Europa se alista para vivir dentro de la nueva normalidad a la que obliga la pandemia

Vista de la playa de Itzurun, en la localidad española de Zumaia, vacía durante la séptima semana de confinamiento por la alerta sanitaria a causa de la pandemia de coronavirus. EFE/Javier Etxezarreta

Redacción Internacional (EuroEFE).- La mayoría de los países europeos preparan ya la entrada en una nueva normalidad, sin confinamiento de la población, pero con pautas de conducta y limitaciones para evitar que la decreciente epidemia de coronavirus vuelva a cobrar fuerza o que se produzca una nueva oleada.

Recuperar la normalidad anterior a la pandemia solo será posible tras una vacunación masiva, dijo este martes el ministro de Sanidad austríaco, el ecologista Rudolf Anschober, en una rueda de prensa televisada.

Los austríacos recuperarán su libertad de movimiento este viernes: a medianoche del día 30 de abril acaba el confinamiento de la población decretado a medidos de marzo y se permite la reapertura de todos los comercios y de la mayoría de los proveedores de servicios, como peluquerías y salones de belleza, así como las visitas controladas a las residencias de mayores.

También se reabrirán los parques para niños y se permitirán reducidas manifestaciones y otras asambleas. Y a lo largo de mayo se producirá la vuelta al colegio de forma escalonada.

Las autoridades austríacas han tomado estas decisiones porque consideran que la epidemia está bajo control.

Austria es de los países menos afectados por el COVID-19, lo que le ha permitido adelantarse en las medidas de relajación del confinamiento. El país, de 8,8 millones de habitantes, tiene 15.357 contagiados, de los cuales 12.580 se han recuperado y 569 han fallecido.

Pese a ello las autoridades son prudentes. Anschober advirtió de que, si estas medidas provocan un aumento de contagios, el Gobierno revertirá la relajación.

Para evitar una segunda oleada, destacó la necesidad de respetar medidas que serán parte de la «nueva normalidad», especialmente el lavado frecuente de manos, mantener la distancia con otras personas o el uso de mascarillas en espacios públicos cerrados mientras no haya una vacuna.

En los restaurantes estará limitado el número de comensales y aún no está prevista la apertura de las salas de espectáculos. Los eventos multitudinarios están prohibidos hasta el 30 de junio.

Y el Ministerio de Turismo prepara un plan de promoción interna porque no se prevé que en verano se pueda viajar fuera o que vengan visitantes extranjeros.

Capacidad de reacción ante un rebrote

Pero también en los países europeos más afectados por la pandemia se vislumbra el final del confinamiento.

Así, en España el Ejecutivo que dirige el socialista Pedro Sánchez aprobó este martes una hoja de ruta llamada “plan de transición hacia la nueva normalidad”.

Es un plan de cuatro fases, que se aplicarán en distintos territorios según la evolución de la enfermedad, y que podrían cumplirse para finales de junio, anunció Sánchez.

Cada fase incluye mayores niveles de apertura en comercios, hostelería, centros educativos, y actividades culturales, deportivas y religiosas.

La apertura del curso escolar «será en el mes de septiembre», aunque se contempla la apertura excepcional de centros para la conciliación y actividades de refuerzo.

El Gobierno español considera que la epidemia de la COVID-19 está ya en los «márgenes de control» y que el sistema sanitario del país tiene capacidad de reacción ante «cualquier rebrote», según dijo el lunes el ministro de Sanidad, Salvador Illa.

No obstante, el final del confinamiento será «paso a paso, con mucha prudencia y mucha cautela» pare evitar retrocesos en la evolución de la enfermedad, advirtió el ministro.

Las autoridades insisten en que para ello hacen falta medidas de refuerzo sanitario y de seguridad, como la higiene y la distancia física entre personas.

Asimismo, en Francia todos los comercios, salvo bares y restaurantes, podrán abrir a partir del 11 de mayo, fecha de comienzo de la desescalada ante la pandemia del coronavirus.

