Sergio Martín, presidente de ACA: «Se puede ser ‘pobre energético’ y tener una abultada nómina»

Presidente de ACA afirma que se puede ser pobre energético y tener una abultada nómina

Sergio Martín Serrano, director de la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA), en una imagen de archivo. Fotografía cortesía de ACA

Madrid (EuroEFE).- Sergio Martín, presidente de la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA) de España asegura que el concepto de “pobreza (o vulnerabilidad) energética” es tan amplio y complejo de analizar que no tiene por qué estar únicamente relacionado, como se suele pensar, con el nivel de renta: “puedes ser pobre energético sin saberlo”, asegura.

ACA organizó esta semana un foro virtual con la participación de numerosos expertos españoles con el título “Pobreza energética: Diez años de visibilización y acción”, en el cual se realizó un balance de la situación de este problema en España, en el marco de la “Semana europea de la pobreza energética”.

Según REScoop.eu, la federación europea de cooperativas energéticas ciudadanas, que agrupa a 1.900 cooperativas de toda la UE, en 2019, el 15% de los europeos vivía en casas con goteras, y con paredes, suelos o cimientos mal aislados, y por ello ineficaces desde el punto de vista del aislamiento energético.

Al menos 100.000 europeos mueren cada año por carecer de una buena calefacción en sus hogares y cerca de 80 millones de personas en la UE se retrasaron o no pudieron pagar sus facturas de luz o gas en 2019, según la ONG.

Cerca de 6,8 millones de personas (un 15% de la población española) sufren temperaturas inadecuadas en la vivienda, retraso en el pago de recibos energéticos, o ambas circunstancias, según datos oficiales.

¿Cómo podríamos definir la pobreza energética?

Se trata de un concepto dinámico, cambiante, en manera alguna estático. Por ejemplo, en nuestro primer estudio sobre el tema (de 2012) definíamos la pobreza energética como la incapacidad que puede tener un hogar de mantener su vivienda a una temperatura adecuada. No obstante, la complejidad del problema hace que ese concepto pueda cambiar. Los tres factores principales que inciden en esa pobreza energética son: un parque de viviendas ineficiente y mal aislado térmicamente, los bajos ingresos en el hogar, y los precios elevados de la electricidad, aunque no son los únicos elementos que la componen.

Con el reciente aumento de precios de la energía (y la previsible escalada debido a la guerra en Ucrania), muchas personas que antes no se consideraban “pobres energéticos”, o vulnerables desde el punto de vista energético, ahora sí podrían entrar en esa categoría.

La situación de las viviendas en España poco a poco mejora (con un mejor aislamiento térmico, gracias a los programas de ayuda para lograr esa eficiencia energética, entre ellos con fondos de la UE). Por eso, creemos que las cosas seguirán avanzando. Con los edificios públicos, entre ellos muchos colegios, el esfuerzo va a costar más, pero se acabará consiguiendo.

¿Dónde está esa delgada línea que separa a un “pobre” energético, del resto de la población?

Una persona que antes (de la escalada de precios de la energía, y la inflación) podía pagar su factura, por ejemplo, por poner una media, de 60 euros, hoy, dependiendo de su contrato, puede llegar a pagar 150 euros, y eso ya le colocaría como “energéticamente vulnerable”, porque puede caer en impagos, e incluso forzarle a ni siquiera poder encender la calefacción.

Un concepto que analizamos a diario es el de la “pobreza energética escondida”, hasta ahora bastante poco conocido. Uno de nuestros principales objetivos, junto con el de nuestros socios, es precisamente sacar a la luz ese fenómeno y ver cómo afecta a los ciudadanos. Es un fenómeno económico-social  que no se suele reflejar en las estadísticas, y es muy difícil de detectar. Como vemos, el problema de la pobreza energética tiene múltiples aristas y es complejísimo de analizar.

¿Cuál es el nexo entre violencia de género y vulnerabilidad o pobreza energética, uno de los temas analizados en vuestro encuentro de esta semana?

No solo influye la violencia de género en la pobreza energética, habría que hablar incluso de “factor de género”. Hay numerosos estudios sobre ello, en especial uno de la Universidad Politécnica de Madrid, en el cual se expone con claridad que la mujer sufre mucho más que el hombre las secuelas de la pobreza energética. Se suele producir con más frecuencia en hogares monoparentales, y también influye la diferencia salarial, la brecha retributiva entre hombres y mujeres  o la capacidad de acceder a determinados puestos de trabajo por parte de la mujer.

Nos hemos dado cuenta de que muchos de los contratos de suministro energético de las grandes compañías estaban hechos a nombre del hombre, y la titularidad de la vivienda era, en muchos casos, exclusiva del hombre, y, al estar escriturada a nombre del marido, su pareja no podía, por ejemplo, ni acceder al bono social ni cambiar ese contrato, ni acceder a otras ayudas. Es algo increíble e inaceptable, que nos retrotrae a épocas del pasado en este país.

¿La pobreza energética afecta más a las áreas rurales o a determinados barrios de las ciudades?       

Por supuesto que hay diferencias. Lo hemos detectado por ejemplo durante una reciente visita que realizamos a Castilla la Mancha. Visitamos varios pueblos de esa Comunidad, y ahí la realidad cambia mucho. Hemos visto que, por ejemplo, el caso de los contratos de suministro a nombre exclusivo del hombre se agudiza muchísimo más en los pueblos que en las ciudades.

