Sigrid Kaag, la progresista neerlandesa que dará el toque europeísta a Rutte

La líder del partido progresista D66, Sigrid Kaag, rodeada por periodistas antes de una reunión de su partido en La Haya este 18 de marzo, un día después de las elecciones generales en Países Bajos.EFE/EPA/REMKO DE WAAL

La Haya (EuroEFE).- Se conoce Oriente Medio como la palma de su mano, ha pasado gran parte de su carrera en misiones internacionales y ahora rompe todas las expectativas electorales de los progresistas (D66) en Países Bajos: Sigrid Kaag, ministra de Comercio Exterior, podrá ser socia de peso de los liberales, dando el sesgo europeísta del que a veces carece Mark Rutte.

Liberal de izquierdas, Kaag ha puesto sobre la mesa debates de gran sensibilidad en una campaña con toques euroescépticos y con la ultraderecha haciendo del cierre de fronteras y la expulsión de inmigrantes su lema electoral. Esta diplomática de 59 años defendió, como pilares de su programa, la tolerancia, la lucha contra el cambio climático y la defensa de la Unión Europea (UE) como primordial para los intereses neerlandeses.

Su victoria, haciéndose con unos 24 de los 150 escaños del Parlamento neerlandés, le ha demostrado que los ciudadanos de Países Bajos “no son de extremos, sino moderados” y, como ella, quieren un país “más progresista, más justo y, sobre todo, más ecológico”, por lo que prometió anteponer estos temas en las negociaciones de la futura coalición.

Su campaña tuvo un arranque lento ante la falta de eventos públicos por las restricciones, pero pudo lucir sus conocimientos y sus visiones con intervenciones contundentes ante un Rutte seguro de su victoria y un Wilders crítico con sus ideas progresistas.

Kaag dedicó varias décadas a trabajar para Naciones Unidas como diplomática en diferentes países, una labor en la que sacó a relucir los seis idiomas que habla, entre ellos árabe y español, aunque este currículo internacional hizo que, una vez de vuelta a casa en 2017, muchos la criticaron al considerarla aún una novata en la política neerlandesa.

Hija de un músico y una profesora, nació en 1961 en Rijswijk, adyacente a La Haya, y creció en Zeist, en Utrecht. Su historia personal es de superación, desde su complicada infancia:

A los seis años perdió a su hermano pequeño y a los 12 diagnosticaron a su madre un tumor cerebral que la sumió en una sucesión de cirugías difíciles.

Su padre desarrolló una depresión y acabó ingresado en un sanatorio. Kaag fue trasladada a un hogar de acogida, al igual que su hermana, aunque ambas terminaron en diferentes familias y colegios.

“Es mejor tener padres sanos que se involucren en todo, pero si ese no es el caso, aprendes desde pequeña a seguir sola, a lidiar con los contratiempos”, dijo al diario neerlandés De Volkskrant.

Se marchó de Países Bajos siendo una veinteañera. Aterrizó en la Universidad Americana de El Cairo, donde cursó Árabe y Estudios de Oriente Medio, que completó más tarde en la Universidad de Oxford y Exeter, en el Reino Unido.

Al terminar sus estudios, trabajó como analista para la multinacional Shell, donde se dio cuenta de que los negocios no eran lo suyo, y en 1990 solicitó la formación diplomática, que luego le dio el billete a Oriente Medio.

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Conoció a su marido durante una misión en Palestina: Anis al Qaq, ministro en la sombra de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), y después embajador de Palestina en Suiza. Ambos se casaron en secreto en Jerusalén un año después de conocerse.

Madre de cuatro hijos, a quienes siempre dio prioridad a pesar de sus intensas jornadas de trabajo, vivió en Nueva York, Ginebra, Beirut, Jartum, Damasco y Jerusalén, entre otros lugares.

Fue directora regional de UNICEF para la región de MENA, y ocupó cargos en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y la Organización Internacional para las Migraciones.

En 2013, Ban Ki-moon la nombró jefa de la misión conjunta del Consejo de Seguridad de la ONU y la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) para destruir el arsenal químico en Siria. Su madre falleció cuando ella estaba en esa misión.

“No me lo he pensado ni por un momento (volver). A pesar de todo, mis padres han envejecido muy bien y yo estaba en una situación de guerra (?) Cuando disparan a bebés a tu alrededor, no se puede pretender que la muerte de una persona de 85 años sea un drama mundial”, dijo.

Viajó a casa para el funeral y al día siguiente se volvió a marchar para informar a la OTAN sobre los avances en Siria.

Su última labor lejos de Países Bajos empezó en 2014 como enviada especial de Naciones Unidas al Líbano.

A pesar de ser entonces una desconocida para el público general, se incorporó como ministra de Comercio Exterior y Cooperación en el tercer gabinete de Rutte (2017-2021), para convertirse cuatro años después en una de las mujeres más fuertes de la política del país.

Editado por Virginia Hebrero