Atenas ve en el retroceso de la migración un éxito de su política disuasoria

Grecia

Una familia de solicitantes de asilo espera para ocupar un campamento de refugiados cerca de Kara Tepe, en la isla griega de Lesbos, el 17 de septiembre de 2020. [EFE/EPA/VANGELIS PAPANTONIS]

Atenas (EuroEFE).- Los flujos migratorios en el Mediterráneo oriental, durante años el foco de la crisis de refugiados, se han reducido notablemente este año dando un respiro a Grecia que, sin embargo, mantiene en la isla de Lesbos a casi 8.000 personas en un campo provisional sin protección para afrontar la llegada del frío.

Dos meses después del incendio que acabó con el campo de Moria los refugiados de Lesbos esperan la llegada del invierno en carpas de Acnur, mal acondicionadas y sin calefacción.

Para lavarse siguen teniendo que recurrir a las instalaciones precarias colocadas en septiembre a toda prisa para poder dar cobijo a las miles de personas que se habían quedado sin albergue. Apuran sus necesidades en sanitarios portátiles que apenas soportan las ráfagas de viento que azotan las islas del Egeo en esta época.

Hace apenas un mes las fuertes lluvias se llevaron por delante 80 carpas y anegaron el campo, en un prólogo sombrío de lo que puede llegar todavía.

SIN PROTECCION ANTE EL INVIERNO

El Gobierno del conservador Kyriakos Mitsotakis ha prometido que en breve acondicionará el campo para la llegada del invierno, pero de momento no hay preparativos de ningún tipo.

Una iniciativa local envió este miércoles una carta al ministerio de Migración y Asilo reclamando que se instalen urgentemente las 400 tiendas de campaña con calefacción donadas por el Gobierno austríaco, con capacidad para 2.000 personas.

“Las carpas existentes son particularmente vulnerables a la humedad y al frío. Ya ahora es insoportable aguantar la noche. Creemos que las carpas de donación austríacas pueden satisfacer parte de las necesidades de los 7.500 refugiados, de los cuales 2.500 son niños, a la espera del traslado de más personas al continente, lo que sigue siendo una prioridad absoluta”, señalaron los firmantes.

El nuevo campo de Lesbos, situado a pocos metros del mar, fue erigido a modo provisional, pero todo indica que como muy pronto habrá un sustituto a finales del próximo verano.

CAMPOS CERRADOS Y MAS PEQUEÑOS

El objetivo del Gobierno es crear nuevas estructuras cerradas y más pequeñas en las cinco islas que sirven de puerta de entrada a Europa (Lesbos, Samos, Quíos, Leros y Kos), pero el proyecto se ha ido dilatando ante la resistencia de las comunidades locales que no quieren ningún campo en sus territorios.

En Samos, Kos y Leros ya han comenzado las obras y, según ha explicado el ministro de Migración, Notis Mitarakis, las comunidades locales en estas islas ya han aceptado que la solución de tener un centro de acogida cerrado y organizado es mejor que la “anarquía” que prevalecía hasta ahora y en ubicaciones “inaceptables” como el de Leros, erigido en el terreno del hospital psiquiátrico.

Los tres campos en cuestión serán financiados íntegramente por la Comisión Europea que ya ha aprobado el desembolso de 120 millones de euros para su construcción.

La meta final del Ejecutivo es que la estancia en estos campamentos solo sean una etapa breve en la vida de los migrantes y no como hasta ahora el destino final de muchos.

Para ello se ha propuesto acelerar las devoluciones, la tramitación de las solicitudes de asilo y los traslados a la parte continental de Grecia.

Según los últimos datos del ministerio de Migración, en los primeros diez meses, el número de migrantes en las islas se redujo en un 55 % respecto al mismo periodo de 2019 y la tramitación de las solicitudes aumentó en un 73 %, lo que no quita que siga habiendo más de 80.000 peticiones pendientes de resolución.

Con todo, la cifra más importante es la enorme reducción de las llegadas en estos primeros diez meses. En total arribaron a Grecia desde Turquía 13.482 personas, un 76 % menos que en el mismo periodo del año pasado.

El retroceso no parece deberse solo a la pandemia de la covid, pues al mismo tiempo han aumentado los flujos en el Mediterráneo occidental y por vía terrestre en los Balcanes occidentales.

ACABAR CON EL EFECTO LLAMADA

El Gobierno conservador griego atribuye este retroceso a una gestión encaminada a dejar de ser un país atractivo para la inmigración -“No queremos ser puerta de entrada para los migrantes”, ha dicho repetidamente Mitarakis-.

Para ello basa su política migratoria en tres pilares: reforzar las fronteras, acelerar el procedimiento de asilo para incrementar las devoluciones y reducir el periodo de las ayudas estatales para los que han recibido el estatus de refugiado.

Muchas organizaciones humanitarias y también organismos internacionales como Acnur o el Consejo de Europa han criticado que el coste de esta política es la violación sistemática de las leyes internacionales y de los derechos humanos.

La muestra más flagrante es la devolución en caliente de refugiados en la frontera terrestre con Turquía por el río Evros, pero también en el mar Egeo.

Informes elaborados independientemente por numerosas organizaciones hablan de episodios de guardacostas griegos que impiden a los botes llegar a las islas griegas y los empujan de nuevo hacia las costas turcas, a veces a base de golpes o rompiendo el motor de sus embarcaciones, incluso con ayuda de Frontex.

El Gobierno griego ha asegurado que las quejas por las devoluciones “carecen de fundamento y son totalmente erróneas”.