Impulsar una nueva estrategia para afrontar el reto de la migraña

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El 80% de quienes padecen migraña en el mundo son mujeres.

Bruselas (EA.com)/Madrid (EuroEFE).- A pesar de ser la segunda causa de discapacidad en todo el mundo, el impacto real que tiene la migraña en la sociedad sigue sin estar plenamente reconocido. No obstante, un decidido impulso político podría contribuir a mitigar ese efecto sobre  los pacientes, la sociedad y los sistemas sanitarios europeos, asegura María Teresa Ferretti, cofundadora y directora científica del proyecto “Women’s Brain”, de la farmacéutica Lilly.

Un firme impulso político por parte de las autoridades sanitarias de la Unión Europea (UE) podría ser un factor clave para mejorar la calidad de vida de quienes sufren migrañas, según quedó patente en una reciente conferencia sobre este problema, que afecta a millones de personas, especialmente mujeres, en Europa y el resto del mundo.

La conferencia «Heads Together: Elevating Unmet Needs In Migraine’, fue organizada por Lilly y el Women’s Brain Project (www.womensbrainproject.com) y allí se debatió sobre el impacto a largo plazo de la migraña y la necesidad de tomar medidas sobre cómo se gestiona esta dolencia.

«Si no se controla, la migraña supone un reto devastador para la salud pública. La política tiene la capacidad de cambiar esa situación. La clave es la educación: la educación de los profesionales sanitarios durante su formación médica, la educación de la sociedad desde una edad temprana sobre la gestión de la migraña, y la mejora de la concienciación pública para ayudar no sólo a las personas con migraña, sino a los empresarios y a la sociedad en su conjunto», aseguró en el marco de ese encuentro el vicepresidente del Consejo Europeo del Cerebro, el profesor Wolfgang Oertel.

La migraña, una enfermedad neurológica compleja, sigue estando   infradiagnosticada, infratratada y es poco comprendida. Los efectos debilitantes de la migraña, y el impacto que tiene en la vida diaria de quien la padece tienen una gran repercusión en los pacientes pero también desde el punto de vista financiero, y merman mucho la calidad de vida, limitando el derecho de quien la padece a contribuir plenamente a la sociedad.

A pesar de que es la segunda causa de discapacidad y de ser una de las afecciones más comunes en todo el mundo (especialmente entre las mujeres, que representan más del 80% de los pacientes), la migraña sigue sin estar en el foco prioritario de la acción política.

«Con la migraña se pierde mucho tiempo y se pierde vida, ya que te ves obligada a abandonar tus planes mientras intentas gestionar lo que estás padeciendo. Entras en `modo de supervivencia’; no participas realmente en las cosas de la vida diaria; se trata sobre todo de salir adelante», aseguró  Christina Brewster-Maund, promotora de una de tantas iniciativas para que los políticos asuman este reto.

Los síntomas limitantes de la migraña pueden provocar una importante pérdida de productividad: una media de cuatro y ocho horas semanales para la migraña episódica y crónica, respectivamente. Se calcula que el coste financiero de la migraña para la economía de los países de la Unión Europea (UE) asciende a 50.000 millones de euros anuales. 

Teniendo en cuenta el elevado número de mujeres trabajadoras que conviven a diario con la migraña, garantizar su acceso a sistemas de atención adecuados no es sólo una prioridad económica, sino también de igualdad.

Por ello, ha llegado el momento de cuestionar el actual statu quo, asegura el  profesor Piero Barbanti, especialista en cefaleas: «El objetivo del tratamiento de la migraña es mejorar la calidad de vida del paciente. Para ello, debemos seguir un enfoque integral adaptado a cada persona», explica.

MÁS RECURSOS Y CONCIENCIACIÓN PÚBLICA

Además de poner a disposición más recursos para mejorar la eficacia de los tratamientos, desde la política se debería asumir el compromiso de mejorar la concienciación pública sobre la migraña para reducir el estigma que muchas veces se asocia a esta afección, además de ofrecer mejores sistemas de apoyo a quienes conviven con la enfermedad.

La investigación sobre la migraña ayudará a identificar biomarcadores para mejorar el diagnóstico y el desarrollo de tratamientos específicos, y mejorará la comprensión pública y de los profesionales sanitarios acerca del impacto y las necesidades de las personas con migraña, proporcionando datos claros sobre la carga económica derivada de esta dolencia.

Ha llegado el momento de cambiar, y se necesita una acción política urgente.

«Con más respaldo político, las personas con migraña se sentirán más cómodas a la hora de hablar de sus necesidades, ya sea en el trabajo, en la sociedad o cuando busquen tratamiento. Estas ideas también pueden contribuir a pergeñar nuevas directrices políticas que apunten a mejorar la atención que se concede a la migraña, tanto desde el punto de vista emocional como económico», asegura Oertel.

La migraña ha sido sistemáticamente ignorada en las agendas de salud pública en la UE. Tenemos que crear un espacio en el cual los afectados estén capacitados para convertirse en gestores de su enfermedad, un lugar adecuado en el cual, más que sobrevivir, prosperen  en su vida personal y se sientan plenamente integrados en la sociedad.

Los responsables políticos, los pacientes, la sociedad y los profesionales de la salud tienen un papel destacado que desempeñar en el apoyo activo y la defensa de las medidas políticas que proporcionarán a las personas con migraña más calidad de vida, y la vida que merecen. Es hora de actuar en serio para atajar el problema.

Sobre el “Women’s Brain Project”

El Women’s Brain Project (WBP) es una organización internacional sin ánimo de lucro con sede en Suiza, que aprovecha los conocimientos de un sobresaliente equipo internacional de científicos. En él colaboran  expertos de diversas disciplinas, que trabajan con pacientes y cuidadores, que analizan aspectos de sexo y género aplicados a la medicina de precisión, desde la ciencia básica hasta las nuevas tecnologías. Su misión es identificar con claridad las diferencias de sexo y género y aprovecharlas para encontrar soluciones a medida, además de mejorar las nuevas tecnologías, la práctica clínica y la política en materia de enfermedades cerebrales y mentales.