Una sociedad bien informada como respuesta al odio en la UE

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Manifestación contra el racismo en Barcelona. EFE/Marta Pérez/Archivo

Santander (España) (EuroEFE).- Un correcto uso de las redes sociales, acabar con la «tibieza» judicial y una sociedad mejor informada y crítica son algunas de las recetas que proponen jóvenes activistas de Cantabria (norte de España) para atajar el auge de los discursos y delitos de odio en toda Europa.

Regino Mateo, de la Asociación de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales de Cantabria, y José Carlos Ceballos (Asamblea de Cooperación por la Paz), quieren sumar sus reflexiones a los debates de la Conferencia sobre el Futuro de Europa (CoFoE) y a los esfuerzos de la Comisión Europea contra los delitos de odio.

Ambos alertan a Efe del auge de los discursos de odio y urgen a actuar cuanto antes para evitar la «permeabilización» de los jóvenes.

Los delitos de odio conocidos por las fuerzas de seguridad del Estado siguen creciendo en España y, en concreto, aumentaron un 9,3 % en el primer semestre de 2021 con respecto al mismo periodo de 2019 (el ejercicio anterior a la pandemia), hasta un total de 610, en su mayoría por racismo, ideología y orientación sexual.

Son datos del último informe de la evolución de los delitos de odio en el país elaborado por el ministerio del Interior, que muestra también que en 2020 ascendieron a 1.401, con un descenso del 17,9 % respecto a 2019 debido a las medidas de confinamiento y las restricciones a la movilidad con motivo de la pandemia de la covid-19.

Pese al descenso de 2020, el informe constata un aumento en ese año de los delitos contra personas con discapacidad (69,2%), de discriminación por razón de enfermedad (62,5%), discriminación por razón de sexo/género (43,5%) y antigitanismo (57,1%).

En el caso concreto de Cantabria, la tasa de delitos de odio conocidos por cada 100.000 habitantes fue de 2,2 en 2020 y se registraron un total de 13, en su mayoría relacionados con la ideología (5), discriminación por sexo o género (2) y antigitanismo (2).

 

DESINFORMACIÓN Y MANIPULACIÓN

El germen de este tipo de delitos está muchas veces en discursos de odio, que son «una herramienta de control política y económica» que se vale de la desinformación y la manipulación de la sociedad, afirma Ceballos, que ha estado en Siria como cooperante y es un activista contra el racismo.

Han existido siempre, pero nunca habían tenido tanta difusión como ahora por el impacto de las redes sociales, que «han multiplicado exponencialmente la capacidad del discurso del odio de tergiversar», expone a Efe.

Especializado en el mundo LGTBI, Mateo asegura que el odio hacia este colectivo «está en auge entre la gente joven y viene vinculado al populismo que reivindica un mundo tradicional y exclusivista».

«Si se escucha en los medios, se reproduce en los lugares de ocio y en los centros educativos», afea Mateo, quien cree que esta tendencia «viene de arriba a abajo porque es la única manera de explicar que hace diez años no se estaba aparentemente tan mal, y de pronto, niños de 10 ó 12 años” están reproduciendo discursos de odio.

Es «lo que escuchan en sus casas, en los medios de comunicación y lo que está pasando en las redes sociales», que «rezuman LGTBfobia» y son «terriblemente tolerantes con los discursos de odio», lamenta a Efe.

Regino Mateo

Regino Mateo, de la Asociación de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales de Cantabria durante la entrevista mantenida con la Agencia Efe en Santander. EFE/Pedro Puente Hoyos

 

España no es un caso aislado. En Europa están creciendo los incidentes y delitos por odio, aunque solamente un 10 % se denuncian, y los que más aumentan son los relacionados con la religión o el sexo de la víctima.

Así lo expone “Cartografía del odio”, fruto de una investigación de dos años liderada por la eurodiputada española del partido Ciudadanos y vicepresidenta de la Comisión de Libertades Civiles del Parlamento Europeo, Maite Pagazaurtundúa, y centrada en analizar los delitos de odio en seis países: España, Alemania, Francia, Italia, Hungría y Polonia.

Con la recolección de 80.000 datos de fuentes oficiales y organizaciones de la sociedad civil entre 2015 y junio de 2020 se busca «dar luz a un fenómeno que se está intensificando», en palabras de Pagazaurtundúa.

