La importancia decisiva del Pacto Verde de la UE para después de la crisis

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Un socorrista vigila la playa próxima a la central nuclear de Vandellós II en Tarragona, en una imagen de agosto de 2005. [EFE/Archivo/Jaume Sellart]

A consecuencia de la crisis global de la industria del petróleo se necesitan, más que nunca, profundas reformas de las normas mundiales de la energía que sean capaces de garantizar una transición energética viable y sostenible cuando se supere la fase más aguda de la crisis del coronavirus, según aseguran Vicente López-Ibor Mayor y Raphael Heffron, en una tribuna publicada inicialmente en el portal EURACTIV.com, socio de EFE.

Vicente López-Ibor Mayor ha sido excomisionado de la Comisión Nacional de la Energía de España, y es fundador de Lightsource BP, el mayor generador de energía solar de la Unión Europea (UE).

Raphael Heffron es profesor en el Centre for Energy, Petroleum and Mineral Law and Policy de la Universidad de Dundee. También es docente en la universidad Jean Monnet, en la cátedra para la Transición Justa a una Economía Baja en Carbono, con el apoyo de la Comisión Europea.

La crisis del coronavirus podría dejar un impacto negativo muy profundo en nuestra sociedad. Habrá consecuencias económicas muy nocivas, a menos que se tomen medidas rápidas y decisivas para evitarlo.

Que nadie se equivoque: la economía mundial corre el riesgo de entrar en caída libre. Pero uno de los más alarmantes aceleradores (de esa posible caída) es la crisis que sufre el sector petrolero mundial, una crisis que también pone de relieve que la descarbonización, que tanto necesitamos debido al cambio climático, es también necesaria para la estabilidad económica.

Los programas de apoyo económico inmediato permitirán la recuperación en el menor tiempo posible. Pero a pesar de la urgencia del momento, es importante que los planes de descarbonización en la Unión Europea tengan en cuenta la necesidad de crear puestos de trabajo.

El sector energético, clave para facilitar el tele-trabajo global

La energía es un sector fundamental de la vida económica y social. Su importancia queda patente por su capacidad de apoyar nuestra infraestructura de servicios esenciales en estos momentos decisivos. Ha garantizado un mínimo y necesario bienestar para millones de personas confinadas.

El tele-trabajo solo ha sido posible gracias al abastecimiento energético constante y al tránsito y reparto de productos a domicilio. Pero, sin la correspondiente cadena logística, el tele-trabajo habría terminado de manera abrupta. La economía estaría al borde del caos.

Tras esta crisis, los líderes mundiales tienen que reunirse para construir un sistema energético global más sostenible. Un sistema que refleje la importancia del sector energético que engloba a un tercio de la actividad industrial y económica del mundo.

Una de sus prioridades debería ser una formulación reforzada de la normativa global de la energía y de sus nuevos principios reguladores. Los ministerios de Energía y Medio Ambiente tienen que empezar a redactar sus presupuestos y a diseñar sus políticas ya mismo.

Por ello, la primera tarea de la Ley Energética es garantizar la seguridad del suministro, especialmente en estos momentos de crisis sin precedentes. Pero con ello, bajo ninguna circunstancia, debemos renunciar a la preparación de los marcos regulatorios que permitan que la sociedad de los años venideros integre, de una manera específica, los requisitos climáticos en la aplicación de las políticas energéticas reglamentarias.

Evitar tentaciones energéticas monopolísticas

De forma más amplia, tenemos que ignorar la tentación negativa y nostálgica de (adoptar) ineficaces posiciones monopolísticas, a pesar de que el auge de políticas populistas podría sugerir que ello sea inevitable. Con demasiada frecuencia se permite a una sola empresa energética (de petróleo, servicios o gas) que domine un mercado.

La energía es un componente vital de nuestras vidas modernas. Por ello debe ser prioritario un nuevo enfoque global fuerte y sólido en cuestión energética. Necesitamos un marco regulatorio para diferentes fuentes de energía, tecnologías y aplicaciones, así como para telecomunicaciones y plataformas de información centradas en aumentar y no en reducir nuestra conectividad.

Hay que implementar cambios para garantizar la seguridad del suministro, en especial en estos momentos. La última medida de la OPEP para recortar la producción de crudo y aportar estabilidad a los mercados es de agradecer. Pero de ninguna manera debemos arrojar la toalla en nuestras iniciativas en favor del clima.

Infraestructuras energéticas verdes para crear empleo

A corto plazo, planificar nuevas tecnologías sostenibles podría tener un impacto positivo en la creación de empleo. A largo plazo el desarrollo tecnológico garantizará la creación de nuevos empleos, algo que nuestras sociedades necesitan con urgencia, y más si tenemos en cuenta que esta crisis podría provocar la pérdida de más de un 30% de los puestos de trabajo actuales en todo el planeta.

Los proyectos de infraestructura son a menudo catalizadores de empleo. Poner en marcha nuevos programas de infraestructuras energéticas verdes podría reportar múltiples beneficios, entre ellos, impulsar el crecimiento económico, aumentar el acceso a la energía, modernizar las infraestructuras ya obsoletas, crear nuevos puestos de trabajo y cumplir con los objetivos nacionales en las políticas de reducción de dióxido de carbono.

Una nueva “gobernanza energética” mundial

Un nuevo acuerdo energético global también podría brindar certidumbre a los inversores, y facilitar el apoyo estatal para ese tipo de proyectos energéticos. Además, los gobiernos podrían, al final, tomar parte en algunos proyectos energéticos y con ello garantizar una mayor redistribución del sector de la energía.

El G20 se reunirá a finales de este año, o en Riad, Arabia Saudí, o de forma telemática. En ese encuentro clave de los líderes mundiales, la “gobernanza energética” debe formar parte de la agenda. Es necesaria una buena estrategia de “gobernanza” de cara a (redactar) nuevas y sólidas leyes de la energía y principios sostenibles que puedan alumbrar nuevos proyectos energéticos globales y que (permitan) reactivar las economías nacionales tras esta pandemia.

La fórmula para fomentar el empleo es clara. Puede lograrse a partir de inversión en nueva tecnología de la energía y en fuentes bajas en carbono, para que nuestras economías sean más “resilientes”.

Hacerlo así ahora –servirá- para ajustarse con claridad a la estrategia del Nuevo Pacto Verde de la UE, lanzado por la presidenta (de la CE) Von der Leyen, en un vínculo que combine las innovaciones en tecnología de las telecomunicaciones con la energía renovable, para despejar el camino a una nueva era de productividad económica sostenible.

Nos encontramos al borde de un abismo, ante el cual puede tomarse una decisión clave a escala global. Una ley energética global podría tener (un efecto) transformador. Ahora, más que nunca, deberíamos recordar la frase de Platón: “los accidentes y calamidades…son los legisladores universales del mundo”.

Esta crisis es una oportunidad única para desarrollar un nuevo sistema energético global basado en principios normativos sostenibles para todos.