Ser o no ser, la UE ante la Conferencia sobre el Futuro de Europa

Un niño sostiene una bandera de la UE durante una visita a la sede de la Comisión Europea en Bruselas. EFE/EPA/STEPHANIE LECOCQ/Archivo

Bruselas (EuroEFE).- Empantanada durante casi un año, la Conferencia sobre el Futuro de Europa cae ahora en manos del primer ministro portugués y presidente de turno de la Unión Europea (UE), Antonio Costa, dispuesto a hacer todo lo posible para ponerla en marcha en un contexto de incertidumbre por la crisis y la pandemia.

Con la agitación histórica de la última década en tantos frentes, acentuada en los últimos meses por la covid-19, la UE necesita dar vida a su prometida Conferencia, cuyo lanzamiento, previsto ahora en formato digital, depende de la habilidad política de Costa, quien este miércoles comparece ante el pleno del Parlamento Europeo.

Tras cerrar su ronda de contactos Costa hará una propuesta “pragmática” en nombre del Consejo, que asegure un total equilibro con la Comisión y el Parlamento, adelantó el martes la secretaria de Estado portuguesa para la UE, Ana Paula Zacarías.

Con fama de eficaces en sus anteriores tres presidencias de la UE, la cuarta no podía llegar a los portugueses “en un momento más decisivo para Europa”, en palabras de la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen.

Y es que además de asuntos urgentes como la estrategia de vacunación contra la covid-19, la puesta en marcha lo más rápido posible del fondo de recuperación, la ratificación de acuerdos comerciales (Reino Unido, China o Mercosur) o el necesario desarrollo del pilar social para proteger en la transformación digital y climática, a Lisboa le toca dar vida a la Conferencia sobre el Futuro de Europa.

El problema no es de fondo, ya que después de las últimas elecciones europeas, en mayo de 2019, la UE prometió una consulta pública, al estilo de los diálogos ciudadanos impulsados por el presidente francés, Emmanuel Macron, “padre” de la idea, y retomando la senda que marcó el expresidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker, que planteó a inicios de 2017 cinco modelos distintos para diseñar el futuro de la Unión.

Von der Leyen prometió lanzar la conferencia, el Consejo Europeo (los Estados) la apoyó, el Parlamento se mostró entusiasmado, e incluso había fecha para la inauguración: el 9 de enero del 2020.

Pero todo se estancó. El problema es de gobernanza y de falta de consenso sobre quién debe liderar esa reflexión en profundidad sobre el rumbo de la UE y su estructura institucional.

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UN PROBLEMA DE LIDERAZGO

Por equilibrio en el reparto de poderes institucionales, la presidencia de la conferencia debería recaer en los liberales de Renew, y la Eurocámara eligió para el puesto al eurodiputado belga Guy Verhofstadt, un “brillante” federalista, con una “personalidad arrolladora” al que “vetan” los países alérgicos a más integración, como los del Este, dice a Efe su compañero de grupo Luis Garicano.

Verhofstadt “no gusta nada al Consejo en general”, acota a Efe el vicepresidente del Grupo del PPE Esteban González Pons, por la simple razón, dice, de ser uno de los federalistas “más combativos”.

“¿Qué quieres que te diga?, en una Conferencia sobre el Futuro de Europa si les parece ponemos a (el primer ministro húngaro, el ultranacionalista Viktor) Orbán”, ironiza, por su parte, a Efe el eurodiputado Domènec Ruiz Devesa, portavoz de los socialistas en la Comisión de Asuntos Constitucionales del PE.

Siendo primer ministro belga, Verhofstadt fue uno de los artífices de la Declaración de Laeken, la cual posibilitó la puesta en marcha en la convención sobre el futuro de Europa, que liderada por el francés Valery Giscard d’Estaing gestó en 2001 el proyecto de Constitución, abortado en referéndums de Francia y Países Bajos, pero que fue la base del actual Tratado de Lisboa.

“¿Temen que un debate verdaderamente europeo extraiga conclusiones que no pueden controlar?”, preguntaban Ruiz Devesa y Verhofstadt en un artículo publicado en la web EUObserver firmado con eurodiputados de otros grupos menos la ultraderecha.

CARTEL Y CALENDARIO

El veto a Verhofstadt ha hecho aflorar otros nombres en las quinielas, todos conservadores, entre ellos el negociador europeo del Brexit, Michel Barnier, que ya se ha quedado libre, y dos ex primeros ministros, el italiano Enrico Letta y el finlandés Alexander Stubb; algo que difícilmente aceptarán los liberales.

Un obstáculo que podría superarse con una copresidencia o con una presidencia tripartita, con un representante por cada institución que se repartan funciones, según apunta Ruiz Devesa.

Algo que González Pons vería como “otra derrota” del Parlamento, que se sintió ninguneado en la ratificación del acuerdo postbrexit y en el papel que le dio en el diseño del Fondo de recuperación.

“Lo deseable -añade- es que Costa haga un anuncio esta semana y que empiece una negociación leal entre las tres instituciones” para dar paso a este debate “inexcusable” sobre el futuro de la UE, que se está escorando hacia la “intergubernamentalidad”, con una Comisión que “cada vez es más la administración” del Consejo.

Si hay acuerdo, las tres instituciones elaborarían una declaración para activar un proceso previsto para dos años, lo que daría al traste con el deseo de Macron de que las conclusiones coincidan con la presidencia francesa de la UE, en el primer semestre de 2022, y en plena carrera electoral al Elíseo, en la que se puede repetir el pulso de 2017 con la ultraderechista Marine Le Pen.

“No veo que la Conferencia tenga que tener un plazo tan largo, en ocho o diez meses se podría hacer. Lo que hay que hacer es ponerla en marcha ya”, considera Garicano, y así cuadrarían los plazos.

Ruiz Devesa lo ve complicado y baraja, por su parte, que la Conferencia se prolongue hasta el 2022, y si le sigue una eventual convención para reformar el Tratado de Lisboa coincidiría con la presidencia española de la UE, en el segundo semestre de 2023.

MÁS CONTROL DEMOCRÁTICO

Tanto Ruiz Devesa como Garicano coinciden en que esa conferencia debe ser el “catalizador” para una reforma del actual tratado o para desarrollar las “pasarelas” que ya contiene para evitar la unanimidad y, por tanto, la posibilidad de veto gubernamental en políticas como Exteriores, Fiscalidad o recursos propios.

González Pons recomienda rebajar ambiciones, ir paso a paso, e intentar sacar de la burbuja europea de Bruselas este debate.

Otro catalizador puede ser, añade el eurodiputado socialista, el mundo pospandemia, ya que el de ahora es “radicalmente diferente” al de hace 13 años, cuando en 2007 se adoptó el Tratado de Lisboa.

Después llegó la crisis financiera del euro, las primaveras árabes, la crisis de las inmigraciones de 2015 y 2016, el Brexit, los nacionalpopulismos, la victoria de Donald Trump en Estados Unidos y la propia pandemia, enumera Ruiz Devesa.

Hay, dice, tres grandes “desequilibrios” en el Tratado: el ecológico (“el cambio climático aparece mencionado una sola vez”), el social y el institucional, pues cree que es necesario introducir más control ciudadano a través del Parlamento.

González Pons está de acuerdo: “Europa si no es democrática no es nada”, zanja.

Editado por Miriam Burgués