentos de mucho viento o de mucho sol, que no se consume porque no hay demanda (por la noche por ejemplo), se podría utilizar por ejemplo, mediante electrolisis, rompiendo moléculas de agua, y produciendo hidrógeno que luego se utilizaría como combustible.

Este enfoque tiene mucho futuro. España es un país que  tiene mucha insolación, mucho viento, agua (aunque esta va a ser también un bien muy escaso pronto) pero, en principio, estamos muy bien situados en la carrera del hidrógeno, al igual que otros países.

Pero quienes tienen que ponerse a trabajar en ello son las empresas. Los Fondos de Recuperación de la UE son una gran oportunidad, pero quienes deben llevarlo a la práctica, con el consiguiente apoyo regulatorio de los gobiernos, son las empresas y el mundo de las finanzas.

¿Cuál podría ser el papel de las energías renovables en el futuro de las redes eléctricas europeas?

Me gustaría matizar que cuando comenté antes que las renovables no van a bastar, me refería a toda la energía final que consumimos, no sólo a la electricidad. No hay que confundir electricidad con energía final. La electricidad cubre en estos momentos entre un 25% y 30 % aproximadamente del total del consumo energético que utilizamos los ciudadanos, el resto no es electricidad. Por lo tanto, en el escenario más ambicioso de la UE a 2035-2040, como mucho se podrá llegar a un 50% de uso de la electricidad en el total del consumo energético. Tampoco hay que confundir electrificación con “cero emisiones netas”.

Para llegar a ese 50% de cobertura del consumo final de la energía el papel de las renovables será fundamental. Pero, como dije antes, hay grandes retos por superar, entre ellos el del almacenamiento. Y ligado al almacenamiento queda otro tema: impulsar más las interconexiones entre países de la UE. Y otro asunto importante para las renovables y para el proceso de electrificación, que me parece indispensable: los minerales críticos (entre ellos el litio, el cobre, las tierras raras…) que se necesitan para la producción a partir de las renovables.

Hoy por hoy, la UE no tiene una política minera para garantizarse el acceso a estos minerales esenciales, para, entre otras aplicaciones, las placas solares, los aerogeneradores, el vehículo eléctrico o las baterías.

Precisamente se les llama críticos porque están sometidos a que cualquier evento geopolítico, comercial o de otro tipo, haga que nos podamos quedar sin suministro en la UE. Hay que ser muy claros al respecto: los recursos de estos minerales críticos y su posterior procesado están más concentrados en determinados países que los combustibles fósiles. Su seguridad de suministro presenta múltiples vulnerabilidades. ¿Estamos afrontando de manera realista y urgente este tema, que resulta fundamental para llevar a buen puerto la transición energética?

Este artículo forma parte de una serie de reportajes sobre el tema  energético en el marco del Sistema Paneuropeo para el Uso Coordinado y Eficiente de las Flexibilidades para la integración de una gran cuota de renovables (EU-SysFlex). Está financiado por el Programa Marco de Investigación e Innovación de la UE Horizonte 2020 dentro de la convocatoria H2020-LCE-2016-2017. 

EU-SysFlex investigará el despliegue de las energías renovables en las redes eléctricas de toda Europa. El proyecto cuenta con la participación de 34 organizaciones de 15 países de toda Europa e incluye operadores de sistemas de transmisión de electricidad, operadores de sistemas de distribución, proveedores de tecnología, fabricantes, universidades y centros de investigación. 

El objetivo del proyecto es crear una hoja de ruta a largo plazo para la integración a gran escala de las energías renovables en las redes eléctricas, así como proporcionar asistencia práctica a los operadores de sistemas eléctricos de toda Europa.