La salida de Turquía del Convenio de Estambul, un guiño a los ultraconservadores

Las mujeres sostienen pancartas y gritan consignas durante una protesta en Estambul contra la decisión de Turquía de retirarse del Convenio de Estambul el 20 de marzo de 2021. EFE/EPA/ERDEM SAHIN

Estambul (EuroEFE).- La retirada de Turquía del Convenio de Estambul, un tratado para prevenir la violencia machista, anunciada por sorpresa el pasado día 20, es una estrategia electoral del presidente del país, Recep Tayyip Erdogan, para asegurarse el apoyo de los sectores ultraconservadores, según los expertos consultados por Efe.

La salida de Ankara del tratado ha causado estupor en amplias partes de la sociedad turca, ya que la nación euroasiática fue la primera en firmarlo (en 2011) y en ratificarlo (2012).

Y fue el propio Erdogan, entonces primer ministro turco, quien promovió este proceso, percibido en ese momento como “una fiesta” por las feministas turcas, recuerda en conversación con Efe la socióloga Feride Acar, delegada en Estrasburgo para elaborar el texto con pleno respaldo del partido islamista AKP, que fundó Erdogan.

La causa de este giro, según Acar, sería que el AKP “está perdiendo apoyos y busca el voto de sectores marginales, como formaciones islamistas, intentando rascar todo lo que pueda”.

CRÍTICAS DEL PARTIDO ISLAMISTA

Hace apenas dos semanas, el tratado fue blanco de las críticas del partido islamista Saadet -antigua matriz del Partido Justicia y Desarrollo (AKP) y más conservador que éste-, que con menos del 2% de votos en las últimas elecciones, forma hoy coalición con dos formaciones de la oposición.

“Desde que se firmó el Convenio, la violencia contra las mujeres ha aumentado diez veces en Turquía”, dijo su dirigente, el islamista Temel Karamollaoglu.

Pero el principal ataque viene del flanco ultra del propio AKP, de personajes como Abdurrahman Dilipak, con 800.000 seguidores en Twitter, que lo mismo difunde teorías de conspiración sobre la vacuna de la covid que proclamas de que el Convenio de Estambul es un pérfido invento occidental para destruir las familias turcas.

En verano, Dilipak insultó a varios altos cargos del AKP por defender el convenio y los ánimos se caldearon hasta que la organización de mujeres Kadem, cuya vicepresidenta es Sümeyye Erdogan, hija del presidente, salió a defender el pacto y el jefe de Estado le mandó callar.

EL CONVENIO, “ESA VÍBORA”

Pero la labor de zapa continuaba: por las redes sociales circulan caricaturas que muestran el Convenio como una víbora saliendo de una cueva llamada Unión Europea (UE); como una carga de dinamita bajo una casa familiar turca o en forma de bandera que un conquistador europeo planta en las murallas de Estambul.

Cuando grupos de estudiantes ondeaban banderas de arcoiris en sus protestas contra Erdogan en enero pasado, Twitter se llenó de lemas que denunciaban la homosexualidad como fuente de todos los males y exigían abolir el Convenio de Estambul.

“Estos grupos intentaban legitimar sus valores convirtiendo el Convenio en un chivo expiatorio para cosas que no tienen nada que ver con el pacto. Ahora el gobierno les hace un guiño. Es política interna”, resume Acar.

Un comunicado de la presidencia turca alega que el citado acuerdo internacional, “inicialmente concebido para promover los derechos de la mujer, ha sido secuestrado por un grupo que intenta normalizar la homosexualidad, incompatible con los valores sociales y familiares de Turquía”.

En realidad, el tratado no menciona la homosexualidad en ninguna parte y solo subraya en un párrafo que sus normas se han de aplicar “sin discriminar por orientación sexual”.

PROMESAS DEL GOBIERNO

El ministro turco del Interior, Süleyman Soylu, intentó hoy calmar las aguas, prometiendo “tolerancia cero” respecto a la violencia contra las mujeres.

“Quienes dicen que con esto se acaba todo, que a partir de mañana ya no tomaremos medidas para las mujeres, son injustos con las leyes de Turquía y con los esfuerzos que hemos hecho”, dijo el ministro.

Las feministas no se fían. “El Convenio establece un marco legal de prevención de la violencia para proteger a las mujeres. Lamentablemente, el Gobierno solo sigue los casos de víctimas”, explica la jurista Hürrem Sönmez a Efe.

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¿LA SALIDA ES LEGAL?

Sönmez duda de que la salida sea siquiera legal: “Según la Constitución, los convenios internacionales no se pueden cambiar sin pasar por el Parlamento”, explica.

Erdogan emitió en 2018, al amparo del estado de emergencia, un decreto por el que se concedió la potestad de abandonar tratados internacionales mediante decreto, pero el principal partido opositor, el socialdemócrata CHP, ya ha anunciado que denunciará el caso ante el Tribunal Administrativo Supremo.

“El decreto sienta un precedente muy peligroso. Cualquier día nos levantamos y Turquía se habrá retirado de otros tratados”, lamenta la abogada Canan Bozkurt en declaraciones a Efe.

Feride Acar lo corrobora: “A largo plazo, me temo que hay intención de retirar a Turquía del sistema internacional de derechos humanos en su conjunto”, dice.

En Turquía mueren cada año unas 300 mujeres a manos de sus maridos, exmaridos, novios, exnovios, pretendientes o familiares, según cifras de organizaciones cívicas.
Ante esta lacra, las feministas han acuñado el lema: “El Convenio salva vidas”.

Editado por Virginia Hebrero