El primer ministro francés, Édouard Philippe, anunció ante la Asamblea Nacional que los comercios deberán limitar el número de personas presentes en sus establecimientos y garantizar la distancia de un metro.

Respecto a los colegios, la reincorporación empezará el 11 de mayo. Philippe dejó claro que la vuelta a clase, escalonada a lo largo de tres semanas, será voluntaria.

También en Francia, la desescalada se adaptará a la realidad de cada territorio. Por ejemplo, los parques y jardines solo abrirán en aquellos departamentos donde el coronavirus «no circule de forma activa», y las playas, cerradas desde el principio del confinamiento, el 17 de marzo, seguirán inaccesibles al menos hasta el 1 de junio.

Los ciudadanos podrán salir de su casa sin la declaración jurada que actualmente es obligatoria, salvo en desplazamientos de más de 100 kilómetros del domicilio, que solo se autorizarán por motivos familiares o profesionales urgentes.

El transporte público también deberá adaptarse: el uso de mascarilla será obligatorio y los distintos operadores deberán organizarse para permitir que se respete la distancia social.

Y Philippe advirtió que el Gobierno no descarta comenzar la desescalada del confinamiento mas tarde del 11 de mayo si no se mantiene el descenso en el número de contagios de coronavirus.

El total de fallecidos desde el inicio de la epidemia asciende en Francia a 23.293 personas y se han contabilizado 128.339 casos de contagios confirmados.

 

Vivir con mascarilla

En muchos países la mascarilla se ve como una de las mayores garantías de que el desconfinamiento no producirá un repunte de contagios.

En Italia, país muy golpeado por la epidemia, los preparativos se centran en cómo seguir poniendo barreras al contagio.

El comisario extraordinario para la emergencia del coronavirus en Italia, Domenico Arcuri, apuesta por incentivar la producción propia de mascarillas, mientras que en mayo también comenzará a funcionar la aplicación para el teléfono de rastreo de contactos con positivos.

Arcuri defendió la decisión del Gobierno, criticada por algunos que la calificaron de economía de guerra, de fijar en 50 céntimos de euro el precio máximo de las mascarillas. Aseguró que la medida solo perjudica a los especuladores y a «quienes han querido hacer dinero con la emergencia y el dolor».

A partir del próximo lunes, cuando se permitirán algunas salidas, «se distribuirán 12 millones de mascarillas al día y en junio serán 18 millones diarias; en julio, 25 millones y en septiembre cuando comiencen los colegios se llegará a 30 millones», adelantó.

Italia registra 201.505 casos totales de coronavirus. El número de muertos alcanza los 27.359.

En Alemania a partir este miércoles el uso de mascarilla pasa a ser obligatorio en los comercios de todo el país, como ya lo es en el transporte público.

Estas medidas se aplicarán en todos los estados, ya que es una decisión que compete a las regiones, pero las multas variarán. En Baviera (Sur), la más afectada, los infractores se exponen a una multa de 150 euros y los propietarios de comercios que no equipen a su personal con mascarillas a una de hasta 5.000 euros.

Estado de control permanente

En Portugal, que suma 948 muertos por Covid-19, el 2 de mayo acaba el estado de “emergencia” y empieza el de “calamidad» que flexibiliza el confinamiento, pero implica un «control permanente» en palabras del presidente del país, Marcelo Rebelo de Sousa.

El levantamiento del estado de emergencia no implica el inicio de una etapa de «normalidad definitiva», insistió el presidente, que se reunió en Lisboa con el primer ministro, António Costa, y un grupo de especialistas para conocer la situación de la pandemia.

Rebelo de Sousa mantendrá reuniones con expertos y políticos antes de detallar el proceso de recuperación progresiva de la actividad en el país.

Mientras, el primer ministro heleno, Kyriakos Mitsotakis, anunció este martes su plan de desconfinamiento y el alivio de las medidas de restricción de movimiento y actividades comerciales que durante más de un mes han probado su éxito para frenar la propagación de la COVID-19 en Grecia.

