Israel, una potencia de gas regional con poca capacidad para proveer a Europa

Israel, una potencia de gas regional con poca capacidad para proveer a Europa

Tuberías de gas para la construcción de un gasoducto, en una imagen de archivo. EFE/EPA/JOHN RANDERIS

Jerusalén (EuroEFE).- Con la firma este miércoles de un memorando para exportar gas israelí a Europa, Israel se alza como socio energético de la Unión Europea mientras esta reduce su dependencia en recursos fósiles de Rusia, pero solo puede aportar una parte muy limitada de la demanda cubierta por Moscú y a un precio mucho más caro.

Israel se erigió en potencia energética regional en los últimos años por el gas hallado en sus aguas del Mediterráneo, que extrae a través de las plataformas de Tamar y Leviatán, pero no tiene tanto como para aumentar en gran medida sus ventas a nivel internacional y está muy lejos de acercarse a cubrir las altas necesidades europeas, explica a Efe Israel Fisher, experto local en el ámbito.

Sus reservas, unos 900.000 millones de metros cúbicos, le dan para satisfacer su demanda interna estas próximas tres décadas y proveer cantidades a Jordania y Egipto, como realiza desde hace años, aunque necesitaría tener mucho más para estar a la altura de países como Rusia, Irán o Argelia, remarca el mismo analista.

«Europa importó en torno al 40% de su demanda de gas de Rusia» en 2021, pero Israel «solo puede cubrir un 5% de esta cantidad», por lo que el acuerdo firmado hoy en el Cairo para suministrar gas israelí a la UE a través de Egipto tendrá un impacto reducido, según Fisher.

El pacto, firmado este miércoles entre Israel, Egipto y la UE en una reunión del Foro del Gas del Mediterráneo Oriental, abre la vía para transportar gas israelí a Europa por vía de Egipto, donde se licuará para después ser enviado en barco al continente europeo.

Este proceso es largo y requiere una mayor infraestructura que si el gas fuera enviado por gasoducto, pero Israel no tiene una conexión directa a Europa y licuarlo por vía egipcia es la opción más óptima.

Sin embargo, esto lo hará «mucho más caro» al ser «un proceso muy costoso» por su licuefacción y transporte en cargueros, por lo que no servirá para abaratar el gas o la electricidad, ni para ayudar a poner fin al creciente encarecimiento de precios, opina el experto.

REDUCIR LA DEPENDENCIA

Tras la invasión rusa de Ucrania y la crisis abierta con Moscú, la UE intenta reducir su dependencia en combustibles fósiles de Rusia y busca socios «fiables» como Israel, expresó la presidenta de la Comisión Europea (CE), que estos días visitó Israel para negociar la cuestión del gas y hoy asistió a la firma del acuerdo en Egipto.

Por ahora, según dijo a Efe al Ministerio de Energía israelí, no se ha marcado aún una fecha para iniciar las exportaciones, aunque la voluntad entre las distintas partes es ponerlo en marcha pronto.

«Si preguntas a europeos e israelíes, dirán que querrían proveer el gas mañana si pudieran», asegura Fisher, que cree que «hay pocas cosas más a concretar en el acuerdo final», todavía pendiente de formalizarse tras el primer memorando de entendimiento de hoy.

El pacto energético de la UE e Israel pone de nuevo sobre la mesa la construcción del EastMed, un ambicioso gasoducto por ahora solo diseñado sobre el papel que debería conectar al Estado judío con Grecia y Chipre para transportar gas hacia el continente europeo.

Los tres países firmaron un acuerdo en 2020 para poner en marcha el proyecto, que contempla un conducto submarino de 2.000 kilómetros, pero los altos costes que supondría construirlo y las dudas sobre su viabilidad económica real hicieron que actores clave para su desarrollo como EE.UU. retiraran su apoyo a inicios de 2022.

Esto llevó a que el proyecto se desinflara poco a poco y acabara congelado, aunque Israel sigue interesado en su promoción y Von der Leyen reiteró estos días que no la UE no lo ve con malos ojos.

Según Fisher, en las circunstancias actuales, construir el EastMed podría servir «para reducir las necesidades europeas de gas ruso y diversificar» aún más la procedencia de sus importaciones, pero la situación económica es volátil y «puede cambiar en pocos meses».

«Si los precios del gas vuelven a bajar», muchos «se preguntarán si es necesario este gasoducto» por «el daño medioambiental y el coste económico» que implica. «En mi opinión no se construirá porque simplemente cuesta demasiado», asegura.

Aún así, remarca el experto, «la realidad sería otra» si Israel hallara más reservas de gas que sean relativamente abundantes, y de hecho hace poco comenzó una nueva ronda de prospecciones para ello.

En este contexto, pese a sus carencias en relación a otras potencias energéticas, el país usa el gas para reforzar su poder geopolítico en un mundo donde los recursos fósiles aún tienen gran peso, y lo aprovecha como «herramienta diplomática» para apuntalar su influencia tanto en Oriente Medio como a nivel internacional, concluye Fisher.

Editado por M.Moya