Rutte, un astuto superviviente y un imprescindible en Países Bajos

El primer ministro holandés, Mark Rutte, firma los decretos reales para la toma de posesión del nuevo gabinete de gobierno

. EFE/EPA/ANP POOL SEM VAN DER WAL

La Haya (EuroEFE).- El liberal neerlandés Mark Rutte ha inaugurado este lunes su cuarta legislatura, después de 12 años testigo de varios escándalos y gestor de múltiples crisis de alcance internacional, desde la financiera hasta la sanitaria, posicionándose como la única alternativa viable a primer ministro en Países Bajos.

Tanto en casa como fuera, Rutte es conocido como un eterno superviviente y uno de los políticos más astutos de Europa: ha ganado cuatro elecciones consecutivas desde 2010 y su récord de permanencia en un gobierno europeo solo lo supera el húngaro Viktor Orbán, con quien mantuvo varios rifirrafes los últimos años.

En casa es conocido como “Teflon Mark”, por el revestimiento que evita que la comida se pegue a una sartén, una metáfora para describir su capacidad de salir ileso de todos los escándalos, como el que llevó a su dimisión el pasado enero por la acusación sin pruebas por parte de la Agencia Tributaria a decenas de miles de familias, lo que las llevó a la ruina.

Fuera de las fronteras neerlandesas Rutte es “Mr. No”: tiende a negarse a las propuestas de Bruselas y lidera los llamamientos a la austeridad europea al frente de los “cuatro frugales” (Suecia, Dinamarca y Austria), lo que acabó por enemistarlo con el sur de Europa, especialmente en los peores meses de la pandemia.

Llegó con 43 años a Het Torentje, su oficina en La Haya. Se convirtió en el primer jefe de gobierno liberal en casi un siglo, y ya dirige su cuarto gabinete, con 54 años. ¿La clave? Su capacidad pragmática de apostar por la búsqueda de acuerdos, sin importar con quién, aplicando a rajatabla el modelo del «pólder», palabra neerlandesa que designa las superficies terrestres ganadas al Mar del Norte y que también designa el consenso al estilo neerlandés.

LA PANDEMIA, UNA DE SUS PEORES PESADILLAS

Tras la crisis financiera en 2010 y la tragedia del MH17 -el derribo del avión de Malaysia Airlines en 2014 en Ucrania que se cobró la vida de 298 personas-, la gestión de la pandemia es una de sus peores pesadillas, con una sociedad aferrada a su libertad de movimiento y a la que prometió tratar con «inteligencia», pero que al final acabó confinando con toques de queda y cierres de la actividad no esencial.

El partido liberal VVD nunca ha ganado con mayoría suficiente como para gobernar en solitario, pero Rutte ha tenido la habilidad de negociar con partidos de todos los colores para formar coaliciones, lo que ha incluido el apoyo táctico de la ultraderecha en 2010, a los socialdemócratas en 2012 y al centroderecha en 2017.

La coalición que ha tomado posesión este lunes está formada por los mismos cuatro partidos que han gobernado en la anterior legislatura: el VVD, el liberal de centroizquierda D66, el democristiano CDA y Unión Cristiana, aunque ocupando diferentes cargos dentro del gobierno debido al cambio en el apoyo electoral obtenido en las elecciones de marzo de 2021.

Según una encuesta publicada este lunes por la agencia I&O Research, el nuevo gobierno empieza con una confianza limitada de la sociedad: un 65 % de los votantes le tienen poca o ninguna confianza, y dos tercios creen que esta debería ser la última legislatura de Rutte.

SU TRAYECTORIA

El mayor de seis hermanos, Rutte nació el 14 de febrero de 1967 y terminó su licenciatura en Historia en la Universidad de Leiden en 1992, y, teniendo talento para el piano, no logró ingresar en el conservatorio.

En 2002, dejó el sector privado para ser Secretario de Estado de Asuntos Sociales y Empleo, y después de Educación, Cultura y Ciencia. En 2006, el VVD lo nombró presidente del grupo parlamentario, lo que le permitió luego presentarse a las elecciones en 2010.

En su vida personal, es un hombre muy reservado y solitario. En plena primera ola, falleció en una residencia de ancianos su madre, la «mujer de su vida», y nunca se le ha conocido pareja, ni mascotas. Vive solo en un barrio acomodado de La Haya, donde coincide a diario con los vecinos como uno más.

Su marca de identidad es la “normalidad”, lo que le ha valido el aprecio de neerlandeses de todas las ideologías: habla con la gente en la calle, da clases una vez por semana a alumnos de un instituto, prefiere ir en bicicleta al trabajo, vive en la misma casa desde hace décadas y conserva el mismo Saab destartalado aparcado en la puerta.

Pero la moción de reprobación respaldada en abril por una mayoría parlamentaria, tras “mentir” durante el proceso de tanteo para formar gobierno, dejó herido al resistente “Teflon Mark” y solo un milagro lo podría mantener en La Haya más allá de 2025, aunque por ahora tampoco se le ve alternativa viable en Países Bajos.

Editado por María Moya