El Mecanismo de Ajuste de Carbono en la Frontera, una herramienta de consecuencias asimétricas

El Mecanismo de Ajuste de Carbono en la Frontera, una herramienta de consecuencias asimétricas

Vista de la central térmica de Siekierki, en el sur de Varsovia. Polonia, que depende en un 80 % del carbón, prevé un largo y difícil adiós a la energía térmica con el fin de cumplir con los compromisos climáticos europeos, reto en el que contará con importantes fondos comunitarios. EFE/ Pablo González

Madrid (EuroEFE).- En su lucha por descarbonizar el continente para la mitad del siglo, la Unión Europea (UE) prevé aplicar el denominado Mecanismo de Ajuste de Carbono en Frontera (CBAM, por sus siglas en inglés), un sistema para gravar en las fronteras del club comunitario los productos cuya fabricación genere más CO2 del permitido dentro.

Se trata de una herramienta que busca evitar la «fuga de carbono» -es decir, que las industrias comunitarias se deslocalicen a países con una legislación más laxa al respecto-, y que la Comisión Europea (CE) propone aplicar inicialmente a cinco sectores (fertilizantes, aluminio, hierro y acero, cemento y electricidad), para que se vaya ampliando progresivamente. 

Esta medida tiene implicaciones muy diversas para los países de todo el mundo y sus consecuencias se distribuyen de forma desigual. Pero ¿cuáles podrían ser los efectos externos del mecanismo CBAM de la UE?

Según apuntó la investigadora del Instituto de Estudios Avanzados de Sostenibilidad (IASS, por sus siglas en inglés) de Potsdam (Alemania), Maria Apergi, en una conferencia virtual en el marco del «The Global Annual Energy Meeting», organizado recientemente por el Center for Global Economy and Geopolitics (EsadeGeo) con apoyo de la CE, «los impactos están concentrados».

Basándose en un estudio realizado por el IASS, Apergi apuntó como regiones con «impactos bastante significativos» del mecanismo CBAM a países del norte, el oeste y el sur de África, pero también a «una gran cantidad de países europeos no comunitarios y algunos países asiáticos como, por ejemplo, Vietnam», dijo.  

El citado estudio subraya que hay distintos factores que impulsan los niveles de riesgo elevados, como que «Marruecos se aferra a los combustibles fósiles» por el momento, lo que podría dar lugar a un gravamen elevado en el marco del CBAM; o «la escasa diversificación» junto a una elevada dependencia comercial de la UE en el caso de algunos países del sureste de Europa, como Bosnia y Herzegovina; o la «escasa capacidad para verificar la huella de carbono de las exportaciones» en el caso de Mozambique. 

Es decir, que repercutiría  especialmente entre «los países de ingresos pequeños y medianos y con más dificultades para descarbonizarse», por lo que, desde el IASS, consideran fundamental que el mecanismo tenga en cuenta ciertos «requisitos de información y verificación», dado que podrían plantearse «serias cuestiones en relación con la justicia climática», expuso Apergi. 

¿SIN GRAN TRASCENDENCIA PARA EE. UU.?

A juicio de Peter Chase, miembro de la organización política German Marshall Fund (GMF), defensora de la cooperación internacional entre la UE y EE. UU., el CBAM no es solo «un instrumento contra el cambio climático», sino también «un instrumento político»

«Creo que la UE tiene ambiciones climáticas, tiene preocupaciones políticas internas y, por supuesto, tiene preocupaciones comerciales. Y ahí es donde el resto del mundo, incluyendo a los Estados Unidos, entra en juego», explicó Chase durante su intervención en el «The Global Annual Energy Meeting». 

Chase recordó que, cuando llegó al cargo, la administración Biden incluyó el medioambiente y la sostenibilidad climática en su agenda, pero que, no obstante, Estados Unidos es «un pequeño proveedor de Europa» en estos términos, y «uno de los productores de acero más eficientes en cuanto al carbono del mundo», alegó.

Por lo que, de aplicarse este mecanismo, no les «afectaría de la misma manera que a otros países», razón por la cual cree que EE.UU. «ha marcado poco la diferencia en términos de moderar y modular la respuesta» al CBAM. 

¿RUSIA PODRÍA COMPENSAR CON OTRAS EXPORTACIONES?

Por su parte, el profesor de la Higher School of Economics de Moscú, Igor Makarov, opinó que «el efecto real del CBAM en los exportadores rusos y en la economía rusa no se proyecta como muy fuerte». 

«El diseño final del CBAM no está claro todavía, ya que algunas cuestiones pueden cambiar», apuntó, pero matizó que según lo «propuesto por la Comisión Europea en julio (…), no parece muy peligroso para los exportadores rusos» y apuntó, citando un estudio del Banco Mundial que, como resultado de este mecanismo, «las exportaciones rusas a la UE disminuirían en alrededor del 3% en 2035».

En esta línea, Makarov consideró que pese a que «no parece una cifra tan pequeña», ésta se compensaría «por el aumento de las exportaciones a otras jurisdicciones», por lo que podría considerarse «una oportunidad de la redistribución» de los flujos comerciales «menos intensivos en carbono hacia la UE», mientras que se mantendría «una producción más intensiva en carbono para el mercado nacional, lo que en principio es posible según la normativa», sentenció. 

UN POSIBLE CONFLICTO EN LA OMC

Este mecanismo podría generar problemas en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y, ante un hipotético litigio en el seno de esta organización, según el director del European Centre For International Political Economy (ECIPE), Hosuk Lee-Makiyama, la mayoría de los miembros «argumentarían que el CBAM es una violación del principio más básico del GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio), que es el de la nación más favorecida».

Aunque, apuntó, la vía más probable para resolver un conflicto en torno al mecanismo «se inclina hacia una dimensión de negociación». 

Ante la posibilidad de que algunos países tomasen «represalias» contra la UE, por su aplicación, Lee-Makiyama señaló que «probablemente serían asimétricas», y que «podrían imponer un instrumento y un producto completamente ajenos (…) contra la UE donde ésta resulta ser muy vulnerable», concluyó.

Editado por Miriam Burgués

 

Este artículo forma parte de una serie de reportajes sobre el tema  energético en el marco del Sistema Paneuropeo para el Uso Coordinado y Eficiente de las Flexibilidades para la integración de una gran cuota de renovables (EU-SysFlex). Está financiado por el Programa Marco de Investigación e Innovación de la UE Horizonte 2020 dentro de la convocatoria H2020-LCE-2016-2017. 

EU-SysFlex investigará el despliegue de las energías renovables en las redes eléctricas de toda Europa. El proyecto cuenta con la participación de 34 organizaciones de 15 países de toda Europa e incluye operadores de sistemas de transmisión de electricidad, operadores de sistemas de distribución, proveedores de tecnología, fabricantes, universidades y centros de investigación. 

El objetivo del proyecto es crear una hoja de ruta a largo plazo para la integración a gran escala de las energías renovables en las redes eléctricas, así como proporcionar asistencia práctica a los operadores de sistemas eléctricos de toda Europa.

 

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