Luxemburgo afirma que el pacto migratorio de la UE no funcionará si es voluntario

El ministro de Asuntos Exteriores y Europeos de Luxemburgo, Jean Asselborn, durante su entrevista con Efe en Madrid el 21 de octubre de 2020. EFE/Chema Moya

Madrid (EuroEFE).- La UE sufrirá más crisis migratorias y es necesario que el nuevo pacto europeo al respecto tenga un “instrumento” que dé “carácter de obligatoriedad” a la acogida de migrantes porque, de lo contrario, no funcionará, según el ministro de Asuntos Exteriores y Europeos de Luxemburgo, Jean Asselborn.

“Hay que evitar futuros ‘Moria’, que vuelvan a producirse situaciones así en los países (de la UE) con fronteras exteriores”, dijo Asselborn durante una entrevista con Efe en Madrid en alusión al tristemente famoso campo de refugiados de la isla griega de Lesbos, devastado por un incendio en septiembre pasado.

El ministro, de visita en Madrid para reunirse con su homóloga española, Arancha González Laya, afirmó estar “de acuerdo en que se busquen alternativas” para que los países que se niegan a recibir a solicitantes de asilo puedan contribuir de otra manera, “con financiación, haciéndose cargo de devoluciones o colaborando más intensamente” en el control fronterizo.

Precisamente esas alternativas son algunas de las que recoge el nuevo pacto migratorio presentado por la Comisión Europea (CE), que descarta la acogida obligatoria y apuesta por proteger las fronteras y agilizar el retorno de quienes no pueden permanecer en la Unión.

No obstante, ese nuevo pacto “no funcionará si, en última instancia y si todo lo demás falla, no hay realmente una obligación de aceptar a los solicitantes”, advirtió Asselborn.

En ese sentido, recalcó que los países del sur de Europa como España, Italia o Grecia “reclaman necesariamente esa obligación” y que el resto de Estados miembros acepten la “redistribución de la carga” migratoria.

Luxemburgo “tiene empeño en dar ejemplo” y es de los pocos países de la UE que actualmente se ofrecen a recibir a migrantes “que acaban en Malta o Italia cuando se hacen rescates en alta mar”, pero eso no es suficiente y “necesitamos una solución a nivel europeo”, insistió el titular de Exteriores.

 

RESPETO A LOS VALORES DE LA UE

Por otro lado, Asselborn repasó las negociaciones en marcha entre el Consejo Europeo, que representa a los Estados miembros, y la Eurocámara sobre el futuro mecanismo para vincular el respeto al Estado de derecho al reparto de fondos en la UE.

“Soy muy pesimista respecto al concepto de Estado de derecho que tienen en la actualidad algunos países”, comentó al citar explícitamente a Polonia y Hungría.

A su juicio, se aprecia “claramente” que ambos países “no tienen la voluntad política de respetar las reglas del juego” y los criterios que aceptaron para entrar a la UE, a los que “ahora no se quieren ceñir”.

Los tratados “no van a garantizar” la paz y prosperidad de Europa, si no “la forma en que se vive la democracia y se respetan las normas del Estado de derecho y los derechos humanos”, argumentó.

“Me da un poco de miedo que nos pongamos a repartir alegremente miles de millones sin una condicionalidad”, comentó sobre el mecanismo que se está debatiendo, esencial para poder dar luz verde al presupuesto europeo 2021-2027 y al Fondo de Recuperación pospandemia de 750.000 millones de euros.

Asselborn también confesó estar “muy nervioso” por el estado de las negociaciones sobre la futura relación entre la UE y el Reino Unido tras el Brexit.

En su opinión, pese a que es difícil saber “qué as bajo la manga” esconde el primer ministro británico, Boris Johnson, al final se impondrá la “lógica” y habrá acuerdo si los políticos de ambos lados responsables de las negociaciones “son capaces de mantener la serenidad”.

“El Reino Unido necesita un acuerdo, nosotros también. Pero desde luego ellos lo necesitan si no quieren regirse por las leyes de la OMC (Organización Mundial del Comercio)”, sostuvo el ministro.

Asselborn ha visitado Portugal y España para reunirse con sus homólogos de ambos países y abordar con ellos asuntos de interés común como la migración, la crisis bielorrusa o las tensiones con Turquía en el Mediterráneo oriental.

Editado por Miriam Burgués