Rumanía, nueva puerta de entrada a la UE para miles de refugiados afganos

Varios migrantes afganos conversan en la propiedad abandonada en la que duermen en Timisoara (Rumanía). EFE/Marcel Gascón

Bucarest (EuroEFE).- Más de seis mil refugiados procedentes de Oriente Medio y Asia, sobre todo afganos, pidieron asilo en Rumanía en 2020, un récord para un país que se ha convertido en la puerta de entrada a la Unión Europea (UE) para quienes llegan a Occidente por la llamada ruta de los Balcanes.

Con Croacia -que como Rumanía, y a diferencia de Serbia y Bosnia, integra la UE- blindada ante la inmigración ilegal y ante las denuncias de brutalidad policial contra migrantes de las fuerzas del orden croatas y devoluciones en caliente hacia Bosnia, muchos retroceden hacia el este en búsqueda de otro camino hacia la UE. La única vía de ingreso en el terreno comunitario es entonces cruzar la frontera rumana.

“Llegué hace dos meses procedente de Serbia”, cuenta a Efe un joven afgano que no quiere revelar su nombre, y tras solicitar asilo en Rumanía, duerme junto a decenas de compatriotas en una mansión abandonada de la ciudad rumana de Timisoara, en el este del país y cerca de las fronteras con Hungría y Serbia.

ESCALA HACIA OCCIDENTE

Como el resto de los ocupantes del edificio, este afgano que huye de la pobreza, la guerra y el caos en su tierra natal fue obligado a pedir asilo en Rumanía para no ser deportado nada más entrar ilegalmente en el país. Pero escapó del centro de recepción para continuar su viaje hacia países más occidentales y ricos.

“Quiero llegar a Francia porque allí conozco gente y hay más oportunidades”, explica este antiguo carpintero en una de las estancias llenas de basura en las que duerme.

Países como Alemania o Austria son otros de los destinos más anhelados entre los migrantes, debido a sus políticas de asilo relativamente generosas, la pujanza de sus economías y la existencia de comunidades afganas.

EL RETO DE CRUZAR HUNGRÍA

Una vez en Rumanía, quienes se han fugado de los centros habilitados para que los demandantes de asilo aguarden a la resolución de su caso intentan ingresar clandestinamente en Hungría y cruzar el país más estricto de la UE con la inmigración ilegal para proseguir su viaje.

“Lo he intentado dos veces, escondido en los contenedores de un camión”, dice en la mansión abandonada un joven huérfano cuya familia fue asesinada por los talibanes y llegó a Rumanía tras salir de Afganistán por Irán y pasar por Turquía, Grecia y la antigua Yugoslavia.

 

 

“La policía me encontró dentro del contenedor y me devolvió a Rumanía”, cuenta el joven, que aspira a llegar a Alemania y asegura que volverá a intentar lograr su objetivo con otros compañeros nada más se le presente la oportunidad en los próximos días.

La Policía de Frontera rumana también intercepta casi a diario a migrantes de países como Afganistán, Siria o Pakistán escondidos en camiones que se dirigen a Hungría.

LAS AUTORIDADES RUMANAS DESBORDADAS

Los 6.138 solicitantes de asilo que llegaron a Rumanía en 2020 supusieron un incremento del 137 % respecto a las cifras de 2019. Más de la mitad de ellos entraron por la región de Timisoara en los últimos tres meses del año.

La afluencia de migrantes especialmente de Afganistán, que continúa en 2021, coincide con el deterioro de la ya precaria situación en el país asiático, que en los últimos meses ha vivido un recrudecimiento de la violencia talibán y asiste con inquietud a la posible retirada de las tropas estadounidenses.

El influjo de inmigrantes ha desbordado a las autoridades rumanas, que no tenían presupuesto asignado para dar de comer y ofrecer alojamiento a estas personas,re y apenas pueden hacer frente a sus muchas necesidades.

UNA OLA DE SOLIDARIDAD CÍVICA

Una ola de solidaridad ha acudido al rescate de los refugiados, con la movilización de iglesias cristianas, la comunidad musulmana y la ONG LOGS, que coordina la respuesta cívica a la emergencia humanitaria, garantiza a diario que puedan comer caliente y protegerse del frío.

“Desde noviembre, gracias a donaciones privadas, a voluntarios de iglesias evangélicas, iglesias baptistas, de la comunidad musulmana y de organizaciones caritativas, ofrecemos dos comidas al día a los inmigrantes”, explica el fundador de LOGS, Flavius Ilioni-Loga.

EMPATÍA DE EMIGRANTES A EMIGRANTES

Una de estas instituciones es la Iglesia Baptista Betel de Timisoara, a la que acuden cada noche los refugiados que viven en los edificios abandonados para recibir un vaso de té caliente y algo de comer, además de ropa y asistencia médica de un dermatólogo iraní establecido en la ciudad.

“Mucha gente ha querido ayudar, en parte porque los rumanos hemos emigrado mucho, y, especialmente en esta zona, todo el mundo conoce a alguien que cruzó ilegalmente la frontera con Serbia (entonces la antigua Yugoslavia) durante el comunismo”, cuenta a Efe Ionica Olariu, uno de los voluntarios de esta iglesia.

UN PROBLEMA NACIONAL

Pese a la implicación de estos voluntarios, la situación está lejos de ser sostenible. El alcalde de Timisoara, Dominic Fritz, ha asegurado que el ayuntamiento es la única administración que contribuye a la alimentación de los migrantes en la ciudad.

“Son personas sin alojamiento, con problemas sociales y de salud que deben ser gestionados, y nosotros, como ciudad, no tenemos los recursos necesarios”, declaró recientemente Fritz. “Es un problema nacional y no debe dejarse sola a Timisoara”, alertó el alcalde.

El ministro del Interior, Lucian Bode, declaró esta misma semana que el Gobierno actuará para desestructurar a las “redes de traficantes de personas” y buscará fórmulas para “sancionar” a quienes escapen de los centros de asilo.

Editado por Virginia Hebrero