Francia se pregunta: ¿es comunista comer carne?

Francia se pregunta si es comunista comer carne

El candidato comunista a las presidenciales francesas, Fabien Roussel, en una imagen de archivo. EFE/EPA/ETIENNE LAURENT

París (EFE).- La gastronomía más tradicional de Francia -la carne, el vino y el queso- ha entrado de lleno en la campaña presidencial, después de que el candidato comunista, Fabien Roussel, la defendiera a capa y espada, lo que le ha valido críticas de ecologistas y correligionarios y el respaldo de la derecha.

«Un buen vino, una buena carne, un buen queso: esa es la gastronomía francesa», aseguró Roussel en la televisión pública, palabras que generaron un tsunami de reacciones a través de las redes sociales.

Con esas, palabras, el candidato comunista, al que los sondeos dan sobre el 2 % de los votos en las elecciones de abril próximo, se colocó en el punto de mira de los ecologistas.

Por un lado, Roussel fue acusado de promover productos que fomentan una alimentación desequilibrada en un país donde se multiplican las campañas de prevención de la obesidad. Y, por otro, su defensa de la gastronomía francesa fue considerada un ataque al multiculturalismo, cada vez más presente en Francia.

«El cuscús es el plato preferido de los franceses», replicó la ecologista Sandrine Rousseau, segunda en las primarias de ese partido verde EELV para la presidencia del país.

Su compañero de partido Sergio Coronado agregó: «No bebo, soy vegetariano, espero no ser un anti-francés». Contra todo pronóstico, Roussel, diputado comunista del norte del país, recibió el respaldo desde el campo más inesperado, el de la derecha.

El parlamentario conservador Éric Ciotti le expresó su apoyo en Twitter «contra los ‘ayatolás’ verdes que quieren imponer una vida sin placeres». Esta última polémica, que ha impulsado la visibilidad del candidato, es una nueva muestra de su heterodoxia dentro de la izquierda francesa.

UN COMUNISTA ATÍPICO

Roussel ya se desmarcó en el pasado de posiciones mayoritarias entre la izquierda francesa, como cuando defiende la energía nuclear, denostada por su campo político, o la expulsión de los inmigrantes que no vean reconocido el asilo.

Sus posiciones le han distanciado del izquierdista Jean-Luc Mélenchon, que al frente de su movimiento La Francia Insumisa, defiende posturas más ecológicas y es el candidato con más respaldo, según las encuestas, con algo menos del 10 % de las intenciones de voto.

Ante las críticas, que ha valido a Roussel acusaciones de defender postulados de la extrema derecha, el candidato comunista ha reaccionado para denunciar «polémicas estériles». Frente a quienes le acusan de fomentar el calentamiento climático con su promoción de la gastronomía francesa, asegura que su idea no es que se coma más carne, sino que se coma de mejor calidad.

«Tenemos que defender un modelo de producción de calidad, que genera cientos de miles de empleos», aseguró Roussel en la televisión BFMTV.

El candidato acusa a «ciertos ecologistas» de estar «aislados del mundo real» y cree que el suyo es «un proyecto revolucionario» porque «pretende llevar la calidad a todos los ciudadanos».

«Todo el mundo tiene derecho a tener acceso a una comida equilibrada (…). Tenemos que intentar que todo el mundo pueda pagárselo y eso pasa por tener mejores salarios y mejores pensiones», afirma.

Roussel no duda en criticar cierto tipo de ganadería, como la estabulada, y defiende aquella que come pasto de forma libre en los prados y dehesas del país. Además, tampoco cree que sus palabras excluyan otras gastronomías y, frente a las palabras de Rousseau afirma que «el cuscús también se puede hacer con buenos productos franceses».

El candidato comunista considera «ridículo» que le comparen con la ultraderechista Marine Le Pen, quien hace unas semanas publicaba que, para pretender a la nacionalidad francesa es preciso «hablar francés, comer francés, vivir francés».

Editado por María Moya