ONG pide más transparencia en la toma de decisiones de la UE

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. EFE/Archivo [EFE-EPA]

Bruselas (EuroEFE).- La ONG Transparencia Internacional (TI) advirtió este jueves de que la Unión Europea (UE) debe aún recorrer un “largo camino” antes de poder asegurar que su toma de decisiones no es opaca para el gran público en un momento en el que –señala– “optar por el secretismo hace que los ciudadanos acaben pagando el pato”.

Así se desprende de un estudio elaborado por esta organización, que recoge los progresos y deficiencias en el área de transparencia e integridad en las tres instituciones (Comisión, Parlamento y Consejo) y apunta a déficits en áreas como la publicación sistemática de documentos, las reuniones secretas con grupos de presión o la falta de cumplimiento de los códigos éticos de los que se dotan los propios organismos.

“La transparencia y la integridad nunca habían sido tan importantes en la Unión Europea. La crisis con los contratos de las vacunas podría haberse evitado, o al menos mitigado, con una mayor transparencia”, opinó el director de la oficina en Bruselas de TI, Michiel van Hulten, en la presentación del informe.

También la defensora del pueblo europea, Emily O’Reilly, advirtió de que “no debería hacer falta una crisis o una demanda pública para que la transparencia se convierta en una virtud de la administración”.

LA COMISIÓN EUROPEA

Transparencia Internacional señaló que la Comisión Europea “está más avanzada en sus medidas de transparencia que la mayoría de gobiernos nacionales y otras instituciones y entidades europeas” y reconoció que su rendición de cuentas al Parlamento “ha mejorado en los últimos años”, aunque la Eurocámara sigue sin tener iniciativa legislativa.

En el extremo opuesto, TI advierte que las respuestas de la Comisión a las peticiones ciudadanas de acceso a documentos suelen interpretarse como “restrictivas” y que, pese a que cuenta con normativas para hacer públicas sus reuniones con grupos de presión, aún hay muchos “deslices” en esta área, ya que la gran mayoría de los altos funcionarios no están obligados a dar cuenta de estas reuniones.

La organización también detecta “lagunas” en el código de conducta que deben seguir los comisarios a la hora de buscar empleo en el sector privado tras su función pública, cuestionado por su ligereza y reforzado en parte tras la contratación del expresidente de la CE José Manuel Durao Barroso por el banco de inversiones Goldman Sachs en 2016.

Entonces, el comité de ética de la CE no vio “motivos suficientes” para establecer que Barroso hubiera faltado a sus deberes de integridad y discreción al fichar por Goldman Sachs y que pudiera, por tanto, pedirse una sanción. En la actualidad, el comité sigue dependiendo de la iniciativa del presidente de la Comisión y no puede comenzar investigaciones de oficio.

EL PARLAMENTO EUROPEO

Entre los puntos positivos, TI destaca que la Eurocámara pone a disposición pública la mayoría de los documentos que produce, alaba su observatorio para el acceso a la información relevante de los procesos legislativos, y señala mejoras “significativas” en cuanto a la transparencia de las reuniones entre eurodiputados y grupos de presión.

No obstante, juzga con dureza el sistema de decisiones sobre las dietas y beneficios que reciben los eurodiputados, que “incluyen una aportación generosa para una oficina en un pago único sin tener en cuenta la existencia o no de dicha oficina, y sin requisitos de auditoria” y sobre las que TI cree que “se debe garantizar un mayor escrutinio público”.

Pese a ciertas mejoras en la transparencia de los sueldos secundarios de los eurodiputados, TI aún percibe cierto margen para que obtengan beneficios de tareas de consultoría o derecho con clientes en el mismo sector en el que están legislando, sin que estos conflictos de interés lleven siempre a que el diputado pierda su responsabilidad sobre una legislación concreta.

Además, las sanciones por violaciones de las reglas de procedimiento o del código de conducta de los eurodiputados son escasas y mayoritariamente limitadas al mal uso de dietas, y las investigaciones sobre estos comportamientos tienden a ser poco transparentes.

Estas deficiencias !suponen un riesgo significativo de que las malas conductas de individuos afecten adversamente a la confianza de los ciudadanos en la institución y en la UE”, advierte TI.

EL CONSEJO

Respecto al Consejo, que representa a los gobiernos nacionales, TI alerta de que se trata de un organismo híbrido, ya que funciona como institución comunitaria pero también como representación de los Estados miembros y que, precisamente por esto, no rinde cuentas ante la ciudadanía europea y puede ignorar las llamadas a una mayor transparencia.

“Los ciudadanos no pueden castigar al Consejo como tal. Sólo pueden votar por su propio gobierno nacional. Un cambio requiere que estas deficiencias se tengan en cuenta en 27 capitales”, señala TI.

La organización apunta que la mayoría de su personal no está obligado a informar de reuniones con grupos de presión y que no existe un código de conducta o unos mínimos éticos para las declaraciones de intereses financieros o los patrocinios de las presidencias semestrales, pese a que Microsoft apoyó a la presidencia austríaca y BMW hizo lo propio con la finlandesa, entre otras marcas y países.

TI también deplora que no existan registros oficiales sobre las posiciones de cada país en las deliberaciones legislativas, que habitualmente solo se conocen por filtraciones a la prensa de los propios gobiernos. Es el caso contrario a las enmiendas del Parlamento Europeo, que se publican de manera sistemática identificando el sentido del voto, eurodiputado y partido en cada una de ellas.

“Esto crea un obvio déficit en la legitimidad democrática del trabajo del Consejo, ya que la amplia mayoría del trabajo legislativo sucede a puerta cerrada y la falta de información sobre las posiciones de cada gobierno hace imposible que los ciudadanos y parlamentos nacionales sepan qué está defendiendo su gobierno a nivel europeo”, alerta TI.

Editado por Miriam Burgués