Eurociudad del Guadiana, gente con sangre salada

La ciudad lusa de Castro Marim, que forma parte junto con Ayamonte (imagen) y Vila Real de Santo António de la Eurociudad del Guadiana, un territorio ibérico único donde la producción salina se remonta a los fenicios. EFE/Carlos García

Ayamonte/Castro Marim (España/Portugal) (EuroEFE).- “Nuestra sangre es salada”, asegura con ironía Pedro Pires, técnico de la ciudad lusa de Castro Marim, que forma parte junto con Ayamonte y Vila Real de Santo António de la Eurociudad del Guadiana, un territorio ibérico único donde la producción salina se remonta a los fenicios.

Son dos pueblos portugueses (Castro Marim y Vila Real) y uno español (Ayamonte) que buscan mostrar al mundo sus características únicas como destino turístico. Para conocer todo su contexto patrimonial, histórico y paisajístico es necesario visitarlo íntegramente.

Remedios Sánchez Rubiales, concejal de Cultura de Ayamonte, explica a Efe que trabajan para mostrar al mundo “un destino único, diferente y con dos países”, imposible de conocer bien si no se visitan las tres localidades, situadas al sur de la península Ibérica, entre la región española de Andalucía y el Algarve luso.

Las fortalezas defensivas, sus vestigios religiosos, el acervo cultural, las manifestaciones artísticas y un legado inmaterial de siglos atrás quieren ser la seña de identidad de esta zona.

La iniciativa forma parte del proyecto Euroguadiana 2020, financiado con fondos Feder a través del Programa de Cooperación Transfronteriza Interreg España-Portugal (POCTEP), y se ha puesto el reto de crear antes de fin de año una marca turística común para aumentar el potencial de sus infraestructuras, recursos naturales y culturales.

PATRIMONIO INMATERIAL

“No sólo son importantes los recursos palpables, también es muy relevante el patrimonio intangible” que comparten las tres localidades fronterizas, resalta Pires.

Como ejemplo, aquel cura español que era responsable de la parroquia onubense de Ayamonte y que en el siglo XVI también oficiaba misa a diario en Santo António de Arenilha, el nombre de lo que es hoy la localidad portuguesa de Vila Real de Santo António.

O las historias orales del contrabando marítimo en este triángulo atlántico del sur peninsular.

Gente que aún “hace vida” a un lado y a otro de la frontera, como muchas procesiones que se celebran en el lado portugués y a las que vienen numerosos devotos españoles.

Todo este trasiego actual y de siglos atrás permite que los vecinos lusos de Castro Marim y Vila Real tengan, incluso, “un acento similar al dialecto andaluz”.

 

SAL Y PESCA

La cultura de la pesca y el oficio de salinero van íntimamente ligados en esta Eurociudad bañada por el Guadiana y el Atlántico.

A la bahía lusa de Monte Gordo, en Castro Marim, históricamente acudían los pescadores españoles, que necesitaban una abundante producción de sal para su conserva.

Por eso, siglos atrás, la sal de esta zona portuguesa era considerada como una reserva estratégica.

La producción salina de Castro Marim en el siglo XIII no podía cruzar la frontera lusitana y sólo se podía comercializar entre los pescadores portugueses de la región, salvo una cuarta parte del total, que se tenía que reservar para la Casa Real.

Sin embargo, “ahora se exporta” gran parte de la producción, explica Pires, ya que es la zona portuguesa donde se concentra la mayor actividad salina del país.

Venta de pescado en el mercado luso de Vila Real de Santo António. EFE/Carlos García

 

En primavera comienzan con la limpieza de las salinas y en verano, con el procesos de evaporación, se obtiene la flor de sal hasta que en septiembre u octubre se cierra la temporada.

Este oficio, junto con la avifauna y la flora que existe en los entornos naturales de las salinas, se han convertido en excelentes reclamos turísticos.

Una ruta, recuerdan en la Eurociudad, que se complementa con la actividad pesquera de Ayamonte, donde el visitante puede descubrir numerosas recetas en torno a este tipo de gastronomía.

Y en Vila Real de Santo António radica una de las mayores ofertas del sector conservero tradicional de Portugal en torno al pescado, con fábricas que aún se pueden visitar.

CARNÉ DE EUROCIUDADANO, UN SUEÑO

“Ya disponemos de una tarjeta de eurociudadano para diferentes servicios”, dice a Efe la concejal de Castro Marim Filomena Sintra.

Sin embargo, “el carné oficial aún es un sueño”, reconoce.

Uno de los objetivos que persiguen en la Eurociudad es que las tres administraciones conozcan las reglas que rigen a cada municipalidad, para así tender puentes y acciones que permitan aproximar aún más estos territorios fronterizos, sobre todo en asuntos sociales, en materia de salud o en los servicios del transporte.

En materia sanitaria, sería interesante crear entre los tres pueblos un “micropaís” con las alteraciones legislativas pertinentes para compartir servicios de salud.

“Nuestra sangre es salada”, asegura con ironía Pedro Pires (i), técnico de la ciudad lusa de Castro Marim, que forma parte junto con Ayamonte y Vila Real de Santo António de la Eurociudad del Guadiana, un territorio ibérico único donde la producción salina se remonta a los fenicios. Junto a él, la concejal de Castro Marim Filomena Sintra. EFE/Carlos García

 

Recuerda Sintra cómo en 2020 los de Castro Marim pudieron acudir a sofocar un fuego a la zona española de Ayamonte, algo que “hace seis o siete años era impensable”.

En materia de transportes las reglas de las administraciones también son distintas y los peajes implantados por el Gobierno de Portugal en las autovías lusas próximas a la frontera también son un factor negativo para atraer turismo llegado desde España, argumenta la concejal.

“Este destino del Algarve pierde mucho turismo por los peajes, aunque la Eurociudad se puede visitar (por los que vienen de España) sin pagarlos”, precisa.

FORTALEZAS DEFENSIVAS

Las tres localidades quieren que la visita a sus fortalezas sea un punto de partida obligado para los turistas que deseen conocer la historia de esta zona de La Raya, según comenta a Efe Remedios Sánchez.

Ayamonte fue un referente fortificado de los siglos XVII y XVIII, y aún se conservan algunos vestigios como los restos de la batería Buscarruidos o los de Las Angustias.

El castillo medieval de Castro Marim, construido en el siglo XIII sobre una muralla romana, ha sido a lo largo de los siglos un enclave estratégico para el Ejército portugués, ya que desde allí se podía divisar cualquier incursión por la frontera.

Junto al mar se puede contemplar la fortaleza de Cacela en Vila Real, ciudad donde sobresale su Plaza de Pombal.

En definitiva, los tres territorios fronterizos tienen debidamente identificado todo su patrimonio material e inmaterial, por el que ahora trabajan para desarrollar una marca común que los posicione como un destino turístico de primer nivel.

Fotos y vídeo: Carlos García

Pódcast: Marta Alonso

Edición y coordinación: Miriam Burgués

 

Este reportaje forma parte de la serie “Historias Transfronterizas de Cohesión Europea”, #HistoriasTransfronterizas, #Crossborder, un proyecto de la Agencia Efe financiado con el apoyo de la Comisión Europea. La información es responsabilidad exclusiva de su autor. La Comisión no es responsable de la utilización que pueda hacerse de ella