También nos hemos encontrado con viviendas, habitadas, pero que estaban sin terminar, a veces sin ventanas adecuadas, sin suelos apropiados para lograr una correcta eficiencia energética.

Afortunadamente en muchos de esos casos sus propietarios han podido acceder ya a ayudas públicas para la rehabilitación. La falta de un buen acceso a internet en las zonas rurales también es un problema. Si no tienes acceso a internet no puedes tener un buen control digital sobre cómo gastas y en qué gastas más (los electrodomésticos, por ejemplo).

Transcurrida una década de esfuerzos por poner cara a la “pobreza energética” en España, ¿cuál es el balance?

Estamos sin duda mejor que hace diez años. En este tiempo han surgido muchas entidades que se están ocupando con rigor de este problema, entre ellas Greenpeace y su campaña contra la “pobreza energética” o Ecologistas en Acción, por nombrar solo a algunos actores clave en este proceso de toma de conciencia.

Es positivo que se sigan realizando estudios para “mapear” o catalogar con mayor precisión este problema. No obstante, aunque celebramos todas esas iniciativas desde el plano teórico, creemos que ha llegado el momento de pasar a la acción.

Y es que, sin saberlo, tú mismo o tu vecino podéis ser “pobres (o vulnerables) energéticos”. No se trata solo de una cuestión de rentas. La pobreza energética puede, por ejemplo, afectar a un jubilado con una generosa nómina a fin de mes.

En el ámbito rural, una persona puede vivir en una casa antigua sin reformar y calentarse con un pequeño brasero eléctrico o de gas, y con ventanas que dejan escapar todo el poco calor del interior. También puede ser que, aunque esa persona tenga medios económicos suficientes, por ahorrar no quiera encender la calefacción. Es otro de los casos “típicos” que hemos visto.

¿Qué acciones lleváis a cabo desde ACA?

Acabamos de celebrar esta semana el décimo aniversario de la publicación en 2012 de nuestro primer estudio sobre pobreza energética en España. Hemos sido, modestamente, creo que el primer referente en España sobre pobreza energética, cuando casi nadie hablaba del tema.

En este primer cuarto de siglo de vida de ACA hemos realizado cuatro estudios, y hemos impulsado, con nuestros socios, la semana europea contra la pobreza energética, que se celebra del 17 al 23 de febrero cada año.

Por otro lado, hemos sido una de las primeras asociaciones españolas en utilizar los indicadores de OPE (Observatorio de Pobreza Energética) a escala de la UE, dado que antes no se aplicaban los cuatro indicadores que marcaba ese observatorio, y que, posteriormente, sí se han trasladado a la Estrategia Nacional contra la Pobreza Energética.

¿En qué punto estáis ahora?

En estos momentos, nos centramos, sobre todo, en proyectos que están en contacto directo con la gente, con quienes sufren cada día esa pobreza energética en nuestro país.

Uno de  los proyectos en los cuales participamos activamente es EPIU, Hogares Saludables, en Getafe, Madrid. También estamos involucrados junto con la Red Española de Lucha contra la Pobreza y Endesa en varios talleres sobre pobreza energética, eficiencia energética y hábitos de ahorro, en los cuales formamos a profesionales. Nos gusta llamarles “gestores energéticos”, ya que, a su vez, formarán o asesorarán mejor a muchas familias afectadas.

Otro de los proyectos en los cuales trabajamos actualmente está a cargo  de la  Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, para la asistencia y acompañamiento de mujeres víctimas de violencia de género en materia de prevención de la pobreza energética.

Se trata de un proyecto pionero, y gracias al cual en 2021hemos podido visitar 45 hogares con mujeres víctimas de violencia de género. Les hemos entregado “kits” de eficiencia energética, las hemos asesorado sobre cuestiones más técnicas, acerca de las facturas, o sobre el acceso al bono social de electricidad, y les hemos facilitado información útil sobre hábitos de consumo.

También hemos puesto en marcha el proyecto PICE NETWORK (Punto de Información al Consumidor Energético), cofinanciado por el Fondo Social Europeo, en el que trabajamos en todo el territorio con diferentes entidades para potenciar la eficiencia energética en los hogares.

Este artículo forma parte de una serie de reportajes sobre el tema  energético en el marco del Sistema Paneuropeo para el Uso Coordinado y Eficiente de las Flexibilidades para la integración de una gran cuota de renovables (EU-SysFlex). Está financiado por el Programa Marco de Investigación e Innovación de la UE Horizonte 2020 dentro de la convocatoria H2020-LCE-2016-2017. 

EU-SysFlex investigará el despliegue de las energías renovables en las redes eléctricas de toda Europa. El proyecto cuenta con la participación de 34 organizaciones de 15 países de toda Europa e incluye operadores de sistemas de transmisión de electricidad, operadores de sistemas de distribución, proveedores de tecnología, fabricantes, universidades y centros de investigación. 

El objetivo del proyecto es crear una hoja de ruta a largo plazo para la integración a gran escala de las energías renovables en las redes eléctricas, así como proporcionar asistencia práctica a los operadores de sistemas eléctricos de toda Europa.