Josep Borrell: “Sin la narración falsa contra Europa el Brexit no existiría”

El alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, durante la entrevista concedida a la Agencia EFE a través de videoconferencia desde Bruselas. EPA-EFE/Stephanie Lecocq

Madrid/Bruselas (EuroEFE).- El Alto Representante de la Unión Europea para los Asuntos Exteriores y la Política de Seguridad, Josep Borrell, es optimista sobre las opciones de que haya un acuerdo de salida para el Reino Unido en las próximas horas. Según su experiencia de 34 años en asuntos europeos, los acuerdos se alcanzan siempre en el último momento y el precio de una salida sin acuerdo es demasiado alto para afrontarlo.

En una entrevista concedida a la Agencia Efe y realizada a través de videoconferencia, el español Josep Borrell (Lleida, 73 años) echa la vista atrás y considera que sin los bulos generados en Londres en contra de la UE el Brexit no existiría. No obstante, añade que los británicos nunca quisieron una Europa política y se han bajado del tren cuando han visto que se encaminaba hacia una estación a la que no querían llegar.

A falta de llegar a un acuerdo sobre la pesca y cómo resolver los litigios comerciales, el jefe de la diplomacia europea cree que el pacto final puede estar cerca. “Los problemas de una salida sin acuerdo son tan grandes que creo que se impondrá la necesidad del pacto. Lo veremos en las próximas horas”, asegura desde su despacho en Bruselas, con un gran mapa de Europa de fondo.

Borrell recuerda que la propaganda oficial de los defensores del Brexit aseguraba que con el dinero que se aportaba a la UE se podría construir un hospital cada semana. “Al día siguiente de esa narrativa falsa ya estaban diciendo que era un error de cálculo”, explica Borrell, que establece un claro paralelismo con el movimiento independentista catalán.

El Reino Unido se quejaba de aportar demasiado dinero. Los independentistas catalanes, de que España les roba. “Hay que hacer un esfuerzo por contrarrestar la desinformación y ya podemos espabilar porque vivimos en un mundo gobernado por la batalla de las narrativas”, advierte Borrell.

UNA CULTURA ESTRATÉGICA COMÚN

En ese mundo de las narrativas, Josep Borrell manifiesta reiteradamente su empeño por establecer una “cultura estratégica común” europea, un objetivo complicado en un terreno, el de la política exterior, que requiere la unanimidad.

Considera que la UE tiene resortes suficientes para actuar como una gran potencia, pero confiesa las enormes dificultades para llegar a acuerdos en un año, su primero al frente de la diplomacia europea, especialmente complicado por la pandemia.

“Casi todos los días veo problemas que parecen imposibles de resolver y la mayoría de ellos demuestran que lo son”, bromea. “Este puesto produce insomnio y ha sido más complicado de lo que esperaba. Nos falta una cultura estratégica común que, traducido al lenguaje vulgar, significa que no entendemos el mundo de la misma manera. Poner de acuerdo a 27, todos a la vez, desemboca en ocasiones en un contenido vacío”, lamenta.

Para Josep Borrell, fue un momento especialmente difícil el anuncio de Estados Unidos de su proyecto de plan de paz en Oriente Medio. Considera un grave problema las relaciones con Turquía y el agravamiento de la seguridad y la lucha antiterrorista en el Sahel.

En el lado positivo de la balanza sitúa la operación militar IRINI para controlar el tráfico de armas en el Mediterráneo y el marco regulatorio para imponer sanciones por atentados a los derechos humanos.

Los fondos de reconstrucción, bautizados como Next Generation, y el relevo en la Casa Blanca van a ayudar a tejer esa nueva Unión Europea en la que Borrell está embarcado. Una Europa que, en su criterio, necesita recuperar terreno en ciertas áreas tecnológicas.

Se considera un “ministro europeo incipiente de Defensa” y tiene fe en la fuerza de la UE. “Históricamente, las pandemias son grandes generadoras de cambios estructurales”, afirma.

UNA ECONOMÍA “EN COMA”

El paquete de fondos europeos de más de 1,8 billones de euros para superar la crisis es la “respiración asistida” para una economía europea a la que la Covid ha obligado a poner “en coma inducido”, declara Borrell.

“Lo que hemos tenido que hacer es poner en coma inducido a las economías, paralizar la actividad económica. Cuando estás en coma inducido necesitas respiración asistida”, dice.

El también vicepresidente de la Comisión Europea cree que la diferencia entre la solución expansiva de la UE en política económica en esta crisis sanitaria y la austeridad que se dio como respuesta a la llamada “crisis del euro” de 2008 estriba en la propia naturaleza de cada uno de esos dos choques económicos.

En la primera, de origen financiero, se señalaba a Grecia “supuestamente por indisciplina fiscal” y en el relato político “había un pequeño país que aparecía como responsable por no haber hecho sus deberes”.

“Esta nos ha afectado a todos a la vez y no se puede echar la culpa a nadie. Con lo del euro se planteaba un problema de riesgo moral y aquí esto no aparecía para nada porque nadie tiene la culpa del virus”, comenta Borrell.

Los Estados miembros tuvieron que cerrar sus economías para proteger la salud de los ciudadanos. Y para regenerar la actividad llegaron a un histórico compromiso para desembolsar 750.000 millones de euros en préstamos y transferencias, parte de ello emitiendo deuda comunitaria, más otros 1,074 billones para el presupuesto comunitario de 2021 a 2017.

