La falta de datos básicos dificulta la atención a los pacientes tras un ictus

La falta de datos básicos dificulta la atención a los pacientes tras un ictus

La mayoría de los países europeos carecen de un plan para cuidar de los supervivientes de un ictus. [Shutterstock: create jobs 51]

Berlín/Bruselas (Euractiv/EuroEFE).- Los países de la Unión Europea (UE) están muy lejos de contar con planes integrales de atención a los pacientes tras un ictus que vayan más allá de la asistencia sanitaria urgente, y no recopilan datos básicos sobre la vida de los afectados, según han advertido numerosos actores clave del sector sanitario.

Más de 750.000 personas sufren cada año un ictus en Europa, una cifra que podría aumentar en un 35% hasta 2050.

Un ictus se produce cuando se bloquea el suministro de sangre al cerebro, dañando el tejido cerebral, lo cual puede tener efectos a largo plazo en la salud y el bienestar de una persona, entre ellas provocar una discapacidad debida al daño cerebral. También aumenta el riesgo de un segundo ictus u otra emergencia sanitaria.

Por ello, el ictus tiene un enorme coste humano y económico, sobre todo por la difícil situación en la que se encuentran los supervivientes tras el alta hospitalaria. En la mayoría de los casos, los supervivientes quedan abandonados a su suerte, ya que la mayoría de los países europeos carecen de un plan adecuado de cuidados tras el ictus.

La situación ideal sería que los socios de la UE contaran con un plan específico que abarcara una amplia gama de ayudas, entre ellas apoyo psicológico, terapia ocupacional, asistencia social, vivienda y planes de reincorporación al trabajo.

Aunque algunos países de la UE han tomado medidas, es difícil calibrar la calidad de los planes que han puesto en marcha, asegura Hanne Christensen, catedrática de neurología de la Universidad de Copenhague y presidenta del Plan de Acción contra el Ictus para Europa, en entrevista con Euractiv.

Ese plan forma parte de una iniciativa lanzada en 2018 por la Alianza Europea contra el Ictus (SAFE) y la Organización Europea contra el Ictus (ESO), cuyo objetivo es impulsar a todos los países europeos a que pongan en marcha un plan nacional global contra el ictus.

«No creo que haya ningún país en el que los afectados por un ictus y sus cuidadores no digan que la vida post ictus es, con diferencia, el mayor problema«, subrayó Christensen.

Aunque todavía queda mucho por hacer en relación con los programas de atención al ictus, Christensen asegura que uno de los argumentos más importantes para que las autoridades no pierdan tiempo en actuar es que mejorar la atención a los pacientes, reducir su grado de discapacidad y que estén lo más activos posible, compensa desde todos los puntos de vista, incluido el aspecto económico.

VENTAJAS DE UN BUEN PLAN DE ATENCIÓN “POST ICTUS”

Sin planes integrales de atención tras un ictus, los supervivientes se ven obligados a buscar alternativas en solitario.

Alemania ha dado algunos pasos en la dirección correcta. Berlín está estudiando la elaboración de «guías de ictus» holísticas, con un enfoque global. El objetivo es alejarse del reducido  enfoque de la asistencia sanitaria en la atención posterior al ictus, que actualmente predomina en la mayoría de los países, e ignora la complejidad de la vida de un afectado de ictus o ACV.

«No se trata sólo (de focalizarse) (en el) sistema sanitario», explica Michael Brinkmeier, presidente de la Fundación Alemana de Ayuda al Ictus, en una entrevista con Euractiv.de. «También (es necesario abordar) la brecha social a la que se enfrentan (los afectados)».

Estos retos varían mucho de una persona a otra y «dependen de su estado y de lo bien que haya sido tratada (esa persona)», subraya Christensen.

En muchos casos, las familias de los supervivientes los tienen que cuidar en casa o los supervivientes, independientemente de su edad, son derivados a una residencia de ancianos, que carece de personal formado para atender a supervivientes de ictus.

Françoise Benon, presidenta de la organización de pacientes Fonds de dotation France ACV, explica a Euractiv.fr que las familias están «indignadas» por verse obligados a ingresar  a sus familiares en residencias.

Sin embargo, cuando el paciente está en casa, los cuidados tienen un gran impacto en la vida privada y profesional del cuidador. Esa tarea suele estar a cargo de mujeres y conlleva una pérdida añadida de contribución a la sociedad, señaló Christensen.

POCOS DATOS PARA EVALUAR LA SITUACIÓN

Uno de los grandes problemas a escala europea, que obstaculiza la mejora de la atención a los afectados por un ictus, es la falta de datos, incluidos los más básicos.

Según Christensen, algunos países de la UE ni siquiera tienen una cifra exacta de cuántas personas sufren un ictus al año, el sexo de los afectados o cuántos ACV/ictus son mortales.

El objetivo, según apunta la experta, pasaría por recopilar cuántos más datos mejor, preguntando si los países tienen un programa de atención “post ictus”, y si lo tienen, qué incluye y quién tiene acceso.

«Incluso a ese nivel, a pesar de la amplitud de las preguntas, muy pocos países pueden responder. La verdad es que no hay datos«, se lamenta Christensen.

Para cambiar la situación, hay que prestar mucha mayor atención al ictus, sostiene.

Las cosas están empezando a cambiar gradualmente. La ESO y el Plan de Acción contra el Ictus para Europa, de SAFE, ya trabajan en planes informativos para los países de la UE para ayudarles a elaborar planes nacionales contra el ictus.

En el ámbito de la UE, la iniciativa europea sobre enfermedades no transmisibles (ENT), presentada en 2021, incluía el objetivo de mejorar «las vías integradas de atención y rehabilitación de los pacientes con ictus», basándose en el Plan de Acción sobre el Ictus para Europa.

Desde entonces, un amplio abanico de empresas y organizaciones sanitarias han venido reclamando una estrategia sobre enfermedades cardiovasculares similar al Plan Europeo Vencer al Cáncer, lo cual permite albergar esperanzas de que las condiciones de los pacientes “post ictus” puedan mejorar en breve.

Editado por Fernando Heller

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