La UE abre la jaula de grillos de la energía

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Una mina de carbón en Alemania, en una fotografía de archivo. EFE/EPA/SASCHA STEINBACH

Bruselas (EuroEFE).- La carestía del gas y la electricidad ha empujado a la Unión Europea a emprender una reflexión de calado sobre la energía, que va desde la nuclear a la biomasa, pasando por el clima, los mercados o la geopolítica, y que arranca en paralelo a las negociaciones para recortar drásticamente las emisiones de CO2.

«Resulta obvio que necesitamos más renovables, más energía limpia. El precio ha disminuido considerablemente (…). Ese es el camino a seguir. No generan CO2 y son domésticas», declaró la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, al término de una cumbre europea en la que la energía captó gran parte de la agenda.

27 VISIONES DISTINTAS

El Consejo Europeo respalda con firmeza esa estrategia, pese a las constantes pegas de Polonia, Hungría y, en menor medida, de la República Checa. De hecho está plasmada en la Ley Europea del Clima, norma vinculante para alcanzar la neutralidad climática en 2050.

Tampoco se cuestiona que el gas, considerado barato y estable, se califique como la «energía de transición». Pero cada Estado miembro tiene una realidad energética distinta y su propia percepción de la crisis de precios actual, con «divergencias sobre las causas, los efectos, la duración y cómo abordarlo», reconocen fuentes diplomáticas.

Alemania no abandonará el carbón hasta 2040, pero acabará con su energía nuclear en 2022, mientras que Francia tiene el segundo parque atómico más grande del mundo y quiere reforzarlo.

El principal suministrador de gas a España es Argelia, Irlanda lo importa de Escocia y Finlandia lo obtiene de Rusia, como hacía Lituania hasta que empezó a traerlo de Noruega.

De ahí que esa reflexión de calado, con unas profundas implicaciones políticas, económicas y sociales, deba tener en cuenta «la diversidad y especificidad de las situaciones de los Estados miembros», señalan las conclusiones aprobadas por el Consejo.

MERCADOS

De la cumbre ha salido también el compromiso de evaluar si «determinados comportamientos comerciales» en los mercados del gas, la electricidad y las de emisiones de CO2 «requieren más medidas reglamentarias».

Hay países, como España, que creen que el mercado eléctrico «no está enviando las señales de precio adecuadas» mientras que otros socios, como Polonia, creen que la energía se está encareciendo, en parte, porque se está especulando con el precio del CO2.

Las conclusiones de esos análisis se conocerán en los próximos meses, aunque la premisa de la Comisión es que no hay indicios de errores o manipulaciones.

NUCLEAR

Uno de los asuntos que sobrevuela el debate energético, y que está ganando vigor ante la necesidad de liberar menos CO2 y los altos precios de las importaciones de hidrocarburos, es la energía nuclear, que representa el 26 % de la electricidad de la UE y el 13 % del consumo final de energía.

Trece de los Veintisiete Estados miembros de la UE tienen reactores nucleares y, aunque algunos se encaminan a abandonar esa fuente de generación a medida que las centrales agoten su ciclo de vida y diez países presionan para que se considere «verde», ya plantea desafíos en términos de seguridad y residuos pero apenas emite CO2.

La nuclear es «una fuente de energía asequible, estable e independiente», sostiene ese grupo de países, que lidera Francia y que completan Bulgaria, Croacia, Chequia, Finlandia, Hungría, Polonia, Eslovaquia, Eslovenia y Rumanía.

Quieren que la generación atómica se considere una inversión sostenible en las reglas de la «taxonomía» que prepara la Comisión Europea, de forma que le abra la puerta a condiciones de financiación amables. Bruselas, que se declara tecnológicamente neutral, lleva años postergando esa decisión política.

CLIMA

La crisis de precios coincide con el inicio de las negociaciones legislativas para cumplir el objetivo de la UE de acelerar el recorte de emisiones de CO2 un 55 % para 2030 respecto a 1990.

Polonia y Hungría ya han atacado directamente la propuesta de la Comisión Europea, vinculando el alza de los precios a las políticas climáticas y acusando a la Comisión de poner en peligro a las clases medias, extremo que preocupa en Bruselas, apuntan las fuentes.

DURACIÓN DE LA CRISIS

Genera incertidumbre también no saber cuánto durará la escalada de precios. La Comisión cree que la carestía remitirá en abril, cuando se espera que el nuevo gasoducto ruso Nord Strem 2 empiece a bombear gas hacia Alemania a través del Báltico. Otros países, como España, temen que pueda prolongarse.

«Nadie me garantiza que esta subida de precios se vaya a solucionar en pocos meses», lanzó en rueda de prensa el presidente de Francia, Emmanuel Macron.

Algunas fuentes implicadas en el debate energético europeo hablan de cuellos de botella como el de los semiconductores, el encarecimiento del petróleo bruto y de la gasolina o una posible presión a futuro de otras materias primas y «commodities», como las tierras raras necesarias para fabricar baterías.

Y temen que el gas sea sólo el principio una «década de turbulencias» para dejar atrás más de un siglo de desarrollo económico impulsado con energías fósiles.

Editado por Miriam Burgués