“El Gobierno, el Estado, el poder público, está para ser el prestamista en última instancia, el asegurador en última instancia, el accionista en última instancia… cuando todo se paraliza hay unas instituciones, que afortunadamente tenemos, que pueden actuar como salvavidas”, resume.

Los efectos del coronavirus, no obstante, tienen grandes posibilidades de transformar el mundo, porque “históricamente, las pandemias son grandes generadoras de cambios estructurales”.

“Los expertos dicen que el hombre moderno, que se libera de ser un siervo de la gleba, un vasallo feudal, nace como consecuencia de los cambios mentales que se produjeron después de las pestes negras en la Europa del 1300. Las epidemias provocan derrotas militares, cambios en las fronteras, transformaciones culturales… Probablemente, esta también tendrá estos efectos, a medio y a largo plazo”, reflexiona.

CHINA ESTÁ DESPLAZANDO A LA UE EN LATINOAMÉRICA

Por otro lado, advierte de que si la UE no establece “más y mejores relaciones” con América Latina será desplazada por China.

Es una reflexión al hilo de las dificultades que los veintisiete países de la UE y los cuatro de Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) están teniendo para ratificar el acuerdo comercial que pactaron en 2019, tras veinte años de negociaciones. Él es partidario de salvarlo.

“Creo que eso debe poder tener una solución política porque si no establecemos más y mejores relaciones con América Latina seremos desplazados por China”, ya que “China está desembarcando en América Latina más que en África”, advierte Borrell.

El avance del gigante asiático a los países latinoamericanos, especialmente a los de la fachada del Pacífico, explica el jefe de la diplomacia de la UE, se está produciendo “con inversiones, con actividades culturales, con comercio, y nos han desplazado, ya no somos el segundo socio comercial de América Latina, el segundo es China”, asegura.

El político español subraya que la UE tiene que invertir esa situación: “tenemos que volver a ocupar el espacio para seguir teniendo influencia y para beneficiarnos del desarrollo de América Latina, y América Latina también lo necesita”, considera.

Por ello, mantiene que los Veintisiete deben “ser capaces de completar el acuerdo (con Mercosur), no en los aspectos comerciales, que ya están cerrados, así como los políticos e institucionales, sino en los aspectos medioambiental y climático”.

Las dudas europeas por asuntos medioambientales o de desarrollo sostenible que faltarían en el acuerdo han sido expresadas por algunos países como Francia, Holanda, Austria o Bélgica.
Del Parlamento Europeo surgió el último escollo al proceso de ratificación. En octubre aprobó una resolución en la que se dejaba claro su rechazo, ante la política medioambiental del presidente brasileño, Jair Bolsonaro, en la Amazonia.

VENEZUELA AVANZA HACIA LA “DESINSTITUCIONALIZACIÓN”

En cuanto a Venezuela, avanza hacia la “desinstitucionalización” y eso es “malo”, advierte Borrell, quien aboga por plantear negociaciones entre los venezolanos para celebrar unas nuevas elecciones y aconseja “unidad de acción” a la oposición.

“Desgraciadamente, se ha avanzando en la desinstitucionalización en el país. Eso es malo para todos, también para la oposición, y hay que volver a plantear una negociación entre las partes en Venezuela”, dice.

En las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre, con una abstención del 70 % y con una escasa participación de la oposición, el chavismo gobernante en Venezuela se hizo con 253 de los 274 escaños que conforman la Asamblea Nacional (AN, Parlamento), con lo que controlará la nueva Cámara que se instalará el próximo 5 de enero.

Al día siguiente de los comicios convocados por el Gobierno de Nicolas Maduro, los Veintisiete rechazaron el resultado de las elecciones por incumplir “los estándares internacionales mínimos” y exigieron la celebración de elecciones legislativas y presidenciales “creíbles, inclusivas y transparentes”.

TRUMP “NOS HA DESPERTADO DE UN CIERTO SONAMBULISMO”

Por otro lado, considera que la irrupción de Donald Trump en la escena internacional hace cuatro años hizo que la UE se diera cuenta de que dependía demasiado de EEUU y favoreció que ahora busque una mayor autonomía.

“Trump nos ha despertado de un cierto sonambulismo estratégico. Los europeos, al final de la II Guerra Mundial, nos acostumbramos a vivir bajo el paraguas protector de EEUU y muchos países están muy cómodos así y algunos creen, con razón, que deben su libertad a los Estados Unidos, que ganaron la Guerra Fría”, dice Borrell.

Esa cómoda relación entre Bruselas y Washington, donde los europeos descargaban en los estadounidenses gran parte del peso militar global a través de la OTAN, saltó por los aires con Trump, quien con un lenguaje “a veces de excesiva crudeza” le ha señalado a Europa que tiene que asumir su “parte de responsabilidad en cuestiones de seguridad y defensa” internacional.

“Trump nos ha dicho: ‘oiga, voy a cerrar el paraguas, pueden ustedes ir espabilando’. Y eso nos ha creado un cierto despertar y tomar conciencia de nuestra dependencia”, reflexiona el vicepresidente de la Comisión Europea.

 

Entrevista coordinada y editada por Catalina Guerrero con la colaboración de Javier Albisu y Dani Rovirosa