A partir del próximo 4 de mayo el confinamiento se levantará de forma progresiva, con la primera apertura de comercios minoristas, como tiendas de moda, librerías, venta de productos electrónicos o peluquerías con cita previa.

Desde ese día los ciudadanos podrán salir de casa sin necesidad de enviar un mensaje de texto al 13033, un número creado ad hoc por el Gobierno griego para monitorear el confinamiento, y podrán volver a reunirse en grupo, aunque hasta un máximo de 10 personas.

Mitsotakis destacó que Grecia ha controlado la primera oleada del virus y está preparada para desescalar las medidas porque ahora el país tiene mayor capacidad que hace tres meses para realizar test e identificar brotes y los hospitales cuentan con más personal sanitario y mejor equipamiento y experiencia.

El desconfinamiento se irá realizando en bloques de dos semanas para poder ir evaluando su efecto hasta finales de junio, cuando el Gobierno espera haber retornado a la normalidad y salvar lo que queda de la temporada turística veraniega, el gran motor de la economía helena.

En el extremo contrario, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, anunció una prolongación del periodo de confinamiento de los rusos hasta mediados de mayo para tratar de frenar la pandemia, que ya ha colocado a este país en el octavo puesto en el mundo en número de contagios, por encima de China e Irán.

«Hemos logrado ralentizar la propagación de la epidemia, pero eso no debe tranquilizarnos. La situación sigue siendo complicada», dijo el jefe del Kremlin en una reunión telemática con gobernadores de las regiones rusas.

Las pruebas, la otra manera de controlar el contagio

Las pruebas de coronavirus son la otra manera de seguir manteniendo la epidemia bajo control y un país muy pequeño y muy rico como es Luxemburgo anunció que se las hará a todos sus habitantes.

Mientras, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) creó polémica al corregir las cifras sobre España que había publicado el lunes referentes a los test de coronavirus realizados. España aparecía en la octava posición y ha pasado a la decimoséptima.

En un comunicado, la OCDE dijo lamentar «la confusión creada en una cuestión sensible por un debate sobre cuestiones metodológicas», en alusión a que inicialmente había sumado en el caso de España las cifras de las pruebas PCR de detección con las serológicas, cuando para el resto de los países solo se contabilizaban las primeras.

España queda relegada a la decimoséptima posición con 22,3 test por cada 1.000 habitantes, por debajo de la media de 23,1 y de los países que encabezan la lista, como Islandia (135), Luxemburgo (64,6) o Italia (29,7).

Tras rectificar su documento, la OCDE recordó que «el aspecto más fundamental es que los países, incluida España, han incrementado el número de test disponibles, lo que muestra la prioridad que les dan, ya que es el elemento más importante para mejorar su capacidad para controlar la propagación del virus».

Por otra parte, los ministros de Interior de la Unión Europea (UE) pidieron a la Comisión Europea (CE) que coordine el futuro levantamiento de las restricciones y controles que se aplican en las fronteras entre Estados miembros desde que comenzó la epidemia de coronavirus.

 

«A ambos lados de las fronteras se deberán tomar las mismas medidas y al mismo tiempo. Creo que para muchos países de la UE (la cuestión) no es levantarlas o no, sino cómo hacerlo», dijo en rueda de prensa telemática al término de la videoconferencia la comisaria europea de Interior e Inmigración, Ylva Johansson.

Las reaperturas de las fronteras tendrán lugar de manera «gradual», empezando por las áreas que hayan registrado una disminución de los casos de COVID-19, según un comunicado difundido por la presidencia semestral del Consejo de la UE que ostenta Croacia.

Además de abordar la situación de las fronteras internas de la UE, los ministros trataron sobre la utilización, con vistas al desconfinamiento, de aplicaciones informáticas que permitan identificar a los infectados por la COVID-19.

Editado por Miriam Burgués