El veto de Orbán: un póquer político que puede volverse contra él

Orbán

Viktor Orbán, a la entrada del Consejo Europeo de Bruselas, el 12 de diciembre de 2019. [EFE-EPA]

Budapest (EuroEFE).- El bloqueo de Hungría al presupuesto de la Unión Europea (UE) no sólo amenaza al plan para rescatar a la economía europea del desastre de la pandemia del coronavirus, sino que encierra también un peligro para el primer ministro húngaro, el ultranacionalista Viktor Orbán, muy necesitado de los mismos fondos comunitarios que obstaculiza.

Hungría, así como Polonia, ha justificado su bloqueo a las cuentas comunitarias para el periodo 2021-2027 en el acuerdo para que el respeto al Estado de derecho sea una condición para recibir en el futuro fondos europeos, de los que los dos países se cuentan entre sus principales beneficiarios.

Los gobiernos de Budapest y Varsovia, contra los que Bruselas ha abierto expedientes justo por atacar principios como la independencia de la justicia, argumentan que esa condición supone una presión y un chantaje político que atenta contra la soberanía de los países.

MILES DE MILLONES PARA HUNGRÍA

Pero el veto responde, según el analista Patrik Szicherle, al riesgo real de perder esos fondos si se exige a los países que cumplan las normas y valores comunitarios.

“Es un riesgo importante para Orbán, ya que gran parte de los proyectos y de las inversiones en Hungría se financian con fondos europeos. Con ellos se financia el sistema clientelar, a los inversores cercanos al Gobierno, que utilizan importantes cantidades de dinero comunitario”, resume este experto del laboratorio de ideas Political Capital.

Hungría ha recibido entre 2014 y 2020 unos 39.000 millones de euros de la Unión Europea, una cantidad que en los próximos siete años podría llegar a 52.800, según los cálculos del portal informativo portfolio.hu.

Si se tiene el cuenta que el PIB húngaro fue de 146.039 millones de euros en 2019, las aportaciones de Bruselas pueden suponer hasta el 5 % de los presupuestos anuales del país.

Por ejemplo, entre 2007 y 2013, los fondos de cohesión contribuyeron a crear 75.000 puestos de trabajo en Hungría, se construyeron 400 kilómetros de carreteras y se subvencionaron 3.500 proyectos de I+D (investigación y desarrollo).

Si mantiene su veto y la llegada de dinero se interrumpe, Orbán puede tener problemas conforme se acerquen las elecciones generales previstas para la primavera de 2022, ya que faltará dinero para aumentar los sueldos y financiar proyectos que disminuyan el desempleo.

“Llegará un punto en el que para el Gobierno sea de gran interés que ese dinero empiece a llegar al país y que se pueda utilizar”, explica Szicherle.

¿QUIÉN CHANTAJEA A QUIÉN?

Si para Orbán el condicionamiento de los fondos es “un chantaje político”, desde las instituciones comunitarias y desde algunos socios de la UE se ha acusado a Hungría y Polonia de secuestrar el presupuesto.

“Orbán está tomando como rehén a toda la UE por su fallido régimen autocrático”, critica el eurodiputado de Los Verdes Rasmus Andressen.

La secretaria de Estado de Asuntos Exteriores de España, Cristina Gallach, ha dicho que el veto es “un misil” contra la unidad de la UE, y su colega alemán, Michel Roth, ha advertido de que los ciudadanos pagarán un precio muy alto.

Según Szicherle, Hungría y Polonia apuestan por que el resto de socios ceda y acepte un acuerdo en el tema del condicionamiento, para no retrasar la llegada de los fondos a países como España e Italia, muy afectados por la pandemia.

“Probablemente la meta será lograr que los criterios del condicionamiento se diluyan tanto como para que su aplicación sea casi imposible”, opina el analista.

De hecho, Orbán ya ha planteado que las decisiones dentro de este mecanismo sean recurribles para que alarguen los procesos.

POLÍTICA NACIONAL

Tanto el Gobierno húngaro como el polaco necesitan que su veto sea visto como una victoria por sus respectivas opiniones públicas.

De momento, el 72 por ciento de los húngaros apoya que el desembolso de los fondos esté condicionado de alguna manera al respeto del Estado de derecho, según una encuesta del Eurobarómetro.

“Eso quiere decir que entre ellos hay muchos votantes del Fidesz”, el partido de Orbán, apunta Szicherle, quien agrega que el Gobierno deberá recurrir a “su imperio mediático” para controlar el mensaje y difundir su postura.

El Gobierno ya ha dado el primer paso en esta campaña al responsabilizar de su veto a los países que defienden el condicionamiento.

“La responsabilidad es de quienes permitieron que los debates ideológicos tomaran como rehén el fondo de rescate y que violaron el acuerdo de los jefes de Estado y de Gobierno firmado en julio”, ha denunciado la ministra húngara de Justicia, Judit Varga, en la red social Facebook.

EL EFECTO COVID

Sea como sea, los efectos de la pandemia de la covid podrían generar una presión sobre Orbán para que aumente el gasto público para reactivar la economía.

“Ese es un riesgo real para el Fidesz”, añade Szicherle, que cree que muchos países tendrán ese problema.

“Después de cierto tiempo, será incómodo para todos los implicados”, enfatiza el analista, quien vaticina que ni el presupuesto ni el fondo de recuperación estarán activos a principios de año.