Las cifras oficiales, entre ellas datos hasta 2018 de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), muestran un total de 32.226 incidentes de odio en los seis países estudiados, casi 4.000 de ellos en España (un 12,28 %), donde aumentan los motivados por intolerancia política.

La mayoría de estos incidentes (casi un 60 %) tienen detrás racismo y xenofobia, después están los relacionados con anticristianismo y otras religiones (11,63 %), con antisemitismo (9,28 %) y contra la orientación sexual (9,06 %).

En cuanto a los datos de la sociedad civil, el estudio registra casi 6.000 actos de odio denunciados, el 22,7 % de ellos en España, donde el número de incidentes por intolerancia política (464) es el más alto de todos los países analizados.

NECESARIA UNA «ACCIÓN COMÚN DE LA UE»

La Comisión Europea (CE) propuso en diciembre pasado ampliar la lista de delitos de incitación al odio y los motivados por el odio, ya que considera necesaria «una acción común de la UE» para hacer frente a este fenómeno.

No existe actualmente ninguna base jurídica para tipificar como delito la incitación al odio y los delitos motivados por el odio en el ámbito de la Unión.

«Hay una diferencia muy grande entre quien instiga y lanza el discurso y quien, desde el desconocimiento y fruto de la frustración, lo difunde o replica. Esas personas son a su vez víctimas», opina Ceballos.

José Carlos Ceballos

El delegado de la Asamblea de Cooperación por la Paz Cantabria y vocal de la Coordinadora Cántabra de ONGs para el desarrollo, José Carlos Ceballos durante la entrevista mantenida con la Agencia Efe en Santander. EFE/Pedro Puente Hoyos

 

Apuesta por la educación para lograr «una sociedad fuerte, bien informada y crítica, que apoya lo colectivo, ya que así se es mucho menos vulnerable al discurso del odio».

«Intentar colaborar para que el discurso del odio no crezca es hacer política con mayúsculas», destaca.

En su opinión, los españoles son «bastante vulnerables» al odio. «Tenemos muchísimas cosas buenas: somos un pueblo solidario, empático, creativo, tenemos muy buen sentido del humor y eso nos salva de muchas cosas, pero hemos tenido un pasado muy complejo y hay heridas no cerradas que se abren muy fácilmente», apostilla.

En redes sociales ve más complicada una solución. «Frenar un discurso en Twitter es poner puertas al mar», señala Ceballos, quien apuesta por inocular a la sociedad «una vacuna contra el virus del discurso del odio para lograr una inmunidad de rebaño».

 

Por su parte, Mateo cree que el Poder Judicial debe cambiar su perspectiva porque «hay un discurso casi oficial y constante» de que, si el infractor no conocía a la víctima, no se considera delito de odio.

«Que nos amenacen por ser gais ha sido el pan nuestro de cada día. Si administraciones, policía y judicatura no se lo toman en serio, ¿qué más me da que exista una legislación europea y nacional que sobre el papel me protege?», cuestiona.

En comparación con el resto de Europa, Mateo asegura que en la defensa del colectivo LGTBI «España no está ni tan bien como se quiere creer ni tan mal como otros».

El ranking europeo que elabora la Asociación Internacional de Gais y Lesbianas (ILGA, por sus siglas en inglés) sitúa a España en el octavo puesto de 49 naciones, con una calificación de 65 puntos sobre 100, muy por encima de Alemania (52), Francia (57) o Italia (22).

Texto: Pablo G. Hermida

Fotos: Pedro Puente Hoyos

Vídeo:

  • Autores: Pedro Puente Hoyos, Julen Zubillada y archivo EFETV
  • Montador: Ramón de Fontecha
  • Guion y locución: María José Hermida

Pódcast:

  • Edición: Esteban Novillo
  • Locución: María José Hermida

Coordinación general: Miriam Burgués

 

Este reportaje forma parte de la serie «CoFoE, más cerca de tu región»,   #TheFutureIsYours, #ElFuturoEsTuyo, un proyecto de la Agencia Efe financiado con el apoyo del Parlamento Europeo. La información es responsabilidad exclusiva de su autor. El Parlamento no es responsable de la utilización que pueda hacerse de ella.